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Al día siguiente de ser designado superintendente de  la Policía de Puerto Rico, el coronel José Caldero López dejó a un lado el gabán y la corbata, y  entró  con las mangas enrolladas   a la redacción de El Nuevo Día para someterse  una entrevista  en profundidad sobre  su nuevo puesto.

Los nervios no lo acompañan. Al contrario, habla con soltura, sin tapujos, y reflejando entusiasmo por el nuevo reto que le espera una vez sea confirmado por el Senado.

Antes de arribar a este encuentro, en las primeras de la mañana visitó  el Cuartel General, en Hato Rey, y conversó con algunos agentes en la calle.

“Antes de llegar paramos en un garaje de gasolina y nos tropezamos con una patrulla. Fue gratificante porque los agentes me felicitaron. Eso quiere decir que el compromiso debe ser mayor porque esos agentes están esperanzados en que uno va a hacer buen trabajo y que  se les va a ayudar”, relata este coronel que precisamente hoy cumple 58 años de edad.

Para esta entrevista no trae papeles ni un plan de trabajo escrito, porque asegura que sus 35 años de experiencia en la Policía lo prepararon para implementar ideas claras dirigidas a hacer de Puerto Rico un lugar más seguro bajando los asesinatos, subiendo la tasa de esclarecimiento de casos, y mejorando el servicio a la ciudadanía.

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