Rubén Berríos Martínez

Tribuna Invitada

Por Rubén Berríos Martínez
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Las dos alas

“Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas,/ reciben flores o balas/ sobre el mismo corazón…”

Lola Rodríguez de Tió

En La Habana son muchos los visitantes puertorriqueños que al conocer a un cubano reciben como bienvenida los dos primeros versos de esa estrofa tan famosos en ambas islas. Algunos, dándole a esas palabras carácter de verdad inalterable adjudican a Martí los versos de la puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió.

Es que para puertorriqueños y cubanos no hay imagen más sencilla y representativa de nuestra común identidad, fruto de similares geografías, raza, idioma, costumbres y luchas centenarias. Es que los versos que doña Lola descolgó del infinito forman parte del imaginario colectivo de cubanos y puertorriqueños. Sabemos lo que somos sin necesidad de explicaciones. Por eso, sobre nuestras dos islas dijo Martí que hay que “…desechar, por innecesarias, como la prueba de que la sangre arde en nuestras venas y el sol calienta el mundo, las declaraciones de hermandad entre dos tierras que son una sola desdicha, y un solo corazón…”. Y Julia de Burgos en su poema al Apóstol: “Yo vengo de la tierra mitad de tu destino… a la que diste sangre, como diste camino (que al caer por tu Cuba, ya caíste por ella)…”.

Los poetas tienen en sus resplandores intuitivos el don superior de plasmar con la magia de la palabra tendencias y ondas ocultas a los sentidos que se engarzan en los siglos más allá de coyunturas pasajeras.

La historia comprueba lo correcto de la intuición poética. Nuestros destinos están inextricablemente unidos. En el horizonte de los siglos, por donde va Cuba va Puerto Rico y también nuestra Patria Grande porque las Antillas son el “fiel de la balanza” continental. De ahí la trascendental importancia del reciente anuncio de los presidentes de Estados Unidos y Cuba respecto a las relaciones entre ambos países.

Cuba y Puerto Rico, las últimas colonias españolas en América, fueron siempre unidas de la mano en sus luchas libertarias. Betances y Hostos legaron a Martí la semilla del antillanismo. Él la hizo florecer y nos obsequió su bandera para que nosotros, invirtiendo sus colores, ondeáramos la nuestra. Y el Partido Revolucionario de Cuba se fundó en 1892 “para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad la independencia absoluta de la Isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

En el 1898 Estados Unidos nos invadió convirtiendo a Puerto Rico en colonia y a Cuba en semicolonia regida por la Enmienda Platt.

Posteriormente, en 1952, a raíz de la Guerra Fría y ante el clamor mundial por la descolonización, Estados Unidos respondió reafirmando su dominio sobre nuestra patria cambiándole el nombre a la colonia por el de Estado Libre Asociado. Y luego del triunfo de la Revolución Cubana nos convirtió en la contraparte de Cuba. Desde entonces, a pesar delderrumbe de la Unión Soviética, la Guerra Fría prevaleció en el Caribe.

Cuba por más de 50 años resistió invasiones, bloqueos, penurias y atropellos, pero bajo el liderato de Fidel Castro se mantuvo fiel al mandato martiano en defensa de nuestra independencia. En el 1964, ante la ONU, a nombre de Cuba el Che Guevara rindió “homenaje de admiración y gratitud a quien dignifica a nuestra América… [a] Albizu Campos, un símbolo de la América todavía irredenta pero indómita...”. En décadas posteriores, a iniciativa de Cuba el Comité de Descolonización de la ONU ha aprobado –desde años por unanimidad- innumerables resoluciones respaldando nuestra descolonización e independencia.

En Puerto Rico, a pesar del discrimen y la represión, el independentismo no cejó en su lucha. Y a principios del siglo 21 la victoria de Vieques vació de contenido la razón estratégica militar que llevó a la invasión del 1898 y que imposibilitó nuestra independencia luego de la Segunda Guerra cuando el independentismo era ampliamente mayoritario.

Ahora la Guerra Fría en el Caribe está llegando a su fin. Estados Unidos ha comenzado a rectificar su política respecto a Cuba. Le falta rectificar su política colonial hacia Puerto Rico.

El presidente Obama, al anunciar su nueva política hacia Cuba dijo: “Hay que dejar atrás el legado del colonialismo y del comunismo”. Solo a Cuba corresponde decidir sobre su futuro. Lo que sí corresponde a Estados Unidos es dejar de ser la última gran potencia colonial en América. No se puede mantener una colonia y proclamarse paladín de la democracia y la libre determinación.

Las señales de los tiempos son claras. En Puerto Rico en el plebiscito del 2012 un contundente 54% rechazó la continuación del colonialismo. La bancarrota del colonialismo es tal que en poco más de medio siglo más de la mitad de nuestra población ha tenido que emigrar.

En nuestra América, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), compuesta por todos sus gobiernos, en su Cumbre del 2014, por unanimidad, luego de hacer referencia a las resoluciones sobre Puerto Rico del Comité de Descolonización de la ONU, se comprometió a “… seguir trabajando en el marco del derecho internacional… para lograr que la región de América Latina y el Caribe sea un territorio libre de colonialismo y colonias”.

En Estados Unidos los últimos tres presidentes han reconocido formalmente nuestra condición de subordinación política y, en los más altos círculos intelectuales y jurídicos se ha iniciado una importante discusión sobre el futuro de las relaciones entre esa nación y Puerto Rico. Harvard anuncia la próxima publicación de un libro en el cual “prominentes juristas examinan la historia y el legado de los casos insulares que están manchados por nociones de raza e imperio ya pasados de moda y exploran soluciones posibles a los dilemas que estos casos crearon”. En 1899 esa misma Universidad publicó los artículos que sentaron las bases sobre las que el Tribunal Supremo de esa nación creó el andamiaje jurídico para justificar su nueva expansión colonial. Como en el 1899, Estados Unidos se prepara hoy para su decisión respecto a Puerto Rico.

Se acerca la hora de nuestra descolonización. Los dramáticos cambios anunciados desde La Habana y Washington preludian una nueva relación entre Estados Unidos y nuestra América. En esa nueva realidad es inconcebible mantener en Puerto Rico un status colonial por definición antidemocrático.

El que crea que las afines colindancias históricas que doña Lola recogió en sus versos no continuarán su curso como por siglos lo han hecho, todavía no sabe que para volar un pájaro necesita las dos alas. Les toca ahora a Cuba y a Puerto Rico recibir flores sobre el mismo corazón.

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