Roberto Alejandro

Desde la diáspora

Por Roberto Alejandro
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A reenfocar la lucha para salvar la UPR

La universidad, como utopía de futuro, condensa al presente disturbios profundos en la sociedad puertorriqueña.  No se trata únicamente de penurias económica y de una precariedad para las mayorías.  Se trata también de desmantelar un centro de saber que, como todo saber, puede esconder lo soñado para jamaquear y dejar atrás las osificaciones del presente. Hoy lo universitario, lo social y lo nacional forman un nudo que solo puede resolverse como totalidad.

Ese nudo no existía en el 1981.  Eso le permitió al movimiento huelgario limitar su propuesta de matrícula ajustada al ingreso al ámbito estrictamente estudiantil. Tres décadas más tarde, el contexto no autoriza tal confinamiento.  Ya en el 2010, los universitarios se enfrentaron a una ofensiva neoliberal iniciada desde los tiempos del IVU. Aquella ofensiva se agrava hoy con un país literalmente en quiebra y con una dictadura financiera que ahonda la pobreza y la desesperanza.  Ante el ataque neoliberal, encerrarse en los muros universitarios sería un error mayúsculo.

Gracias a la lucha estudiantil, hoy existe un amplio consenso a favor de una reforma universitaria que libere, por fin, la universidad pública de las malas mañas del partidismo.  La lucha debe continuar con diálogos multi-sectoriales hacia esa reforma.  El apoyo a un salario digno para los profesores por contrato también debe ser parte de la agenda estudiantil.  Junto a esto, la matrícula ajustada, aceptada por la administración y por importantes voces del liderato político, debe ser acogida y afinada por los estudiantes.  Es puro ajenjo la idea de que la matrícula debe ser gratuita.  En un país con una abismal desigualdad económica y donde la evasión contributiva es la orden de abril para los gerifaltes y sectores adinerados, la matrícula gratuita es un regalo de los asalariados a los ricos.  Y cuando se consigna que, en la era globalizada, el trabajo es cada vez más un calabozo de precariedad, que el precariado subvencione a los privilegiados es un neoliberalismo al revés:  una idea opresiva postulada por las víctimas.

Pero aún estamos dentro de los muros universitarios cuando lo imperativo es un proyecto de país que aúne, de forma organizada, las ideas dispersas en esa riqueza de resistencias esparcidas en la sociedad puertorriqueña.  Necesitamos propuestas de desarrollo económico, de protecciones ambientales, de levantar un inventario de todos los desfalcos del pasado para buscar resarcimiento y señalar responsables.

La Unión de Juventudes Socialistas, organización en la que milité en mis años universitarios, desde su visión y a pesar de su debilidad, entiende muy bien la magnitud de la herrumbre. El país se desangra y descascara.  La Colectiva Independentista Radical también la entiende.  Confieso que no sé si la mayoría del estudiantado ha internalizado que la junta, la deuda, la quiebra y los tahúres gubernamentales forman parte de un entramado más ensombrecido que el Titanic después de su encuentro con el iceberg.

La asamblea estudiantil del Recinto de Río Piedras tiene la oportunidad de deliberar sobre lo urgente.  Si entiende que hay fuerza suficiente para mantener una huelga indefinida, mis mejores deseos de éxito.  Si tal no fuera el caso, debe quedar claro que interrumpir una huelga no equivale al cese de una lucha ineludible.

Aquí propongo unas ideas que, me parece, reflejan el sentir de algunas organizaciones y profesores comprometidos con la justicia social y la educación pública. Con la salvedad de que la oposición implacable a recortes y a la privatización de recintos no es negociable, lo que sigue es solo una posible ruta para acciones inmediatas:

Continuar apoyando toda gestión de diálogo entre universitarios y administradores. Celebrar un referéndum en todos los recintos, colegios universitarios públicos y centros de trabajo que demuestre la contundencia del apoyo a la auditoría de la deuda.  Idealmente, esta propuesta debe también llevarse a las universidades privadas.

Incluir en dicho referéndum una sección donde los estudiantes voten por candidatos universitarios para la presidencia y rectorías del sistema público para dramatizar el repudio al partidismo.

Organizar, junto a sindicatos y a toda la amplia gama de organización cívicas que confrontan la lógica neoliberal, conferencias sobre la reforma universitaria, la globalización, el neoliberalismo, las experiencias de jurisdicciones que también han pasado por el bisturí de la quiebra, y separar días para esta educación que tanto hace falta.  Estas conferencias deben ser transmitidas al país.  La administración debe apoyar este esfuerzo.

Coordinar con organizaciones de la diáspora la celebración de actividades que divulguen la situación nacional.

En coordinación con organizaciones obreras, apoyar el principio de paros relámpagos por facultad, recintos, y centros de trabajo como formas que interrumpan la normalidad que la Junta intenta imponer. 

La asamblea estudiantil puede refrendar estas ideas junto al compromiso de continuar la lucha cívica en coordinación con todos los grupos de la resistencia dentro y fuera de Puerto Rico.  La debacle es nacional y se impone una respuesta nacional.  No es justo que los estudiantes, como en el 2010, se queden solos.

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