Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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Desangre

“La economía es bien curiosa”, escribía el grande de Juan Gelman. “Los sueldos de la ternura son bajos”.

Aunque no lo parezca, yo sí entiendo que la economía sea, no solo ideológica sino también emotiva. Por eso a veces nos excedemos en nuestros análisis económicos. “Son un chorro de vagos y mantenidos” y “el puertorriqueño no quiere trabajar”, son algunas líneas muy populares. Ante la disposición de PROMESA de reducir el salario mínimo de los jóvenes a $4.25 creo importante que abordemos nuestro análisis sin tanto adjetivo y emotividad. No, no somos vagos. El gobierno no ha incentivado el trabajo formal. Por el contrario, nuestro sistema contributivo y el costo de vida en Puerto Rico lo desincentivan por completo. Así las cosas, tomamos decisiones racionales. Lo hemos hecho siempre y, de implantarse esta lunática reducción de salario a los jóvenes (lo cual me cuesta creer que ocurrirá), lo haremos aún más.

No es que los jóvenes no quieran trabajar. Es que, por $4.25 la hora, es más que evidente que a la mayoría no le valdrá la pena hacerlo formalmente. No hay que tener un doctorado para saber que, para ganarte $34 diarios (si es que trabajas 8 horas al día) menos los descuentos correspondientes, mejor te vas a la luz a vender botellas de agua, aguacates, te pones a arreglar patios, lavas carros, casas, haces bizcochos o hasta cantas en una barra. No es que seas malagradecido y no tengas ética del trabajo, es que todo esfuerzo requiere de una motivación relativa que lo provoque. Buscas la mejor opción para ti. Eso no es malo. Es una decisión racional que millones de puertorriqueños han tomado a lo largo de sus vidas para evitar tener que invertir energías y recursos en un trabajo que, por más empeño y ética que tengas, te va a dejar bajo el nivel de pobreza.

Cuando vayamos a hablar de changuerías, de mantenidos y vagos, sugiero que empecemos por Monsanto, Pioneer, Hi Bred y otras multinacionales a las que el gobierno de Puerto Rico les otorgó más de $519.7 millones en fondos públicos e incentivos durante los últimos diez años. Esos no están sobreviviendo. Esos nos están explotando mientras nos desangramos.

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