La cola

DE LA BALLENA EN EL PACÍFICO

Se impone a la mirada. Si estás lo suficientemente cerca, te salpica. Te zarandea. Te roba el aliento. Avistar una ballena es memorable, por su inmensidad y por las pocas probabilidades de ver una otra vez. En Chañaral de Aceituno, Chile, un cetáceo salpicó una caleta de pescadores cercana al desierto del Atacama, a 600 kilómetros de Santiago. Resulta que los ruidos y vibraciones de los buques alteran las rutas y hábitos de estas criaturas del mar. Por tal razón grupos defensores buscan establecer medidas que regulen este patrón utilizando el avistamiento como herramienta. (Manuel Fuentes / EFE)