Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

adopcion (horizontal-x3)
Con esa familia que desea, Jeviann, de 12 años, dice que “me gustaría divertirme, salir, jugar y correr bicicleta”. (Jorge Ramirez Portela)

Nota del editor: Este artículo es parte de la serie “Un hogar para mí”, que se publica periódicamente.

“Yo llevo mucho tiempo esperando una familia y quiero una familia para mí”, asegura Jeviann, de 12 años, sentado bajo la sombra de un árbol en el Parque Luis Muñoz Marín, en San Juan.

Al imaginar ese hogar que ansía, emerge un deseo muy específico: “Quisiera tener un hermano”.

“Yo no me quiero quedar solo sin un hermano porque si no tengo un hermano no sé con quién jugar”, reitera el chico, quien está bajo custodia del Estado desde 2004 y tiene una hermana que reside con sus parientes biológicos.

Con esa familia que desea, Jeviann dice que “me gustaría divertirme, salir, jugar y correr bicicleta”.

El chico también disfruta de practicar deportes como el baloncesto y el fútbol ‘soccer’, jugar videojuegos y ver los muñequitos de los Teenage Mutant Ninja Turtles. Cuando está en la escuela, asegura que le gustan todas las clases. “Son para mí buenas porque tengo que aprender”, asegura.

Estudia en el salón contenido del Programa de Educación Especial del Departamento de Educación debido a sus diagnósticos de hiperactividad con déficit de atención y trastorno de conducta oposicional desafiante, de acuerdo con Aitza Santana de León, trabajadora social de Adopción del Departamento de la Familia en Humacao. Llegó a recibir otros servicios, como terapia del habla, pero ya terminó esas sesiones.

“Le gustan demasiado los animales, pero a veces tiende a hacerles daño”, menciona la trabajadora social a modo de ejemplo de los problemas de conducta que presenta, para los que recibe tratamiento sicológico y siquiátrico.

Agrega que el chico lleva casi toda su vida bajo custodia de la agencia, esperando por ser adoptado, pero no han surgido personas dispuestas a ser sus padres debido a los mencionados diagnósticos.

Jeviann, de quien este diario no revela los apellidos, rostros ni lugar de residencia para proteger su identidad, fue liberado de patria potestad, por lo que no existe ninguna traba legal que el impida ser adoptado. Pero el tiempo le juega en contra, pues mientras más edad tienen los menores, más difícil es para la agencia conseguir personas que deseen adoptarlos.

Santana de León lo describe como un niño “calladito, habla al coger más confianza; si se le rompen los juegos electrónicos, los abre e intenta arreglarlos”.

El chico reside actualmente en una institución para menores que han sido víctimas de maltrato. Ha sido cambiado en varias ocasiones de hogar temporero o institución, indica la trabajadora social.

“Él está cansado de tanto cambio. Necesita de una familia que tenga mucha tolerancia, de mente abierta, que estén conscientes de sus diagnósticos y su conducta y que sepan trabajar con eso”, reitera.

En lo que espera la llegada de esas personas dispuestasa ser sus padres, Jeviann visualiza ese primer encuentro. “Les diría que los quiero mucho, que los quiero con todo mi corazón y que nunca les voy a hacer daño. Me voy a portar bien y voy a seguir las normas que me digan. Quisiera una buena familia”.

Si le interesa brindar a este niño la oportunidad de tener un hogar, puede llamar a la Línea de Orientación y Apoyo del Departamento de la Familia al 787-977-8022 o escribir al correo electrónico [email protected]

El propósito de esta historia es concienciar sobre la necesidad de mirar con sensibilidad y posibilidad de acogimiento a los cientos de menores bajo la custodia del Estado que están aptos para adopción. Cada historia es única y cada menor es especial, pero todas comparten el llamado al amor.


💬Ver 0 comentarios