El Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico está vinculado a múltiples programas sociales. (horizontal-x3)
El Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico está vinculado a múltiples programas sociales. (Archivo / GFR Media)

Dos viernes al mes, estudiantes de la escuela intermedia José N. Gándara, ubicada en la comunidad sanjuanera de San José, reciben la visita de un grupo de jóvenes con la docencia en las venas.

Durante los encuentros, los adolescentes reciben clases de lectura y escritura, mediante una metodología creativa que promueve el mejoramiento de su desempeño académico y su actitud hacia el ambiente escolar.

En un espacio alterno, un exbanquero y empresario puertorriqueño ambiciona penetrar al mercado cubano con su negocio de renta de bicicletas. Carente de conocimientos sobre el flujo comercial y estructura legal de la vecina isla, el hombre se aproxima al fracaso.

Por casualidad, se topa con varios jóvenes que le proponen elaborar un estudio de viabilidad comercial gratis. Tras superar el escepticismo que le provoca la falta de arrugas de los jóvenes, el empresario acoge la iniciativa, y la expansión del negocio toma forma.

Aunque en diferentes contextos, estos escenarios se encuentran vinculados por la Universidad de Puerto Rico (UPR). Ambos son el resultado de programas académicos que se piensan y ejecutan desde un salón de clases del Recinto de Río Piedras.

En una actividad celebrada en la sede del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, en Miramar, desfilaron historias y testimonios de la aportación social del campus, paralizado hace un mes por una huelga estudiantil decretada en repudio a los recortes fiscales requeridos a la UPR.

“La universidad no puede estar desligada y desvinculada de las comunidades aledañas… y no lo ha estado”, dijo Adelaida Pagán, maestra de español de la escuela José N. Gándara que se beneficia del Programa de Lectura y Escritura de la Facultad de Educación de la UPR en Río Piedras. “Nos aterra la idea de que la UPR esté en peligro”, agregó.

De acuerdo con Carlos Camacho, estudiante practicante, el Programa de Lectura y Escritura “nos ha ayudado a insertarnos e impactar a comunidades marginadas y escasos recursos”.

Mientras, Tony Santiago, de Rent a Bicycle, destacó “la altura y profesionalismo” de los estudiantes de la Facultad de Administración de Empresas que elaboraron para su negocio el análisis del mercado cubano. Al igual que él, otros siete microempresarios del patio se beneficiaron de la labor gratuita de los universitarios.

Haciendo referencia a un pensamiento del expresidente sudafricano y activista contra el apartheid Nelson Mandela, Santiago afirmó que “la educación es la herramienta necesaria, más fuerte, para cambiar al mundo”.

Durante el evento, organizado por la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), se presentaron otras iniciativas, como la Clínica de Desarrollo Comunitario de la Clínica de Asistencia Legal de la Escuela de Derecho, que apoya, mediante asesoramiento legal, a comunidades de bajos ingresos que procuran su desarrollo social y económico, como Villa Esperanza, en Toa Alta, y las Parcelas Suárez, en Loíza.

En el caso de Villa Esperanza, la clínica legal asistió a la comunidad en el proceso de negociación con la Autoridad de Tierra luego de dos intentos de desahucio, resaltó Maritza Rosado, líder comunitaria.

“No todo es derecho, leyes y L.P.R.A. (Leyes de Puerto Rico Anotadas), trabajamos con seres humanos”, expresó la profesora Marí Hernández Torrales, abogada y coordinadora de la clínica legal.

La UPR ofrece, a través de sus 11 recintos, 500 cursos que integran prácticas e internados en más de 30 disciplinas, precisó el profesor de Ciencias Sociales Waldemiro Vélez Cardona.


💬Ver 0 comentarios