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Ironías del destino o no, la ex prisionera política Carmen Valentín se gana la vida ofreciendo tutorías de inglés en un colegio del municipio novoprogresista de San Juan.

Valentín, a sus 64 años, trabaja mucho. Además de las tutorías, que son un trabajo de 40 horas, tiene un segundo empleo a tiempo parcial en una farmacia del Condado. En ese sector reside desde poco después de su excarcelación en 1999, en un pequeño apartamento con una vista espectacular al mar.

 La mujer, que lamenta que su familia más cercana reside en Estados Unidos, vive entre cuadros pintados por su amigo, el aún presidiario Oscar López.

 Es curioso que se dedica a enseñar inglés después que estuvo presa en cárceles estadounidenses. 
Primeramente, los lenguajes son importantes, todos los lenguajes, tenemos que aprender. Segundo, me ayudaron a conseguir este trabajo. Es un programa federal para dar atención individual, grupal o en clase.

 ¿Qué tipo de estudiantes tiene?
Interesantemente, cuando entré a la cárcel yo estaba trabajando en una universidad de dos años y trabajaba con estudiantes de bajos ingresos, y eso fue algo que me llamó… que cuando llegué aquí encontré un trabajo... con estudiantes de bajos ingresos a los que comprendo bien.

 ¿A qué se refiere?
Bueno, yo vengo de una situación de pobreza y me superé. Yo trato siempre de aconsejarlos a ellos, me gusta estar rodeada de gente que pueda ayudar y estimular a echar hacia adelante.

 También tiene un segundo trabajo…
Trabajo también en una farmacia. Como todo buen puertorriqueño, me gusta trabajar y es que conseguí ese segundo trabajo. Las cosas no están tan buenas ahora, pero hace 11 años atrás estaba la cuestión económica mejor, conseguí ese trabajo. No es que quiera acumular grandes cantidades de dinero, pero ése es uno de los problemas que tenemos aquí: salarios bajos y costo de vida altos.

 ¿De alguna manera se ha visto discriminada cuando la gente se entera que usted fue presa política?
Jamás, nunca. Yo trabajo en un ambiente mayormente estadista. El colegio (de San Juan) lo fundó (Carlos) Romero Barceló y siempre ha estado en manos del municipio y ahí yo recibo mucho amor y admiración de todas las personas, me siento cómoda, feliz, nunca he tenido rechazos. Quizá cuando busqué trabajo al principio encontré una situación desagradable. Buscando otro trabajo alguien dijo ‘sólo en Puerto Rico se da que una terrorista quiera trabajar en un programa federal’. Me llamaron, alguien que escuchó, y me dijeron ‘no te van a dar el trabajo’. Ha sido una de las pocas veces.
           
 Han pasado 11 años desde su excarcelación. ¿Qué reflexiona con el pasar del tiempo de esos 19 años en prisión?
La cárcel para mí, y creo que para todos los que luchan por un ideal, se hace más tolerable. Tenemos tantos ejemplos de gente que estuvo presa muchos años y salen y están sanos mentalmente. No es que no enfrentamos grandes problemas en la cárcel, pero se puede superar. Yo estaba estudiando mi doctorado en sicología en el momento que me arrestaron y tenía mucho conocimiento para lidiar con algunos guardias, algunos que nos causaron dificultades. Siempre trato de recordar las personas buenas que conocí en la cárcel… la cárcel está llena de gente buena. Trato que mi recuerdo sea positivo.

¿Qué es lo más positivo que recuerda de la cárcel?
El día que salimos tuvimos que despedirnos de toda esa población que nos acompañó por tantos años. Nunca tuvimos problemas con la población, pero ese día nos demostraron el respeto y amor que sentían. La administración de la cárcel no pudo controlar las masas de presos que se salieron de sus trabajos para despedirse de nosotros.

¿Y lo más desagradable?
Las requisas que nos hacían, eran indecentes completamente. Después de las visitas te quitaban cualquier buen sabor que tenías de compartir con la familia y que te sentías casi libre. Te obligaban a desnudarte y bueno, ni hablar de todo lo demás. Eso fue algo que me repugnaba mucho.

¿Se arrepintió alguna vez de participar en grupos pro independencia?
Yo entré cuando tenía 34 años. Era una persona adulta, entré con mi mente clara, estaba convencida de la situación colonial de Puerto Rico, que no podía continuar. Cuando uno actúa así, entonces la decisión es clara, firme y puede tolerar todo lo que viene. Como decía Ramón Emeterio Betances, ‘el que quiere comer tortilla tiene que romper huevos’, entonces pues nosotros decidimos enfrentar eso con humildad, aportar esa ofrenda a la patria.

¿Qué le chocó al salir en libertad y regresar a Puerto Rico?
 Mis padres tuvieron que emigrar cuando yo era pequeña y venía a visitar. Uno tenía esta visión romántica de la Isla, esto podría ser el paraíso si no nos tuvieran como nos tienen.  Una cosa que yo no sabía: a mí me gustan las flores y aquí cerca venden flores. Yo le pregunté al señor, ‘¿Esas flores, las siembran en Aibonito?’. ‘No, en Colombia’, me respondió el señor. Después pasé por Lares y paré a comprar unos ñames y le pregunté al señor: ‘No, son de Costa Rica’. Una cosa que me choca es que aquí se acabo la agricultura, que nos están obligando a comprarle a ellos, porque es más beneficioso para el gobierno americano. Yo pedía en la cárcel: ‘Dios, permite que yo llegué a un país libre, no quiero salir y volver a la colonia y me dé en la cara todo esto por lo que he estado presa todos estos años’. Pero no ocurrió. Hay que pensar que en un momento dado se va a dar.

¿Llegará aquí la independencia?
No puedo predecir cuándo. Existe una contradicción  y yo digo que las contradicciones exigen una resolución. Otros países lo han logrado. No sé por qué PuertoRico no lo puede lograr. Es inevitable.  Va a suceder. En este país hay un sector nacionalista fuerte que no se expresa, que no vota, pero eso no me alarma. De lo poco que recuerdo de historia de Estados Unidos es que cuando más fragmentada estaba su lucha revolucionaria, fue cuando ganaron. El movimiento independentista ha pasado por mucha represión y abuso, yo los respeto porque han pasado por mucho.

¿Es la lucha armada una opción?
 La lucha armada es la que salva la patria para el porvenir. Mientras exista esa contradicción va a haber personas que tomen las armas. Aquellos actos (los que le imputaron a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, grupo al que ella fue vinculada) no se hicieron con la intención de derrocar al imperio más poderoso del mundo. Eran actos simbólicos al imperio y al mundo entero de que el colonialismo no es aceptable para todos los puertorriqueños. Tenían el beneficio de mostrar que, por un instante, éramos libres. Jamás pensamos que íbamos a derrocar a Estados Unidos.


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