Justo Méndez Arámburu

Tribuna Invitada

Por Justo Méndez Arámburu
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La descolonización de Puerto Rico no se pide, se ejerce

Puerto Rico vive una crisis muy aguda que angustia a mucha de nuestra gente. Miles de puertorriqueñas y puertorriqueños despiertan cada día en la inseguridad de cómo les irá, auto augurándose un mal día. Y el temor no es infundado. Hay una enorme inestabilidad laboral, nuestros derechos han marchado hacia atrás, se nos encarecen los servicios esenciales como el agua y la luz, las pensiones de nuestros viejos no están seguras. Los servicios médicos son uno de los negocios más lucrativos, y ya ni siquiera para la clase médica sino para compañías de seguros a quienes no les interesa nuestra salud. De los elementos más desgarradores son los cientos de miles de familias divididas por la emigración que no cuentan con los recursos económicos para visitarse.

En este momento de tanta desesperanza se nos ofrece la solución a todos nuestros males por vía de un plebiscito “para la descolonización inmediata de Puerto Rico” en el cual ganará la estadidad y, por arte de magia, todo quedará resuelto. Esto es jugar irresponsablemente con el dolor de nuestro pueblo.

Respetamos a las miles de personas que irán a votar por la estadidad porque han creído el cuento que les han hecho. Nos apena la desilusión que sufrirán, pero no podemos respetar a quienes les engañan como tampoco a las dos personas que se han prestado para inscribir los nombres MAS y Marchemos intentando validar el plebiscito.

La colonización es un asunto muy serio. Se ha forjado por siglos de dominación imperial sobre Puerto Rico. Mediante un sistema de instrucción domesticadora que nos ha hecho creernos inferiores e incapaces para transformar nuestra realidad. Un sistema de propaganda que nos ha vendido el cuento de que todas las personas en Estados Unidos viven en la democracia, el bienestar y la prosperidad económica cuando sabemos que millones de seres, sobre todo en las minorías como nosotras y nosotros, viven en discrimen, marginación y pobreza. El colonialismo, además, es un crimen contra la humanidad según establecido por los países que componen la Organización de las Naciones Unidas.

La descolonización es, por tanto, un asunto muy serio y no puede ser decretada en un plebiscito, por ningún gobierno o proceso político jurídico. La descolonización es un estado de consciencia, una decisión personal y luego colectiva, es voluntad. La descolonización no se pide, se ejerce. Pedir la descolonización es un acto colonizado pues reconoce nuestro poder en quien lo usurpa.

En cada una y cada uno de nosotros vive ese puertorriqueño domesticado que se siente menos, pero a la misma vez vive el y la Boricua que siente profundo orgullo de serlo y lo grita al mundo, “Yo soy Boricua pa’ que tú lo sepas”. El y la Boricua no espera por nadie, se las busca para atender sus asuntos y somos capaces de ganar hasta en la derrota. Si no, recordemos como celebramos nuestro subcampeonato en el Clásico Mundial de Béisbol ante unos campeones desencajados que no podían entender nuestra alegría y nuestra cría.

En Puerto Rico conviven miles de personas angustiadas con otros miles que se levantan cada día a construir la Patria. Aquí mucha gente, sobre todo joven, se levanta cada madrugada a sembrar la tierra y producir esos alimentos que sabemos superiores al importado. Madrugan para ofrecernos servicios a los demás manteniendo nuestros jardines limpios, nuestros automóviles marchando, nuestras niñas y niños cuidados. La verdadera descolonización radica en esos esfuerzos. Y no es inmediata.

Será mediante un intenso proceso educativo que lograremos despojarnos del complejo colonial, reconocernos como quiénes realmente somos, ponernos de acuerdo en las comunidades, y unir nuestras voluntades en la construcción del país que aspiramos. Entonces y, sólo entonces, el gobierno y Estados Unidos entenderán que nos descolonizamos, respetarán y acatarán nuestra voluntad auto determinada como pueblo.

Tomará tiempo, pero algunas y algunos ya hemos comenzado la construcción de ese Puerto Rico que Va a Ser.  ¡Vamos!

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