Miriam Montes

Tribuna Invitada

Por Miriam Montes
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Ana, prisionera boricua olvidada

El 17 de diciembre de 2014 pasará a la historia como una fecha célebre para los Estados Unidos y Cuba. Las declaraciones del presidente Obama parecían indicar que el gobierno estadounidense al fin pasaría la página después de casi seis décadas de políticas hostiles y de actos inhumanos y de terror hacia el pueblo cubano.

El New York Times había denominado esa etapa como “uno de los capítulos más desacertados de la política exterior norteamericana”. Sin embargo, lo que pasó inadvertido para la mayoría del mundo, fue el impacto que la noticia creó en la prisionera número 25037-016 del Federal Medical Center, Carswell: la puertorriqueña Ana Belén Montes.

Quince años atrás Ana Belén escuchaba en una corte federal la sentencia en su contra: veinticinco años de prisión por conspiración para cometer espionaje. Ese mismo día, tras declararse culpable de filtrar información secreta que ayudaría al pueblo cubano a protegerse de las agresiones del gobierno estadounidense, Ana leyó ante el juez las declaraciones que hoy resuenan como una profecía.

“Honorable, yo me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia antes que a la ley. Considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, y me consideré moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y sistema político”.

Ana trabajaba para entonces en la Agencia de Defensa de Inteligencia del Pentágono como una de las analistas especializadas en Cuba. Comenzó en los años ochenta. Sus acciones acontecen dentro del marco de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Cuba, y el catálogo de intervenciones ilegales del gobierno estadounidense en la América Latina; quizá el más memorable de todos, el escándalo Irán-Contra.

Ana Belén reacciona ante una política hondamente transgresora. Protege el derecho a la autodeterminación de Cuba y, con su proceder, se expresa en contra de que se utilice la violencia para derrocar al gobierno cubano. Ese fue su delito.

El presidente Obama ha dicho que: “Estos cincuenta años han demostrado que el aislamiento no funciona. Es hora de tener una nueva estrategia”. En el 2002 Ana había afirmado que: “Mi mayor deseo sería ver que surja una relación amistosa entre Estados Unidos y Cuba”.

El encarcelamiento de Ana Belén es un producto de la Guerra Fría. Que ella tenga que sufrir años adicionales en la cárcel es igualmente anacrónico e injusto. El hecho de que Cuba ya no figura en la lista de países terroristas refuta la idea que pudiera representar cualquier amenaza hacia los Estados Unidos. De otra parte, las acciones de Ana Belén fueron impulsadas por principios humanistas y amparadas por los conceptos de libertad y derechos humanos que merecen todos los pueblos del mundo. Su excarcelación sería un paso acertado hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba y constituiría un gesto de buena voluntad y reconciliación.

Ana Belén no cobró un centavo por su labor y solo afectó la política beligerante de Estados Unidos contra Cuba. Mientras tanto, permanece recluida en una institución de alta seguridad bajo condiciones extremas.

La “Mesa de trabajo por Ana Belén Montes en Puerto Rico” se ha constituido con el fin de educar sobre el caso de la prisionera por conciencia puertorriqueña, luchar por su excarcelación y recabar la solidaridad ciudadana. Se han organizado otros comités solidarios alrededor del mundo.

Para más información, puede visitar la página de Facebook “Libertad para Ana Belén Montes”, o escribir al correo electrónico: [email protected]

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miércoles, 8 de marzo de 2017

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