Lyanne Ortiz Roman

Tribuna Invitada

Por Lyanne Ortiz Roman
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¿Infiltrados en la marcha del 1 de mayo?

A eso de las nueve y media de la mañana del 1 de mayo de 2017, formé parte de una manifestación brutal e imborrable. Debo admitir que la adrenalina me invadía, pero no debía seguir opinando desde de mi celular.  Me uní a miles y miles de puertorriqueños cansados de que nos utilicen como sus títeres.  Fueron horas de un mar de emociones vividos, y la más hermosa manifestación de un pueblo unido.

Debo admitir que minutos antes de comenzar a marchar, presencié el paso de un grupo de personas, hombres y mujeres, “encapuchados”, vestidos de negro, algunos con mascarillas para los gases lacrimógenos, otros con “palos” largos en sus manos, bultos pesados a sus espaldas, y unas miradas intimidantes. No puedo precisar cuántos, pero caminaban en filas, y recuerdo que a su paso una señora le hizo honor como le hacen al paso a los militares. Lo que me pareció extraño es que en el bando donde me encontraba, los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico ante su paso se asombraban, los desconocían, y el público presente se intimidaba. Me pasó por la mente lo inevitable: “Esos no son estudiantes, sabrá Dios quienes son”. No sería la primera vez en la historia puertorriqueña que se envía a personas contratadas para manchar la imagen de los manifestantes, en especial la de los estudiantes. ¡Prohibido olvidar!

Aun así, cuando estamos rodeados de miles de personas, no invade miedo alguno. Todo lo contrario, te sientes invencible. Continuábamos caminando, con carteles elevados, y manifestando expresiones tales como: “Once Recintos, Una UPR”, “Únete, Únete”, “Policía, Únete” “Suelta el celular y vente a caminar”, “Seco o Mojao’ el Pueblo esta montao”, “Enchumbao’, pero nunca arrodillado”. No faltaron las dirigidas a las agresiones de Oneill, a la Junta de Control Fiscal y a la ausencia del Gobernador. Caminábamos unidos, entre lluvia, sonrisas, y cautivando la mirada de muchos desde afuera. Mientras marchábamos, más me convencía de que llevábamos el mensaje de manera correcta. 

A mitad del transcurso de la marcha, mientras todo procedía con tranquilidad, llegaron nuevamente los “encapuchados”, y fue ahí que sentimos pedradas dirigidas a los cristales de un edificio. Nosotros, los estudiantes, en repudio de dicho acto de violencia y vandalismo, le gritábamos que no lo hicieran, que así no nos representaban y pedíamos por paz. Claramente, aquellos estudiantes que habíamos marchado por minutos, no éramos los que estábamos violentando la ley. Esos “encapuchados” tenían todo fríamente calculado, y no le temían a nada.  Luego,  procedieron a escribir ‘grafitis’ en un edificio público y fue así como los ánimos se comenzaban a caldear. Estas personas cubrían sus rostros en todo momento. Desconocemos quienes son. Por tal razón, debemos ser objetivos con el transcurso de los sucesos, y no con la opinión general. Si algo tengo claro, es que ellos no representaban ni un 3% de los que marchábamos pacíficamente.

Aun así, el punto culminante del Paro Nacional fue otro. Observaba edificios protegidos, y otros todo lo contrario, sin ninguna vigilancia. En algunos, cientos de policías y en otros, pocos o ningunos. Luego, comienzan a incrementarse las incidencias colectivas por los supuestos ‘encapuchados’ y no se les arresta.  Prefieren que continúen ‘delinquiendo’. La Policía actuaba de manera extraña, enfrentaban a los estudiantes, y a los minutos se retiraban. Demasiados pacíficos en comparación a otros años, pero demasiado ‘robóticos’, y los arropaba la inacción.

Esto levanta serias interrogantes: ¿Quiénes verdaderamente serán esos encapuchados?, ¿Por qué una vez arrestados, no se les retiro las máscaras?, ¿No tenía suficientes motivos fundados la Policía para actuar?, y, por último, ¿Cuándo, cómo y dónde prepararon la famosa demanda? ¡Impresionante! Qué rapidez, qué arte para redactar una demanda, en cuestión de minutos, sin ni tan siquiera haber terminado los actos que daban paso a la controversia. Al menos, pido que se comparta dichas destrezas de agilidad con el pueblo. Si la Justicia fuera así de eficaz siempre, si los procedimientos no fueran dilatados, qué genial, pero esta vez todo parecía planificado.

Por otro lado, ¿está indignado por lo ocurrido? Todos los allí presente asistimos de igual forma indignados por las actuaciones de los mandatarios del País y la Junta impuesta. Repudiamos la violencia en su totalidad, pero reconocemos que se violenta al pueblo, todo el tiempo.  Estamos invitados a indignaros a menudo con el niño abusado, con el adolescente usuario de drogas a tan corta edad, con la reincidencia, con el maltrato y abuso de los envejecientes, con políticos agresores sexuales, con la pornografía infantil, con la trata humana, con la criminalidad, con los desertores escolares, con los recortes en sus bolsillos, los recortes en la Educación, y con la corrupción.  

El puertorriqueño esta arropado de violencia a diario, pero nos indignamos solo por moda.  Honor a aquellos que se atrevieron salir de su zona de comodidad con unión y respeto, y marcharon por su País. A los encapuchados, el pueblo nos interesa saber quiénes realmente son, y quienes los envía a desvirtuar el mensaje.

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