Pedro Reina

Punto Fijo

Por Pedro Reina
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Honesta historia de Carlos Weber

La memoria es siempre un asunto latente. Nos acompaña como una mochila invisible en la que se alojan objetos, sentimientos, recuerdos. Unas veces liviana y otras veces pesada, su presencia en nuestra espalda es un trámite pendiente que reclama constantemente nuestra atención. Pensé en esto cuando asistí a la presentación del documental “Cuentas Pendientes”, realizado por Arleen Cruz Alicea, y que narra la historia del periodista chileno Carlos Weber, una de las voces más emblemáticas de la televisión en Puerto Rico.

La suya es una historia de desgarres que comienza con el golpe militar que en 1973 le arrebató a Chile el gobierno democráticamente constituido para luego sumirlo en una historia de violencia y sangre. Weber fue apresado, torturado y expulsado, y comenzó un largo viaje que tuvo su parada final en esta isla. Las preguntas, las deudas, los silencios, sin embargo, lo obligaron a retornar no sólo a su país sino al territorio cenagoso de la memoria y esa es la historia que la película relata con gran acierto.

Hago una importante confesión: no sabía que Carlos Weber era chileno. Pese a que tiene un acento muy evidente nunca supe a ciencia cierta su lugar de origen hasta que escuché esta historia que me conmovió tanto por sus antecedentes como por la manera en que se narra en la pantalla. Fue el golpe militar chileno mi primera toma de conciencia política. Mi madre en aquella época cargaba consigo una edición de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda, ilustrada con desnudos de mujer bellamente dibujados al carboncillo, que concitaban mi atención y ella, preocupada por mi precoz interés artístico-literario procedió a arrancarlos para aplacar mi curiosidad —pero con el efecto contrario.

La experiencia del libro mutilado se grabó en mí junto al conocimiento del poeta y su obra, trágicamente fallecido a pocos días de ocurrido el golpe. Chile en 1973 pasó a formar parte de mi memoria y por consiguiente de mi propia mochila. La historia de Weber tomó un nuevo significado, personal y muy sentido.

La propuesta cinematográfica de Arleen Cruz Alicea acompaña a Weber en un viaje de retorno que recorre con la cámara, no solo el territorio de la geografía personal sino también su incursión al terreno de los afectos silenciados, procurando aquella última oportunidad para articular las preguntas que no se han hecho. En la propuesta de Cruz, Weber viaja a Chile y Argentina en plan de búsqueda, sin saber a qué se expondrá ni cómo será recibido. El resultado es una película franca y honesta que no le huye al dolor y tampoco a la ausencia.

Destaco este estupendo trabajo, presentado por primera vez en esta circunstancia histórica inédita, porque los valores que le dieron vida a la película son aplicables a la coyuntura que vive la isla en este momento. La pasada elección del 8 de noviembre fue el simulacro de normalidad más absurdo de la historia reciente.

Pensar que con la Junta de Control Fiscal la entrante administración podrá resolver algo sin hacer genuflexiones humillantes es tan absurdo como pensar que al cielo se accede por escaleras y cosas por el estilo. No obstante, fuimos, votamos y ahora nos aprestamos a sumergirnos de lleno en la Navidad, olvidando que la casa arde por los cuatro costados.

Ante eso, presenciar una película que no procura escondites para tramitar un viaje esencial y doloroso, pero que se afirma en la confirmación del amor y la solidaridad como reinvindicaciones, es un acto político que merece todo el respeto. No se la pierdan.

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