Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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"La estadidad no nos garantiza un nivel de vida mejor"

En 2017, Mississippi cumplirá 200 años de haber sido admitido a la Unión como su vigésimo estado de Estados Unidos. Mississippi posee la deshonrosa distinción de ser el estado más pobre y menos saludable. Puerto Rico, como colonia, es más pobre que Mississippi, pero afortunadamente mucho más saludable.

Los casi tres millones de habitantes de Mississippi tienen una mediana de ingreso familiar que es el doble de nuestros $18,000 anuales. Reciben $4,700 millones anuales en fondos Medicaid, pero sus gobernantes republicanos han impedido la expansión del programa ofrecido por Obamacare, dejando fuera de acceso a la salud a sobre 300 mil pobres.

Gastan en salud el doble de los $3,300 per cápita anual que nosotros gastamos, pero su estado de salud es peor que el nuestro en importantes indicadores. El más dramático, la esperanza de vida de los puertorriqueños es cuatro años mayor (78.7 a 74.8) que la de los residentes de Mississippi, quienes ocupan la última posición en esperanza de vida entre los 50 estados.   

¿Por qué Mississippi no da muestras de salir del hoyo en salud? Un 37% de su población es afroamericana, la mayor entre los 50 estados. Es el estado con mayor nivel de pobreza (23%). Cuarenta por-ciento de su millón de habitantes afroamericanos viven bajo el nivel de pobreza, muy cerca del nivel nuestro de 46%. El nivel de pobreza de su población blanca es de apenas 11%. Sus habitantes afroamericanos registran una esperanza de vida promedio cuatro años menor que la de los blancos, y una mortalidad infantil que duplica la de los blancos.

¿Cómo es posible que eso ocurra en Mississippi tras casi 200 años de estadidad, cuando cuentan con seis congresistas en Washington supuestamente luchando por los derechos y la igualdad de su gente? ¿No se supone que bajo la estadidad prevalezca la igualdad y el progreso socio-económico hacia el sueño americano, que no existan diferencias tan abismales como las que se registran entre los 50 estados?

Lo que pasa es que nada ni nadie ha podido erradicar el discrimen y el racismo prevaleciente, especialmente en los estados con mayor proporción de minorías. Aunque la Constitución promulgue libertad, igualdad y democracia para todos, ni una guerra civil, ni las interminables luchas por los derechos constitucionales y civiles, han podido evitar que la vida y salud de los estadounidenses sean diametralmente distintas, dependiendo de si usted es rico o pobre, blanco o afroamericano o latino, si nace se cría o se relocaliza en Mississippi o en Minnesota.

Es una desigualdad que persigue a las minorías, no importa dónde vivan en EE.UU., y que determina su calidad de vida y oportunidades de éxito. Y nosotros los puertorriqueños pertenecemos a esa categoría de minorías desiguales que tenemos que mirarnos en el espejo de Mississippi, no en el de Connecticut o New Hampshire.

¿Qué podría hacer EE.UU. por Puerto Rico Estado que no haya hecho todavía para sacar del abismo socio-económico a uno de sus más antiguos estados, Mississippi? ¿Quién podría imaginar que EEUU pueda elevar la salud y vida socio-económica de Puerto Rico, bajo la estadidad, a los niveles óptimos de igualdad que existen en Vermont, en vez de meramente mantenernos en los paupérrimos niveles que ha perpetuado en Mississippi durante dos siglos de estadidad?   

Los puertorriqueños no estamos interesados en salir de guate-mala (colonia) para meternos irreversiblemente en guata-peor (estado). La estadidad no nos garantiza un nivel de vida mejor. Quizás sí ganar fama negativa desplazando a Mississippi como el estado más pobre. Somos ciudadanos de segunda clase como colonia, como son los de Mississippi como estado. Bajo la estadidad, probablemente seremos un facsímil de Mississippi. La igualdad que mercadea EE.UU. como su gran virtud, es más ficción que realidad. Una cosa es soñar con la verdadera igualdad, otra cosa es alcanzarla en medio de tanta discriminación.  

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