Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Los federales fracasaron ante Oscar

Pero Clarisa, su hija, me aseguró que él estaba muy bien, que recién lo había visitado y que estaba recogiendo y empaquetando sus pertenencias. Además, me dijo que cuatro días más tarde ella volvía a Terre Haute para otra visita. A buen entendedor pocas palabras bastan. Sabía ya que su regreso a Puerto Rico era inminente y por eso no me tomó de sorpresa cuando el 8 de febrero recibo un texto de un amigo que preguntaba si era cierto lo que estaba oyendo. Me imaginé que se refería a que Oscar ya venía pronto y, efectivamente, los rumores continuaron hasta que ya el 9 de febrero se confirmó que era oficial.   

Durante su torturado y deshumanizante encarcelamiento, el carácter de Oscar fue moldeado por 12 largos años de privación sensorial en solitaria y 23 años adicionales durante los cuales ni tan siquiera le permitieron asistir al entierro de su madre. La meta final de su castigo era el “espiriticidio”, palabra que el mismo acuñó asegurando que “mi espíritu también resucitará si los carceleros logran sus metas... 

Mi certeza radica en mi confianza en que he elegido servir a una causa justa y noble”. No le fue necesario resucitar porque sus carceleros fallaron al no saber aquilatar que detrás de esta persona de escasamente 5 pies con 3 pulgadas y 135 libras había un gigante en espíritu y resistencia. Oscar se impuso por encima de todos los arduos esfuerzos por parte de sus carceleros de aniquilar su voluntad que cada día resurge más fuerte.  Ya todos podemos comenzar a celebrar el regreso de nuestro héroe nacional. Un pueblo totalmente unido que por años ha reclamado su regreso, le hubiese querido brindar un recibimiento digno de un triunfador, pero no pudo ser así.  

Al fin la tortura terminó para Oscar. No obstante, los federales decidieron que el suplicio y la angustia ahora los desplazarían hacia los puertorriqueños. No nos permitieron, no digamos una entrevista, ni siquiera una foto con rostro de vencedor para deleite de una nación que por tanto tiempo ha anhelado este momento tan cargado de emoción. No me digan que eso no es crueldad.   Oscar tendrá que vivir en arresto domiciliario, en el apartamento de su hija, otra cuestión incomprensible. La excusa que nos ofrecen es que necesita esos meses para poder hacer una transición hacia la vida fuera de la cárcel. ¿Por qué una persona que ya tiene hogar y un trabajo asegurado necesita estar encerrado en un apartamento por tres meses? ¿Cómo es que eso le ayuda a “transicionar” hacia la libertad? ¿Alguien me puede explicar?  

Durante ese tiempo no puede tener contacto con la prensa y una de las condiciones impuestas es que tiene que “guardar un perfil muy bajo”. Pero el 17 de mayo, fecha en que ya Oscar quedará libre y sin condiciones ni restricciones, este pueblo, con un gran despliegue de cariño, se encargará de indicarle a los federales que fracasaron nuevamente, esta vez de forma burda. Señores federados, ¿no entienden que a los gigantes se les hace imposible mantener un perfil bajo?

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