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Cuatro de los antiguos miembros del regimiento 65 de Infantería que acudieron al homenaje. (Especial para GFR Media Kara Frame)

WASHINGTON. - Después de haber sido reconocidos con la Medalla de Oro Congresional, para antiguos miembros del regimiento 65 de Infantería, el Día del Veterano, que se conmemora mañana adquiere un significado pleno.

“Te sientes igual o mejor que el resto de los veteranos. Hicimos nuestro trabajo tan bien o mejor que el soldado anglo”, dijo Víctor López Nieves, quien fue sargento mayor del Ejército y estuvo asignado un año, entre 1951 y 1952, a la guerra de Corea, el conflicto militar en que se destacó el valor y coraje de las tropas puertorriqueñas del 65 de Infantería, a pesar de la discriminación.

En junio pasado, el presidente Barack Obama convirtió en ley la medida que ordena concederle al regimiento 65 de Infantería la Medalla de Oro del Congreso, por sus ejecutorias en Corea.

Como consecuencia, el sábado en la noche, el grupo American Veterans Center también rindió homenaje en Washington D.C. al 65 de Infantería a través de López Nieves  y sus colegas, el primer sargento Fernando Rodríguez Borges, el sargento mayor Emilio Castro Rivera y capitán del cuerpo médico, el doctor Alberto González.

Casi 600 de los 743 muertos puertorriqueños de la guerra de Corea vistieron el uniforme del 65 de Infantería, integrado principalmente por boricuas de la isla y la última unidad segregada del Ejército estadounidense.

“Desde hace un tiempo pensábamos en este homenaje”, dijo el presidente de American Veterans Center, James Roberts, cuya organización – que auspicia el famoso desfile del Día de la Recordación – otorgó el sábado sus premios anuales  en la víspera del Día del Veterano, considerados los “Oscar” de los “héroes militares”.

Entre los homenajeados presentes estuvieron los cuatro veteranos puertorriqueños del 65, que recordaron sus duras experiencias en la guerra.

López Nieves, de 87 años, natural de Naranjito y residente en San Antonio (Texas), también fue movilizado a la guerra de Vietnam, ya como sargento y como parte de una brigada médica.

“Debido a la discriminación, los puertorriqueños en Corea, como el 65, éramos los primeros en la línea, con muy pocas excepciones. En Vietnam ya el Ejército no estaba segregado, pero muchos puertorriqueños siguieron en la primera línea de combate”, indicó López Nieves, quien llegó a Corea en abril de 1951, a los 21 años, en momentos en que era estudiante universitario.

El doctor Alberto García Zamora, radicado en Vienna (Virginia), fue a Corea como jefe del cuerpo médico del 65 de Infantería. “Vi muchos muertos, muchos que eran amigos míos”, indicó García Zamora, de 88 años.

Su experiencia con el Ejército fue exclusivamente en Corea, pues luego regresó a la práctica privada de su profesión. “Uno hace su trabajo sin esperar nada. Pero, que se reconozca el servicio del 65 para nosotros es algo grande”, sostuvo García Zamora.

El primer sargento mayor Rodríguez Borges estuvo en el pelotón de morteros. Recordó las más crudas y sangrientasbatallas en el llamado triángulo de hierro de Corea, un área clave para los chinos y norcoreanos, entre Chorwon y Kumwha, en el sur, y Pyonggang, al norte.

“Mi misión en Corea era darle apoyo a las tropas que iban al frente. Vi muchas muertes, pero más de parte del enemigo que de parte de nosotros”, sostuvo.

Rodríguez Borges fue herido en su pierna izquierda, como consecuencia de un mortero que cayó sobre el automóvil en que viajaba. Una vez recuperado en un hospital de Japón, fue enviado nuevamente a la guerra. “Tenía 21 años cuando salí de Puerto Rico”, indicó Rodríguez Borges, de 85 años, quien participó del cabildeo a favor de la Medalla de Oro Congresional.

“Para nosotros es un gran honor que reconozcan el 65. Somos nosotros el 65. Somos el orgullo de Puerto Rico como unidad militar”, agregó.

Mucha discriminación

“Cuando llegué a Corea tuve que demostrar quién era yo. Desde el primer día me trataron con discriminación”, sostuvo Rodríguez Borges.

Rodríguez Borges, quien ahora reside en Alabama, recordó como tuvo enfrentarse a los puños con algunos soldados estadounidenses para ganarse el respeto de sus superiores y colegas.

“Mi primer encuentro fue con un sargento de pelotón de Tenesí, con el que tuve que pelear. El hombre salió perdiendo. Otro blanco me dijo, si le ganaste a él ahora tienes que ganarme a mí. También lo tiré. Un tercero también cayó al suelo. Vino entonces un negro a discutirme que tenía que luchar contra él. También lo tiré al piso. El número cinco, otro negro, pesaba como 300 libras. Cuando lo vi – después de cuatro peleas consecutivas – le dije, mira tírame a la cara, no me des que yo voy a tirarme al piso. Con ese  episodio, sin embargo, quise demostrar el valor que tenemos los puertorriqueños”, relató.

En Austin, Texas, donde reside, Castro Rivera, natural de Santa Isabel y de 83 años, se enteró de la decisión del Congreso de otorgarles la Medalla de Oro Congresional. En medio del interés por rescatar la historia del 65 de Infantería, a Castro Rivera le han anunciado también la entrega de otras medallas que siempre pensó le habían concedido, pero nunca entregado. “Para mí todo esto – dijo- ha sido una agradable sorpresa”.


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