Antonio Mignucci

Tribuna Invitada

Por Antonio Mignucci
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Delfines que sorprenden a bañistas en Fajardo

En días recientes hemos visto una conmoción en las redes sociales con la visita de un delfín en la isla de Icacos en Fajardo. El delfín nadó entre bañistas para el deleite de estos y los que observaban desde las lanchas ancladas en la costa.

Estos sucesos son raros en Puerto Rico, aunque no ausentes en la historia de nuestra isla. Cuando comencé a estudiar mamíferos marinos en el 1985 como estudiante subgraduado de la Universidad Estatal de Colorado, mi primer informe sobre estos animales fue el documentar un delfín amigable en isla Vieques. Luego en el 1987 recuerdo yo mismo observar dentro del mar a un ejemplar curioso en la isla de Culebra. Otros eventos similares les han tocado a buzos, surfers y kayakeros a través de los años.

Ante estos encuentros con “Flipper,” es importante repasar ciertos aspectos de la vida de los delfines para que responsablemente podamos disfrutar del regalo de la naturaleza de ver de cerca a estas especies en nuestra Isla.

Los delfines son mamíferos gregarios (viven en grupo) con relaciones sociales jerárquicas y cerradas con sus miembros familiares y de su grupo. Casi nunca se separan unos de otros, y si lo hacen, como en el caso de Icacos, podría ser un animal juvenil macho que fue desplazado del grupo por mal comportamiento.

Recordemos que son animales silvestres, no entrenados, y de gran tamaño. Un delfín de la especie Tursiops truncatus, a la que pertenece el delfín de Icacos, puede llegar a medir entre 7 y 11 pies de largo y pesar entre 400 y 700 libras. En su boca, alberga unos 88 dientes cónicos y filosos para atrapar su presa favorita, peces y calamares.

Su poderosa cola los lleva a nadar en el agua a gran velocidad, hasta unas 24 millas por hora (7 veces más rápido que los mejores nadadores olímpicos), proveyendo fuerza suficiente para saltar hasta 20 pies de alto.

Ante un majestuoso animal como este, por más sonriente que se vea, es de suma importancia no acecharlos o tocarlos. Los delfines, especialmente animales juveniles y machos en estado silvestre pueden ser agresivos o tan solo con su fuerza natural y dientes filosos, hacer daño sin querer a un humano joven y “flacuchento” tratando de nadar con "Flipper".

Es importante nunca ofrecerle comida. No lo necesitan ya que han sido capaces toda su vida de cazar su propio alimento vivo. Ofrecerle pescado u otro alimento humano lo único que hace es que se acostumbren al ser humano y los exponga a peligros de intoxicación o dejar de buscar su propio alimento. Delfines silvestres que han sido alimentados se tornan un tanto dóciles, pierden miedo a las hélices de las lanchas, están expuestos a enfermedades y al final, viven del mantengo que les ofrecen los humanos. No una buena situación para el querido Flipper.

Los delfines, al igual que las ballenas y manatíes, son protegidos por leyes locales y federales, las cuales prohíben la interacción con ellos, el acecharlos, hostigarlos, tocarlos u ofrecerles alimento o agua.

Ante todos esto, nos preguntamos, ¿y qué puedo hacer si me encuentro con un delfín en la costa? La recomendación primordial es respeto y de ahí parte todo. Si estás en tu lancha, pon el motor en neutro y disfruta de observarlos. Si estas en el agua, yo me saldría del agua para verlo mejor y buscar mi cámara o teléfono y sacar una buena fotografía del encuentro. Pero si quieres permanecer en el agua al lado de un animal silvestre que es cinco veces tu tamaño, por lo menos mantente en el mismo sitio quieto sin perseguirlo o tocarlo. Si es en verdad curioso, el vendrá a ti y te “mirará de rabo a cabo” con su bio-sonar (ecolocalización). Pero mantén tus brazos y manos junto a tu cuerpo y no intentes tocarlo (tus deditos le parecerán sabrosos peces). Sobre todo, respeta su espacio, respeta su naturaleza silvestre.

A todos nos fascinó Flipper, Winter, Hope o los delfines que hemos visto en películas, televisión o en los acuarios. Los delfines silvestres también sonríen como los de cautiverio, pero no están amaestrados o dan besitos a petición de un entrenador. Si Flipper decide visitarte en la playa, respétalo por lo que es, un animal en su forma más natural con una gran inteligencia y un poder grandísimo de hacerte decir “ooohhh,” o decir “auuchh.”

El doctor Mignucci es catedrático de ciencias marinas de la Universidad Interamericana y director del Centro de Conservación de Manatíes de Puerto Rico.

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