Valeria Solange y Michelle Rubí Martínez
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La generación de la crisis

“En tiempos tan desgarradores no se puede escribir suavemente. Sin delicadezas a nuestro alrededor, imposible fabricar textos exquisitos” (Pedro Juan Gutiérrez). 

Somos la generación que ha crecido con la crisis y la depresión económica del país. La palabra crisis ha calado tan a fondo en nuestro crecimiento personal y, sobre todo emocional, que hasta la ponemos en cuestionamiento. Hemos sido testigos de cómo se han vaciado las arcas públicas para financiar obras como el Tren Urbano, una obra inservible para la mayoría de la población y que es la metáfora perfecta para ejemplificar cómo las malas prácticas gubernamentales y el despilfarro desenfrenado nos han llevado hasta aquí.

Crecimos soñando en nuestro futuro en Puerto Rico pero la realidad es otra. Cada día somos menos aquí, y si se concretiza la recomendación que estipula reducir el salario mínimo de $7.25 la hora a $4.25 a los menores de 25 años, no nos quedará otro remedio que buscar nuestra supervivencia en otros lares, lejos de nuestro terruño.

Somos la generación que desde pequeñitxs nos han señalado como el “futuro del país”, entonces parece ser que no somos el presente, o que no quieren que seamos el presente. Siempre en el tiempo gris llamado futuro y distanciados del presente. 

El país nos ha invisibilizado. Han hecho invisibles nuestras historias, nuestras corrientes de pensamiento, y nuestros anhelos.

La crisis creció de nuestra manita y somos los destinados a pagarla tanto en el aspecto económico, político, social y ambiental. Entre tanta incertidumbre, inquietud, y desasosiego, en los rostros se vislumbra miedo. Hay miedo, y lo único concreto es que nuestro futuro es turbulento, si es que podemos hablar de futuro. Dentro de ese miedo hay coraje, pues crecimos viendo desde los televisores de nuestras casas a los sujetos que se llenaron los bolsillos con el dinero del pueblo. Crecimos entre tanto atropello... y no pasó nada. Pero ese miedo y coraje genera energía suficiente para levantar y reconstruir un país.

Somos la generación que no le queda de otra. Lxs líderes de nuestra generación que ahora comienzan a sentirse vienen con fuerza y si hemos llegado hasta aquí es porque nos atrevemos a romper, valga la redundancia, desde nuestros propios miedos, la voz del miedo que otras generaciones culturizaron en este país.

Así que compañerxs y otrxs sujetos, le cuento que no es cuestión de rendirse o de quitarse, es hora de estudiar nuestras ruinas para poder levantarlas. Primero, porque no nos queda de otra. Segundo, porque nosotros genuinamente queremos un mejor país para nosotros vivir y para que el futuro de nuestro futuro no sea tan oscuro y desgarrador como el nuestro lleno de maletas suspendidas en el mismo medio de la niebla.

La palabra futuro entre nosotros se ha vuelto la oportunidad de trabajar  en nuestras cabezas otra visión de país. Futuro, es ese camino gris por el que vamos caminando y en el que en cada pisada hacia él pensamos, analizamos y encontramos soluciones a los problemas macabros que enfrenta Puerto Rico.

Somos la generación que se indigna ante el presupuesto de educación pública, un presupuesto alto y generoso, pero que no llega a donde tiene que llegar: al salón de clase. Somos la generación que pensamos en todo lo que podría hacer el gobierno si dejara de comprar tanto drón chinita importado.

Mientras el sistema se desploma, los grandes empresarios nos persuaden con el echapalantismo. Sí, “echaremos pa’ alante”, y algunos de nosotros “no se quitarán”. Pero para poder marcar un nuevo camino necesitamos crear conciencia, entrar en la incomodidad, y más que nada, rescatar nuestro sistema de educación pública. ¡Nos urge que nuestros reclamos sean atendidos!

Somos la generación que quiere marcar un pasado, trabajar el presente y que el futuro que es de todxs, no sea tan doliente e injusto.

Llego al Tren Urbano y me percato que ya la mayoría de los magnetos de las tarjetas para entrar la estación de tren ya no funcionan.

Me confundo entre los pocos sujetos que me rodean y me recuesto de la valla a esperar, como todxs.

 A esperar ...  A esperar que el tren nos recoja, a esperar que llegue la PROMESA.

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