Wilda Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Wilda Rodríguez
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Ante el huracán: de lo sublime a lo ridículo

Enfrentamos una emergencia nacional de manera encomiable. Vimos una armonía y una solidaridad sin precedentes en la manera que el gobierno central, administraciones municipales y el pueblo se prepararon y recibieron el embate del huracán Irma. El manejo de la emergencia fue excelente. El de la crisis dejada por la emergencia no. Pasamos de lo sublime a lo ridículo.

Desde una inexplicable demora intencional a la recuperación de energía para el centro metropolitano de comercio, profesional y de servicio del país, hasta preparativos para recibir al mezquino de Donald Trump para garantizar fondos federales indispensables a la colonia.

Si Donald Trump entra y sale de Puerto Rico sin consecuencias, somos unos arrastrados. Esa visita es un acto de violencia institucional que tiene que ser repelido eficazmente por los sectores lúcidos del país. Los preparativos para ese repudio tienen que ser mejores que los de bienvenida complaciente del gobierno. El rechazo a la visita de ese maleante tiene que ser un evento de repercusión internacional.

En cuanto a la Autoridad de Energía Eléctrica lo que falta es que la regalemos. La privatización es ahora un eufemismo. Se le fue de las manos a los estrategas neoliberales el plan de privatización que puso Liza Donahue en blanco y negro: reducción de personal sindicalizado, negociación de deuda a favor de los bonistas, impresión de liquidez dejando de comprar suministros necesarios, campaña pública de demonización y deterioro del servicio.

Los inversionistas potenciales lo tenían claro. La campaña de desprestigio y achicamiento de la AEE era una estrategia para que ellos pujaran desde la ventaja.

Pero se le fue la mano a la AEE. Ahora la impresión es que realmente no vale dos chavos. Los inversionistas no son tontos. Exigirán que casi se les regale. Presentarán el negocio como un favor a Puerto Rico.

La campaña mediática del director ejecutivo de la AEE Ricardo L. Ramos ha hecho más daño que bien a los planes del gobierno. Sus cantinfladas y sus explicaciones demagógicas con guille de lógica, lo único que han hecho es abaratar la AEE hasta precio de regalo.

La verdadera lógica nos dice que ahora la privatización del sistema de energía es lo último que conviene al país porque no dejaría el dinero que se necesita para pagar sus deudas ni garantizaría un mejor servicio y tarifas decentes, que han sido los argumentos por excelencia para esa alternativa.

Entretanto, nunca sabremos si la recuperación energética de la zona metropolitana –San Juan y áreas de Guaynabo, Trujillo Alto, Carolina y Bayamón– fue dejada para lo último por dificultad real o por capricho estratégico. La gerencia de la AEE no tiene credibilidad para convencer a nadie. Pero puede que los años de deterioro intencionado por falta de mantenimiento hayan hecho realidad un sistema inoperante para el área geográfica más importante para la economía del país.

No tengo duda que dejar las contrataciones privadas para esa zona son parte de una estrategia. El problema es que la estrategia es mala. Se le ve el ruedo a esta repartición de contratos como a todas las reparticiones de contratos a amigos de quien esté en el poder.

Mis respetos a los trabajadores de la AEE. Yo no olvido que en los dos pasados eventos climáticos grandes perdimos a doce de ellos sirviéndonos. Tampoco paso por alto que sin la propia campaña mediática de la UTIER estaríamos mucho más a oscuras.

Se preguntan si hay alternativa a este caos. Sí. Otros países han tenido que revertir la privatización de sus servicios esenciales cuando no ha funcionado, para colocarlos en manos de consorcios municipales y comunidades. Nunca lo hemos visto de esa manera porque el capitalismo salvaje no lo permite. Pero las alternativas sí las hay y no son la privatización de un servicio esencial que debe ser visto como derecho. Y los derechos no se privatizan.

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