En la foto el exsenador Héctor Martínez. (horizontal-x3)
En la foto, el exsenador Héctor Martínez en su llegada al Tribunal Federal. (Gerald López Cepero)

Con el testimonio del exayudante ejecutivo del entonces senador Jorge de Castro Font, Carlos Díaz de Hostos arrancó esta mañana la presentación de prueba en el juicio federal que se sigue contra el exsenador Héctor Martínez y el empresario Juan Bravo.

Cada uno enfrenta un cargo de soborno en relación a un viaje a Las Vegas para ver la pelea entre Félix "Tito" Trinidad y Ronald "Winky" Wright en mayo 2005.

El ministerio fiscal alega que Bravo pagó por los gastos de Martínez a cambio de que el entonces presidente de la Comisión de Seguridad Pública impulsara dos medidas que favorecían la compañía de seguridad Ranger American de Bravo. El exsenador Jorge de Castro Font y amigo de Bravo acompañó al dúo en el viaje.

En la mañana, el primer testigo de cargo declaró que viajó a Las Vegas por petición de su entonces jefe de Castro Font.

A preguntas del fiscal, Peter Koski explicó que recogió el pasaje de avión en la Oficina de un contratista de nombre Tato Lebrón.

Detalló que en la oficina de Lebrón recibió un sobre con dos pasajes: uno para él y otra para su entonces jefe. Que al regresar a la oficina le entregó el sobre a de Castro Font, quien le dio su pasaje y guardó el suyo en la chaqueta.

Ante un jurado de siete hombres y cinco mujeres indicó que el boleto de entrada a la pelea de boxeo se lo dio un acompañante de Lebrón.

Como parte de su testimonio, afirmó que Bravo no pagó por su pasaje, ni por la entrada a la pelea.

Durante el testimonio directo de Díaz de Hostos, Koski presentó segmentos de un vídeo tomado la noche de la pelea donde se podía observar a De Castro Font, Martínez, Bravo y José Torres.

En una parte, De Castro Font tenía la mano sobre el corazón mientras sonaba el himno de Estados Unidos y en otra, Martínez aplaudía durante un intercambio de golpes entre Trinidad y Wright.

Para establecer la cercanía de Bravo, de Castro Font y Martínez cuadrilátero Koski mostró el lugar donde el conocido boxeador George Foreman estaba sentado como a unas siete filas detrás de los dos acusados.

Pero al identificar a Foreman Díaz de Hostos soltó que se trataba del "hombre que vende los grills" en referencia a los anuncios de televisión donde aparece el exboxeador.

Díaz de Hostos también declaró ante el juez federal Francisco Besosa que cuando se desempeñó como ayudante ejecutivo de De Castro Font y secretario del comité de campaña presentó informes de ingresos y gastos a la Comisión Estatal de Elecciones con información falsa.

"No se ponía el nombre de todos loscontribuyentes", apuntó.

"Algunos que daban cantidades monetarias (en efectivo) no se incluían", agregó.

Díaz de Hostos declaró que en abril del 2008 se topó con Bravo en Plaza Las Américas, quien le envió una advertencia a De Castro Font de que tuviera cuidado que lo estaban velando.

Poco después el FBI visitó al testigo, quien inmediatamente se convirtió en cooperador de las autoridades federales.

Como parte de esa ayuda, Díaz de Hostos permitió que grabaran sus conversaciones telefónicas. Koski presentó como evidencia una llamada entre él y Bravo, donde se escuchaba la voz de Bravo reiterando la advertencia.

Bravo también cuestionó a Díaz de Hostos la razón por la cual la advertencia había molestado a de Castro Font, quien había dejado de responder sus llamadas y mensajes de textos.

"No entiendo por qué está molesto, porque debería estar dándome las gracias", comentó Bravo en la grabación realizada un tiempo después del encuentro en el centro comercial.

Enfila cañones hacia de Castro Font

En la tarde, la defensa de Martínez y de Bravo enfiló los cañones en contra de Castro Font utilizando el testimonio de su exayudante ejecutivo para pintar al polémico expolítico penepé como un hombre de excesos, que maltrataba a su empleado y que mentía en los informes de campaña que sometía a la Comisión Estatal de Elecciones.

El licenciado Reid Weingarten, quien representa a Bravo, lanzó los primeros golpes.

Tomando sus espejuelos en las manos, en ocasiones, Weingarten siguió una línea de preguntas para resaltar las "falsedades" que Díaz de Hostos incluyó en los informes de ingresos de gastos que sometió a la CEE.

Díaz de Hostos, vestido con un traje gris y corbata amarilla, reconoció que en un informe que sometió el 15 de septiembre de 2008 incluyó dos gastos de reembolso bajo su nombre que en realidad se trataban de cheques que de Castro Font escribió a su nombre para que el empleado los cambiara y le entregara efectivo.

Según el informe presentado al jurado, un cheque era de $1,000 y otro de $500.

El testigo también aceptó que en algunos informes se reportaba el dinero en efectivo, pero que no se consignaba el donante.

Afirmó que "no me gustaba hacer eso", pero que lo hacía por temor a perder su trabajo.

Weingarten llevó al testigo a admitir que pese a que ostentaba el puesto de ayudante ejecutivo en realidad realiza muchas tareas personales o mandados para de Castro Font como pagar sus facturas y recoger a sus hijos, todo esto costeado con el salario que devengaba del Senado.

Su salario en el último año de trabajó con el exsenador rondó los $7,000 o $7,500 mensuales, según recordó Díaz de Hostos.

Apuntó que pese a que de Casto Font lo insultaba, le hablaba malo y en ocasiones lo invitó a pelear trabajó con el expolítico yexconvicto durante casi dos décadas.

Señaló que el viaje a Las Vegas y su boleto para entrar a la pelea los pagó Lebrón, un contratista en el área de desperdicios sólidos.

Como parte de un testimonio, que se extendió casi todo el día, Díaz de Hostos afirmó que durante el viaje a Las Vegas no escuchó a de Castro Font, Bravo y Martínez hablar de los dos proyectos que favorecía el empresario, que en ese momento presidía Ranger American.

"¿Era un evento social, una oportunidad de ver un evento importante?", preguntó el abogado.

"Sí", respondió del testigo quien respondió preguntas con la ayuda de una intérprete.

Indicó que durante la estadía a Las Vegas que alojó en el Hotel New York, New York, cuya factura indicaba que la reservación se había realizado el 21 de marzo, dos meses antes de la pelea de boxeo.

Además, identificó la firma de Castro Font en dos facturas del Madalay Bay, una que pertenecía al otrora político y otra que pertenecía a Bravo. Ambas facturas fueron cargadas a una tarjeta de crédito de De Castro Font.

Aclaró también que generó la llamada que se presentó al jurado como evidencia para ofrecerle a Bravo taquillas para un evento político.

El segundo turno del contrainterrogatorio correspondió a Abbe Lowell, quien representa a Martínez.

Lowell, un hombre espigado y delgado, arrancó con preguntas para destacar que el testigo no participaba en el proceso de presentar o redactar medidas legislativas.

"¿Usted se desempeñaba bajo el entendido de que mentiría, robaría y haría cualquier cosa por su sueldo?", indagó el abogado.

"Tal vez hubiese mentido, pero no hubiera robado o algo así", respondió Díaz de Hostos.

También indicó que Torres, quien estuvo en Las Vegas al igual que el senador Carmelo Ríos, era amigo de Martínez y que en ocasiones transportaba a de Castro Font en helicópteros de su compañía.

Concluido el testimonio de Díaz de Hostos, el ministerio fiscal sentó a declarar a la secretaria de Bravo, Antonia Vélez y a Sara Rodríguez, jefa de la División  la secretaria de Bravo, y a Sara Rodríguez, jefa de la División Legal de la Oficina del Contralor Electoral.

Ambos testimonios fueron breves.

La jornada concluyó con la presentación como evidencia de varios cheques de donativos que Bravo realizó a las campañas que realizó a los comités Amigos de Jorge Santini, Comité Acevedo Vilá 2004, Rosselló 2004 y Comité Amigos de Peter Moller.

Las partes también estipularon que Bravo no realizó donativos a la campaña de Martínez en el 2004

El juicio continúa mañana a las 9:00 a.m. No queda claro si el Ministerio Público sentará a declarar a de Castro Font, quien no declaró en el primer juicio.

El dúo resultó culpable, pero el Primer Circuito de Apelaciones de Boston revocó el veredicto del jurado por una instrucción errónea que ofreció el juez Besosa en torno a la definición de soborno y regalía.


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