Arturo Massol Deyá

Tribuna invitada

Por Arturo Massol Deyá
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Cero protección ambiental

El extremo recorte fiscal a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal se suma a una mordaza impuesta con un nuevo jefe que representa todos los valores opuestos a la posición que ocupa. Allí se conjugan todos los contrarios con una agenda clara y peligrosa. Se trata de destruir una institución que nace de una era en la que graves desastres ambientales comprometieron los recursos naturales y la salud de muchas personas. Nació en los años setenta, cuando no se regulaban ni pesticidas ni materiales peligrosos y cuando la impunidad de los responsables de contaminar era lo más natural del mundo. Poco importaba la destrucción de la capa de ozono o que un derrame de petróleo contaminara algún cuerpo de agua.

Esta agenda de desmembrar lo que unos interpretan como ‘escollo’ a la agenda del capitalismo salvaje se parece algo a la situación que vive la Universidad de Puerto Rico. Fiscalmente la intentan ahogar y es que en Puerto Rico no son las agencias públicas locales las que cuestionan el desarrollo. No, acá son científicos, profesores, estudiantes y otros quienes levantan conocimiento y pensamiento crítico y que además –en ocasiones– están dispuestos a unirse a las comunidades organizadas. Al menos los estudiantes dan cátedra de esto último.

En el caso de la EPA, su presencia en nuestra Isla ha sido agridulce. Representa una imposición colonial, pero impone normativas importantes en el contexto de una república, una colonia o estado federado. Por ejemplo, la Ley de Aguas Limpias establece una política de avanzada que es vital acoger, venga de donde venga. No son pocas ni triviales. Al contrario, son muchas las instancias de buenas políticas federales que persiguen el bienestar ambiental. Mejor ambiente, mejor salud. Además, en nuestro contexto, esta agencia representa un filtro de evaluación ambiental importante especialmente en un país de graves vacíos institucionales y espacios ocupados por la corrupción y el clientelismo.

El problema acá ha radicado cuando esta agencia incumple particularmente en situaciones donde afloran claras injusticias ambientales o de racismo ambiental. Lo sufrimos en Vieques con la Marina y lo seguimos sufriendo tras su salida. A pesar de tener plena jurisdicción, la EPA puede sentarse a contemplar por años el mal manejo del antiguo polígono donde una laguna en su mismo centro tiene un canal abierto descargando al Mar Caribe todo lo que tiene. Y no son flores. Basta asomarse, y por las bombas oxidadas y la ausencia de bio-indicadores (ni larvas de mosquitos) se sabe que medidas de contención es lo mínimo que esta agencia debería imponer allí. Incumplen y se hacen de la vista larga cuando así lo deciden.

Este panorama se complica acá, pues ese debilitamiento institucional se une a una nueva política (PROMESA) de emitir permisos sin las debidas consideraciones ambientales. Además, para juntar la sed con el hambre, emisarios radiales o medios de comunicación se dedican a ‘vender’ proyectos como si se tratara de ropa interior o de un refresco. Su agenda incluye menospreciar y estereotipar a aquellos que cuestionan, a los que levantan la bandera de alerta y están dispuestos a dar cuerpo y alma para hacerse escuchar. Esa agenda sesgada y organizada domina a estos comentaristas, abogados y simplistas a sueldo que, día tras día, envenenan a un pueblo con argumentos miopes sin mirar ni entender el paisaje amplio de ciertas propuestas de desarrollo insostenibles y sus consecuencias más allá de lo evidente e inmediato.

En la colonia, la protección de nuestros recursos naturales ha sido un enfrentamiento continuo del pueblo con un gobierno extranjero que ve a la isla como una propiedad de real estate y dispone o deja disponer a un gobierno local de sus recursos a mansalva. El capital habla, la salud y el ambiente es secundario.

Para nuestra fortuna, la conciencia ecológica colectiva se ha robustecido, lo que representa un gran contrapeso social. Tocará a la gente y sus comunidades seguir asumiendo la desigual tarea de proteger la viabilidad geográfica de nuestra isla. Si algo tenemos claro es que los llamados a velar por nuestros intereses no lo harán por nosotros. 

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