Mariana Iriarte

Tribuna invitada

Por Mariana Iriarte
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Deudocracia

Desde hace algunas semanas un grupo de personas proponen en las redes sociales radicalizar la democracia. Sostienen que el problema que atraviesa la Isla es más bien de tipo político. Por el contrario, el gobernador, en un mensaje donde anunció que la deuda pública es impagable, repetía que no se trata de política y que, en cambio, se trata de matemáticas, convencido de que sería un recorte en los números lo que nos libraría de nuestro destino apocalíptico.

La devaluación de lo político y de la participación ciudadana han provocado que entreguemos la discusión y deliberación de los problemas públicos a un grupo de “expertos” que parecieran guardar un pote de soluciones mágicas. Inmediatamente, porque (mal)entendemos que “se trata de matemáticas y no de política”, comisionamos informes con recomendaciones a economistas de renombre que nos traen el menú tradicional de recetas neoliberales disfrazadas de cocina creativa. Recortes en los salarios, beneficios marginales mínimos, reducción de bonos de navidad y horas extra, flexibilización laboral, privatizaciones. Recetas que no han contribuido a aminorar la crisis en los países donde se han implementado y que, por el contrario, han profundizado la desigualdad social.

Así, la deuda comienza a redefinir nuestros arreglos institucionales. Se valida la modificación de los sistemas de retiro y de los beneficios de los empleados públicos a la vez que se aumentan los impuestos, se achican los servicios y se cierran escuelas. Al fin y al cabo “se trata de matemáticas, no de política” repetimos. mientras que con el mantra dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en deudores. Se inserta en el inconsciente colectivo la creencia de que todos somos igualmente responsables de la deuda. La democracia es reemplazada por la “deudocracia”. Ya no compartimos el País, compartimos la deuda.

Sin embargo, en el fondo, sabemos que no todos somos responsables de lo que benefició a unos pocos. La auditoría ciudadana es una herramienta poderosa que tenemos para estudiar la deuda pública y determinar qué porción de ésta es ilegítima o ilegal antes de continuar con los pagos a cargo del colectivo.

Para ello es importante recobrar la calidad de ciudadanos que la “deudocracia” nos ha robado. Es imprescindible recuperar el País, hablar con los vecinos, los compañeros de trabajo, las madres y los padres en las escuelas, radicalizar la democracia.

Si no rescatamos nuestra ciudadanía continuaremos dependiendo de las recetas de los expertos de las medicinas amargas. Tomar las riendas del País en sentido amplio es urgente, de otra manera la “deudocracia” seguirá poniendo la deuda primero que a la gente.

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