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WASHINGTON – Dedicada al piano desde su adolescencia, la puertorriqueña Diana Sáez se convenció en su cuarto año de secundaria de que su mayor pasión estaba en la música de coros.

“Desde chiquita la armonía vocal es algo que me ha fascinado”, indicó Sáez, fundadora y directora artística de Cantigas, durante las últimas dos décadas el coro por excelencia de la capital estadounidense especializado en la música hispanoamericana.

El piano se convirtió en su acompañante desde sus inicios en la Escuela Libre de Música Ernesto Ramos Antonini, en San Juan. “Mi maestra, Violeta de la Mata, me llamaba a casa para asegurarse de que estaba practicando”, recordó.

Pero, justo antes de terminar la secundaria, cuando acompañaba al piano al coro de la escuela - bajo la dirección de Angel Matos, recién llegado a la institución-, Sáez concluyó que ese medio interpretativo magnificaba su vocación musical.

“Decidí que quería ser directora de coros, que mi vida iba a ser la música. Me crié en una iglesia protestante, con una fuerte tradición de coros y un buen director. Mis papás, mis abuelos, mis tíos, siempre cantaron en el coro”, dijo.

Sáez dejó la Isla en 1979 para estudiar su bachillerato en educación coral en Boston University. Completó una maestría en Educación de la Universidad de Harvard, donde conoció a su marido.

Retornó a su medio con una maestría en conducción de Coros de la Universidad de Temple.

Hace poco terminó su doctorado en Artes Musicales de la Universidad de Maryland, cuya tesis fue una antología de música coral de Latinoamericana desde la época colonial hasta el presente. “Es un proyecto que quisiera publicar”, afirmó.

A Washington D.C. llegó por vía de su esposo, quien había sido reclutado por el Banco Mundial.

Sáez fundó hace 23 años en esta ciudad el proyecto musical de su vida, la coral Cantigas, a través del cual ha querido promover la música latinoamericana y española, y conectar diferentes culturas. “Sabemos poco de la tradición clásica de nuestra música. La música es una de las maneras más eficientes de establecer relaciones”, dijo Sáez.

En la capital estadounidense encontró una ciudad “con más coros que muchas otras”, pero con escaso repertorio latinoamericano.

“No hay mejor ciudad para tener la coral Cantigas, es internacional y la gente aprecia nuestra música”, dijo, al hacer referencia a entidades que son claves en Latinoamérica, como la Organización de Estados Americanos, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

La mitad de los cantantes de Cantigas (que significa poesías cantadas y obtiene su nombre durante la era medieval), sin embargo, son estadounidenses que no hablan ni una gota de español. “Los coros cantamos música en todos los idiomas”, advirtió.

Muchos puertorriqueños que han participado en el grupo provienen de los coros del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico o el Recinto Universitario de Mayaguez, yhan sido empleados del Gobierno federal.

En enero, junto al Coro de Niños de San Juan y José Feliciano, entre otros, Cantigas participó del concierto latino con ocasión de la segunda toma de posesión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

“Los niños nos cantaron a nosotros y nosotros a ellos. Estuvimos casi todo un día juntos en el Kennedy Center”, sostuvo.

Unos meses antes, en octubre de 2012, Cantigas se presentó en Nueva York. En abril pasado, cantaron en el Centro de Bellas Artes de San Juan.

La temporada de conciertos de Cantigas – en su sala de Bethesda, Maryland, en la frontera con Washington - abre en otoño con ocasión del Mes de la Herencia Hispana e incluye un concierto de Navidad y dos de primavera.

De la música boricua, Cantigas suele tener en su repertorio Capullito de Alelí, Silencio y Verde Luz, por mencionar solo tres. “Cantigas me da la oportunidad de incorporar mis dos pasiones: la música clásica y la popular”, señaló.

Sáez, quien también se dedica a ayudar a profesores a incorporar la música en otros currículos, destaca lo importante que es para ella incluir trabajos de artistas puertorriqueños.

“Hay compositores creando y componiendo para coros”, dijo. Mencionó la integración en el concierto de junio de Cantigas de obras de los compositores puertorriqueños Jorge Figueroa (El Tren), Enrique Bayoán Ríos (Andanza del ánima) y Sonia Morales Matos (Lamento Negro).

Casada con un chileno, sus hijas nacieron en Estados Unidos y se han criado entre las culturas boricua y chilena. Sus hijas, Natalia Verónica de 24, y Tanya María, quien cumple 21 la semana próxima, han sido parte del coro. “Le digo ‘chilirriqueñas’. Hijos de puertorriqueños y latinoamericanos han cantando en el coro. Y esta ha sido la manera de estar expuestos a la cultura de sus padres. Eso sí me da orgullo”, dijo.

Sáez considera que sus retos son aún inmensos. “Quiero – afirmó-, que Cantigas se conozca a nivel nacional e internacional. Me gustaría llevarlo a España. Viajar más dentro de Estados Unidos, para ir a las comunidades puertorriqueñas y latinoamericanas”.


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