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21 de enero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

Oculta entre cajas y gatos

Una exprofesora vive en condiciones infrahumanas

Por Sandra Caquías Cruz / scaquias@elnuevodia.com

PONCE–  Luego de una vida educando sobre las humanidades y dando forma al barro para hacer esculturas, doña Ana vive oculta –junto a 18 gatos– entre decenas de cajones plásticos en los que guarda lo que llama sus “tesoros”, pero carente de servicios básicos.

Doña Ana Bassó Bruno, exprofesora de humanidades, psicología y artes en varias universidades, entre ellas la Universidad de Puerto Rico (UPR) y la Pontificia Universidad Católica (PUCPR), duerme sobre tres cojines que forra con bolsas plásticas para que los gatos no se los dañen.

La cama improvisada la tiene a pasos de una puerta, en un rancho construido en la parte posterior de su vivienda de cemento, una estructura deteriorada, con una acumulación de artículos que día a día parece que la van empujando de su hogar.

Doña Ana tiene 80 años. Son sus manos las que dieron forma a la escultura de Francisco “Pancho” Coímbre que está a la entrada de la Secretaría de Deportes de este municipio. Nació en Santurce. No se casó. Tampoco tuvo hijos. Le sobrevive un hermano con el que no ha tenido contacto.

La mujer recuerda con detalles sus estudios de arte en las ciudades italianas de Florencia y Milán. 


No obstante, su  primer curso de arte lo tomó en el Instituto de Artes de Chicago. Para ese entonces estudiaba Desarrollo Humano y Psicología en la Universidad de Chicago. Quería ser psicóloga, pero se enamoró de la escultura.

“Mi papá (Narciso Bassó Varela) fue el primer aviador comercial de Puerto Rico. Él fundó la primera aerolínea de Puerto Rico, Aerovías Nacionales de Puerto Rico”, destacó orgullosa. Su abuelo fue alcalde de Guayama.

Gloria olvidada

Pero atrás quedaron esos años de gloria. “Yo duermo aquí. Estos son mis almohadones”, comentó mientras acomodaba las bolsas plásticas que protegen los tres cojines de sillón que coloca sobre varias cajas plásticas de almacenaje que usa para dormir.

En el lugar –maloliente– apenas se puede caminar. No hay servicios de agua ni de energía eléctrica. Los rayos de sol se cuelan por los rotos de las planchas de cinc, que cubren lo que debería ser la terraza posterior de una casa. Son los mismos orificios por los que se cuela el agua de lluvia.

“Se dañó la casa”, dijo doña Ana sobre la estructura de dos niveles que compró hace varias décadas y que poco a poco se le cae encima. El techo de la estructura está deteriorado. Fue imposible entrar al lugar por la cantidad de cajas que tiene en esa vivienda.

“Adentro tengo muchos libros”, dijo sobre lo que guarda en sus cajas plásticas, algunas sin usar. “Yo gasto mucho dinero en eso. Desde siempre les he dado prioridad a las cuestiones del conocimiento, del arte, de la belleza, por eso yo me sacrifico. Yo casi no tengo nada, pero esos son libros y revistas para nutrir el entendimiento”, expresó sobre lo que acumula.

“¿Qué me gustaría?”, se preguntó en medio de una amena conversación. “Mejorar la casa. Quiero arreglarla”, afirmó la mujer de cabellera blanca. “La gente no entiende cómo yo he podido vivir así. Yo soy una persona que me adapto, que tengo mucha paciencia. No les pongo tanta importancia a las cuestiones materiales”, dijo.

Doña Ana usa linternas de batería para alumbrarse. “No he querido tener nada de fuego para que alguien no me venga a causar un fuego aquí. Ningún accidente de fuego podría ocurrir aquí, así que si ocurre un fuego es deliberado, es traído, es provocado”, aseguró mientras explicaba que constantemente se meten personas a robar en su hogar.

Claman por ayuda

La condiciones en que vive doña Ana movieron a Bessy Santiago y a un grupo de voluntarios a clamar por ayuda para mejorar la vida de esta exeducadora.

“Pienso que ella se perdió en un lapso de tiempo, pero es una maravilla hablar con ella”, dijo Santiago. 

“Ella dice que vive bien, que lo que guarda ahí son tesoros... Yo lo que quiero es arreglarle la estructura y que ella viva en un lugar limpio, como un ser humano, como ella se merece”, indicó.

Explicó que fue al municipio de Ponce en busca de ayuda, pero aún está a la espera de una llamada que le haría un ayudante de la alcaldesa María “Mayita” Meléndez. También se comunicó con la Procuraduría de las Personas de la Tercera Edad y le indicaron que habían trabajado el caso. 

“Mi conclusión es que no han hecho nada porque ella está igual. Vive igual”, denunció Santiago.

Doña Ana desea convertir su casa en un taller y galería de arte. No descarta mudarse a otro lugar, pero jamás a un apartamento. “Hasta el fin de mis días yo quiero seguir enfrentando el arte”, dijo la octogenaria.

Las personas interesadas en ayudar a doña Ana pueden comunicarse al (787) 506-4915.

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