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Por El Nuevo Día
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Bonistas y unionados

 Estos gobiernos ni tan siquiera crearon un consejo de economistas -libres de conflicto de intereses- para orientar las políticas económicas como hacen la mayoría de los países.

 Cuando finalmente el Gobierno actual diferencia sus políticas económicas, aparecen los apologistas de los bonistas y de los unionados gubernamentales arguyendo que “hay que cumplir con la palabra”. Estos apologistas hablan de los bonistas, que tenían rendimientos altos con exención impositiva triple, como si fuesen pobres comerciantes -tipo colmados de antaño- que desinteresadamente le prestaron al Gobierno. ¿Dónde existen inversiones sin riesgos?  No serían las primeras o últimas inversiones que terminan con menos ganancias.  

 Otros defienden a los unionados de las corporaciones públicas, cuyos salarios triplican en promedio los salarios de todo nuestro sector privado, como si fuesen trabajadores de salario mínimo con una alta productividad. Ambos, los bonistas y los unionados de estas corporaciones, secaron el seno dócil del pueblo. Por ejemplo, la nómina y el servicio de la deuda de la AAA representan respectivamente el 42% y el 33% de su presupuesto. 

 Necesitamos que el Gobierno cumpla con las primeras y más importantes palabras: “primero la gente” y “el Gobierno para y por la gente”.  

 El mercado trata al Gobierno como chatarra desde hace años, no hay nada que ganar con ellos. Los unionados saben que el pueblo ya no los apoya. Es hora de remover excesos y priorizar un desarrollo para todos.

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