Rosa del Carmen González

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Por Rosa del Carmen González
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Ka theta psi

La semana pasada realizamos el lazo humano como compromiso para luchar por la erradicación del cáncer de seno. El campus definitivamente se volvió rosado. Veía los rostros alegres de alumnas y alumnos valientes. Recordé mis años de estudiante en Mayagüez. Jamás imaginé que en el 2000 nos llamarían “babyboomers”. Éramos “teens” y eso nos colocaba en un lugar “superior” a los que pasaban de treinta. Tampoco podía pensar que eso de cumplir años era una “amenaza” para la mujer, no solo porque quisiéramos ser siempre jóvenes, también porque es uno de los factores que aumenta la probabilidad de padecer de cáncer de seno.

A la verdad que los senos son una de las características que nos ubican socialmente como mujeres. Muchas recordamos el afán por tener una copa mayor que doble A o A. Y me confieso entre las que alguna vez buscamos formas para rellenar el “brassiere”. La palabra “sostén” no era parte de nuestro vocabulario ni lo es ahora. En el Colegio de Mayagüez había fraternidades y sororidades. Casi todas para los estudiantes con recursos económicos. Los “becados” no teníamos dinero para ello. Por eso, inventamos nombres ilusorios para algunas de ellas. ¡No conocíamos las letras del griego! Las creamos, nos reíamos e intentábamos ingenuamente vengarnos un poco de quienes pertenecían a una sororidad real. En mi hospedaje escuché hablar de la “Ka theta psi”. Francamente fui motivo de risas por mi ignorancia. Al preguntar, una de las chicas me dijo “Ca’ teta así”, y con su mano hizo el movimiento para indicar unos senos grandes, que atrajeran las miradas de los ingenieros y agrónomos. Nadie nos alertaba sobre el cáncer.

Al hablarles a mis estudiantes antes de la marcha, se me ocurrió pensar que esos dos senos que tanto orgullo nos causan pueden encerrar una bomba de tiempo. Deseé que, además de marchar, tomaran medidas para reducir los riesgos, no fumar, cero alcohol, una alimentación menos procesada, un método de planificación familiar natural y menos contaminación ambiental. Creo que la abundancia de selfies contenían también esperanza.

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