Edwin Sierra González

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Por Edwin Sierra González
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Boricua perseguido por la colonia

Por razones variopintas muchos puertorriqueños eligen continuar estudios graduados en Europa. Aquellos atraídos por las letras, la filosofía y las artes ven en Europa una mina de desarrollo y oportunidades que permiten conectar con esa esencia humanística que buscan. La influencia de Europa como modelo occidental en muchas áreas de la vida académica, cultural y social surte este efecto. 

Sin embargo, cuando se comienza la travesía, es como un idilio amoroso que va quebrándose a pasos al enfrentarnos a una realidad que muchos no están conscientes, o porque sus fronteras se circunscriben a las estadounidenses, porque no les interesan o la pasan por alto. 

Un puertorriqueño en España es un todo a medias, porque aunque algunos se empeñen en evitarlo, la realidad colonial nos persigue en todos los pasos. Políticamente, fuera de nuestras fronteras, el puertorriqueño no existe, pues nuestra ciudadanía es homologada a nuestra nacionalidad. Es interesante como se reconoce a la nación, pero no nuestro estado, garantizador de una ciudadanía, por lo que nuestra nacionalidad es, erróneamente, para ellos y quizás muchos otros, la estadounidense. 

Eso significa que es el cuerpo diplomático de EE.UU. quien debe responder y servir a los puertorriqueños que se encuentran en el extranjero. ¿Y si ello no ocurre? Lamentablemente no ocurre en ocasiones. 

Durante una conversación en el Consulado de EE.UU. en Sevilla respecto a materia fiscal, el consulado no supo responder a mis cuestionamientos sobre obligaciones tributarias. Al indicarle que venía de Puerto Rico, una colonia, y no de un estado federal, el empleado, tras varias consultas, se limitó a indicarme que no tenía conocimiento de cómo funcionaban en mi caso las obligaciones tributarias ni la seguridad social, por lo que debía dirigirme a la embajada en Madrid. 

¿Dónde más ocurre esto? Es deber de todo puertorriqueño preguntarse qué lugar ocupa nuestro País dentro del sistema estadounidense. ¿Dónde más no hay respuestas para nosotros? 

Tras más de un siglo, el cuerpo diplomático que “nos representa” no tiene respuesta para un puertorriqueño en el extranjero. Tanto en casa, como en el extranjero, la ciudadanía que nos enseñan a idolatrar, nos hace sentir, y nos recuerda, que somos de segunda clase y no una prioridad. ¿Somos prioridad para nosotros mismos? Esa es la pregunta…

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