Eduardo Lalo

Isla en su Tinta

Por Eduardo Lalo
💬 0

El imperio del populismo y la superficialidad

En los últimos días del año, leí en un reportaje de este diario, que el saliente gobernador Alejandro García Padilla acusaba a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, de ser populista y superficial. La acusación me resultó osada y, a la vez, deprimente por su patetismo.

García Padilla culminaba de esta manera un cuatrienio de pesadilla, sin poder ni siquiera postularse a la reelección. Sus buenas intenciones y sus creencias chocaron una y otra vez contra la deuda y la inexistencia del ELA. Ni sus propuestas ni sus frecuentes alocuciones estuvieron a la altura de las circunstancias y, en realidad durante los últimos dos o tres años de su mandato, mostró haber perdido el control del país. Daba la impresión que los eventos siempre le madrugaron y lo dejaban en babia.

Su gobierno fue el último de la era mitológica del ELA. De muy poca utilidad resultaron sus referencias al padre fundador del partido y la confianza cegata en el “socio” del norte. Durante el cuatrienio que termina, naufragaron en la obsolescencia las imágenes y las ideas rectoras del Partido Popular. Aludir a Muñoz equivalía, en su pertinencia, a referirse a Napoleón; imaginar que el ELA era algo reconocible, aceptable y funcional, resultaba tan apto y práctico como proponer el uso de la máquina de escribir en la era de las computadoras.

Si algo resulta chocante en la acusación del ex gobernador a la alcaldesa de la capital es justamente la naturaleza de su contenido. El bipartidismo del país sería imposible de comprender sin su populismo. Los dos partidos que se han turnado en La Fortaleza y que han sido responsables protagónicos del mal gobierno y la corrupción, que nos han llevado hasta la deuda de proporciones impagables, no han tenido otro prisma para entender y manipular a sus electorados, que el del populismo. La revolución pacífica o la estadidad para los pobres, fueron elocuentes formulaciones de esta concepción de la estrategia política. Esto ha sido a tal punto pernicioso en nuestra sociedad, que casi nadie entre los candidatos y el pueblo, pueden concebir la política fuera de estos términos. Por ello, en las campañas y en la cotidianidad del gobierno, se prefiere no hablar de la situación real y de un plan efectivo para enfrentarla y, en su lugar, se esbozan ofrecimientos en los que se intercambiaría la lealtad por una carretera repavimentada, el entusiasmo por un encendido navideño, el fanatismo por la fe en una estadidad próxima y milagrosa. La pobreza conceptual de nuestros políticos nos ha llevado a las miserias del populismo bipartita. En este callejón sin salida, reptan bestias harto conocidas: la ignorancia, la pobreza, la corrupción, la bancarrota económica e ideológica.

Contrario a lo que piensa García Padilla, cuando ataca a Carmen Yulín, populismo y superficialidad no son cosas que pueden listarse una después de otra, sino que en la primera idea ya se encuentra la segunda y, por ello, la política populista no podría existir sin superficialidad. Si se quisiera expresar de la manera más sucinta, el grueso de la historia política de Puerto Rico, habría que afirmar, ha sido y es la práctica obstinada de la superficialidad.

A mi parecer, es por estas circunstancias que los funcionarios electos del país tienen tal predilección por los gestos vacuos, a los que infunden solemnidad y aventura, creando un simulacro de acción voluptuosa. El recién inaugurado gobernador Ricardo Rosselló juró defender las leyes del Gobierno de Puerto Rico y no las del ELA; el Senado flamante cambió la bandera del país en el hemiciclo y la sustituyó por otra de un color equivocado. Son gestos, nada más que gestos, porque la superficialidad no dispone de más. Ésta será la estadidad inmediata que ha prometido el nuevo mandatario: la de un catálogo de gestos banales, absurdos, irritantes, que pretenden convencer que lo que no se conseguirá nunca está a la mano y que él es el caudillo que obrará el milagro. Pero, en realidad, el Gobierno de Puerto Rico o ELA es lo mismo: una colonia, y el cambio del auténtico azul añil por el falso azul marino no añade una estrella a la bandera estadounidense, pero sí aumenta las cuotas de populismo y superficialidad que se repetirán hasta provocar náuseas en los programas radiales de la próxima semana.

No hay más. No pasa más. No ocurre nada, excepto el cacareo de los gestos grandilocuentes y temerarios. Sino que se lo digan al alcalde de Guaynabo, cuyo “Guaynabo City” ha sido adoptado masivamente por los hablantes, porque al hacerlo se dice a la vez un toponímico y un chiste. No hay quién no pronuncie este nombre de pueblo sin un comienzo de sonrisa que culminará en una mueca de sarcasmo. Para su desgracia Héctor O’Neill descubrió con su superficialidad la manera expedita de convertir en ridículo cualquier referencia a su feudo.

Puerto Rico no está para juegos verbales, para cambios de membretes en el papel de cartas, para imaginarias escuelas bilingües en un sistema educativo en que seis de cada diez alumnos abandonan las aulas antes de graduarse.

En su discurso de toma de posesión, el gobernador Rosselló listó quince medidas que operarían como conjuros, pretendiendo así transformar la realidad de inmediato. Por ello, probablemente, juramentó a las 12:01 am. Era un gesto, el gesto del apurado. No obstante, cualquier corredor de fondo sabe que se gana en la meta y no en la línea de salida.

Todo indica que da inicio un intenso cuatrienio de gestos. El papel y las pantallas aguantarán lo que les pongan siguiendo la conocida e inefectiva gestión del populismo y la superficialidad. Lo fundamental, las acciones verdaderas, de peso, una vez más quedarán ausentes.

Dejar atrás estos gestos implicaría cuestionar con fuerza el colonialismo estadounidense en Puerto Rico, con sus Leyes de Cabotaje, sus impedimentos para nuestra auto representación, nuestra falta de poderes, la Junta que se nos impuso. Aquí los gestos tendrían otro tenor: no serían narcóticos, sino acciones que buscan el cambio y el poder.

Pero esto no ocurrirá ahora. El 2 de enero de 2017 se transmitió un poder inconsecuente de un gobernador agotado a uno flamante, pero también, de una superficialidad intelectual y política atroz. He aquí, en su forma clásica, la continuidad del bipartidismo. Ante la ausencia de contenido, ante la avalancha de los gestos que vendrán, no se nos ofrecerá más que el expolio. No ha acontecido cambio alguno. En los próximos cuatro años Puerto Rico no se descolonizará en un ápice, los problemas se agravarán y la Junta se impondrá por la fuerza con la complicidad del gobierno.

Nuevamente estaremos en el imperio del populismo y la superficialidad al que aludió en su ataque a la alcaldesa García Padilla. Desde La Fortaleza y la Legislatura nos hablarán con las manos, con el color azul, en espanglish y, una vez más, no pasará nada.

Otras columnas de Eduardo Lalo

sábado, 15 de abril de 2017

Dienteeperros

El escritor Eduardo Lalo, citando al ilustre Nemesio R. Canales, argumenta sobre los espacios mediáticos destinados al comentario sobre el acontecer del País.

domingo, 9 de abril de 2017

Betances el regresado

El escritor Eduardo Lalo comparte su ponencia con motivo de la presentación de la presentación de los 15 volúmenes de las Obras Completas de Ramón Emeterio Betances esta semana en el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico.

sábado, 1 de abril de 2017

La mente en blanco

El escritor Eduardo Lalo asegura que los políticos en este tiempo no tienen más que una mente en blanco y no le hacen frente a la realidad territorial de la Isla.

sábado, 18 de marzo de 2017

Hibris

El escritor Eduardo Lalo pasa revista de la aprobación del Plan Fiscal del gobernador Rosselló ante la Junta de Supervisión Fiscal esta semana y señala que este gobierno aún deja el mismo hibris de pasadas administraciones del País.

💬Ver 0 comentarios