Fernando Martín

Tribuna Invitada

Por Fernando Martín
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La señal de los tiempos

Ayer en las Naciones Unidas la historia nos dio muestra -una vez más- de su inexorabilidad. Mientras la gota sea gota y la piedra sea piedra será verdad el proverbio de que “tanto cae la gota sobre la piedra hasta que la piedra se rompe”. El proceso puede durar poco o mucho tiempo según sea el tamaño relativo de la piedra y de la gota, pero el resultado final es inevitable.

Luego de haberse estado oponiendo todos los años desde 1992, Estados Unidos se abstuvo de votar en la Resolución promovida por Cuba en la Asamblea General que condena el bloqueo económico que Estados Unidos ha sometido a Cuba desde los primeros años de la Revolución. De no abstenerse este año Estados Unidos corría el riesgo de quedar como el único voto en oposición.

Desde que Estados Unidos declaró fracasada su política de hostilidad y aislamiento contra Cuba por decisión del Presidente Obama en diciembre de 2014 era evidente que los días del bloqueo estaban contados. Aunque la Rama Ejecutiva tenía autoridad para reestablecer relaciones diplomáticas con Cuba –como lo hizo-, suspender el bloqueo económico requiere acción legislativa de un Congreso aún dominado por republicanos. Por tratarse de una ley vigente difícilmente podía el gobierno de Obama votar a favor de una Resolución de la ONU que condena dicha ley, pero una abstención es un paso decisivo que coloca al próximo Congreso bajo la presión de derogar la legislación.

Como confesó ayer la Embajadora Samantha Power, Estados Unidos había tratado de aislar a Cuba y quien había resultado aislado al final fueron ellos.

Los puertorriqueños tenemos razones especiales para celebrar la consumación de esta derrota a la política ingerencista e imperial que Estados Unidos pretendió imponer a Cuba como lo hizo en Latinoamérica y el Caribe. El fracaso de esa política es el triunfo de la causa de la no intervención en asuntos internos de nuestros pueblos y del derecho inalienable a la libre determinación e independencia.

Puerto Rico es quizás el caso más dramático y ofensivo de la violación de ese derecho. Ponerle fin a ese atropello supone exigir la descolonización. En la medida que Estados Unidos se vea obligado a respetar plenamente el derecho a la libre determinación de los pueblos ello lleva inexorablemente a nuestra independencia. Por eso este triunfo de Cuba es un triunfo para Latinoamérica, el Caribe y Puerto Rico. En el caso de Cuba, Estados Unidos ha tenido que reconocer la derrota de su política abusiva gracias a la tenacidad y resistencia del pueblo cubano. Su persistencia nos debe servir de estímulo.

Ante un Puerto Rico que se hunde en un pantano socioeconómico y moral del colonialismo, nos compete echar el resto para que Estados Unidos actúe de conformidad y asuma sus responsabilidades descolonizadoras.

La rapidez con que esto ocurra dependerá de nuestra exigencia y constancia; no tengo que recordárselo a los independentistas a apenas días de un proceso electoral. Tanto cae la gota sobre la piedra…

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