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EL simulacro de terremoto realizado ayer en Bayamón, demostró, por un lado, que el Municipio tiene personal capacitado para rescatar vidas antes de que se active la respuesta estatal pero, por el otro, evidenció que la mayoría de las estructuras viejas en el País se desplomarían en un movimiento telúrico de intensidad mayor.

A las 10:44 a.m., una explosión retumbó en el casco urbano del pueblo. Un antiguo edificio de cuatro pisos se vino al suelo y quedó hecho añicos. Tres minutos más tarde se oyó una segunda explosión. La nueva nube de polvo que se elevó al cielo era indicio de que otro viejo edificio había cedido.

Luego de las explosiones, las alarmas de algunos vehículos hacían de música de fondo. Al mismo tiempo, decenas de heridos corrían para salvarse.

Al ruido de las alarmas se unió el de las sirenas de las agencias de respuesta, que llegaron a la escena diez minutos después de la primera explosión.

“Si hay alguien ahí, avísennos”, gritaban los rescatistas. Gritar y escuchar es el primer paso a seguir antes de comenzar la búsqueda de vidas entre los escombros, explicó el alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera, hijo. A los rescatistas se unió la Unidad Canina.

“Este ejercicio lo que quiere es probar que a nivel municipal hay personas que pueden responder inmediatamente para salvar vidas antes de la respuesta estatal”, expresó Erick Cintrón, de la compañía Always Ready. A juicio de los evaluadores, lo anterior se cumplió.

Carlos Santiago, director de Emergencias Médicas de Bayamón, dijo que el ejercicio mejoró “grandemente” la respuesta de las agencias municipales.

“Emergencias Médicas se ubicó detrás de un edificio que no colapsó. Allí se atenderían los heridos y serían trasladados a hospitales. El área de colección de vehículos de respuesta se ubicó en la Plaza del Mercado, lo que evita que en el área del incidente haya recursos innecesarios”, indicó.

Rivera, en tanto, destacó que el simulacro fue el final de dos meses de adiestramientos, en los que participaron consultores de Chile, México, Estados Unidos y Costa Rica. De hecho, el director del Programa de Rescate de Nueva York, Brian Rousseau, fungió como evaluador del simulacro.

“Esta implosión es lo más cercano a lo que sería el escenario real de un terremoto de magnitud 7 en la escala de Richter. En las estructuras se recrearon salones de clases, oficinas, salas y estacionamientos”, dijo el Alcalde.

Pero surgió algo inesperado. Se suponía que el edificio de cuatro pisos no se desplomara completamente.

En opinión del ingeniero Samuel Díaz, miembro de la Comisión de Terremotos del Colegio de Ingenieros, la caída es representativa de lo que le ocurriría a las estructuras viejas en la Isla (no diseñadas según los códigos de construcción) si ocurriera un gran sismo.

“Dado un evento de magnitud considerable, no resistirían el embate de un terremoto”, advirtió Díaz.

Mientras, el geomorfólogo José Molinelli, recalcó que se diseñó científicamente, ya que en el interior de los edificios se colocaron sismógrafos para estudiar el comportamiento de las ondas generadas tras la explosión, así como la respuesta de las estructuras.

Los resultados de las evaluaciones se tendrían en los próximos días.

Experiencia aleccionadoraEl geomorfólogo José Molinelli opinó que el simulacro debe recordarle a las personas que deben estar preparados para un sismo.

“Ningún gobierno puede atender todas las necesidades de un pueblo en caso de un terremoto mayor”, expuso.

Según Molinelli, en el peor de los escenarios los ciudadanos pueden estar de dos a cuatro días sin recibir ayuda.


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