Aníbal Yariel López Correa

Tribuna Invitada

Por Aníbal Yariel López Correa
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Falta de compromiso con el fortalecimiento de la UPR

Liderar instituciones en momentos de paz es algo muy sencillo y que se demuestran los verdaderos compromisos en los momentos críticos y de turbulencias. En momentos de tanta turbulencia para la UPR, como el actual, se configuró el mejor momento para que su liderato académico-administrativo le presentara al país una institución académica creativa y capaz de enfrentarse a los retos que supone una Junta de Supervisión Fiscal.

Ese ejercicio de presentar a la UPR como solución conllevaba ser el motor para proponer las políticas públicas que debían aprobarse para que Puerto Rico saliera de la crisis económica. Requería asumir una cultura de transparencia en el uso de los fondos públicos, establecer un clima democrático para enfrentar los retos y en caso de requerirse ajustes, elaborar un ejercicio pensado de cómo hacerlo sin afectar a los sectores más vulnerables de la comunidad universitaria y del país.

Entre las políticas a adoptarse estaba el desarrollar el esquema para que la UPR le brinde los servicios de tutorías al Departamento de Educación, la estructura organizacional para que la UPR le brinde los servicios de asesoría al Gobierno de Puerto Rico. De igual forma, demostrar con la mayor contundencia la importancia de que el Edificio de Ciencias Moleculares y sus laboratorios brinden los servicios de control de calidad en el desarrollo de la industria del cannabis medicinal. Por el lado de los cortes, el cuerpo de Rectores y Rectoras debió hacer un ejercicio ponderado para identificar qué puestos de confianza podían ser fusionados o reducidos ya fuera para liberar recursos universitarios o para poder atender más estudiantes.

No obstante, la posición fue otra. La posición fue estar en un proceso de negación durante toda su estancia en los puestos. La posición fue negarse a proponer ideas para solucionar la crisis económica del país. La hoy renunciante alta plana, salvo la Vicepresidencia de Asuntos Estudiantiles y la Rectoría interina de Río Piedras, decidió identificar aumentos en la matrícula y recortes a las exenciones del estudiantado, reducciones en las aportaciones de los planes médicos a pensionados, congelación de las plazas de profesores y eliminación de las reservas para mejoras permanentes. Le hicieron caso omiso al reclamo de reestructuración de la comunidad estudiantil y de la Asociación de Juntas de Gobierno de Estados Unidos para reducir la alta nómina en puestos de confianza y para reducir una Administración Central que no se justifica.

En cambio, cuando esa alta plana decidió proponer recortes, lo hicieron sin la debida transparencia ni coherencia. Por eso, recibieron el contundente rechazo a sus propuestas de recortes y ante los aires de movilizaciones decidieron renunciar argumentando que no estaban dispuestos a hacer los cortes. Así que, más que las grandes defensas de autonomías universitarias o de compromisos con el país, hay que reclamarle que su falta de compromiso con el fortalecimiento de la UPR les ha hecho partícipes de abrir las puertas al juego político.

La omisión con su responsabilidad universitaria y su desinterés en fortalecer el proyecto universitario frente a los retos que se anticipaban hace más de cuatro años les hace tan cómplices como quien proponga quitarle $300 millones de dólares a la educación universitaria pública. Lamentablemente, en ese marasmo quedan secuestrados los proyectos para construir una universidad pública más abierta y más accesible para los sectores más vulnerables del país que se gestaron desde la comunidad estudiantil. Nuevamente, los sectores más vulnerables siguen bajo la amenaza de ser los más perjudicados en estos cálculos políticos.

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