Luis Alberto Ferré Sadurní

Tribuna Invitada

Por Luis Alberto Ferré Sadurní
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Los niños de la crisis

Somos los niños de la crisis. Teníamos 10 o 15 años cuando vimos el gobierno cerrar parcialmente en 2006 por altercados políticos. Cumplíamos 12 o 18 años al comienzo de la crisis financiera y al anunciarse los despidos de miles de empleados públicos del gobierno local en 2008. Madurábamos ya a los 18 o 23 años en el verano de 2015 cuando el gobernador declaró impagable la deuda pública de nuestra Isla. Nos criamos en crisis.

Una gran parte recibimos beneficios sociales del gobierno, y otros nacimos con oportunidades y privilegios. Muchos fuimos producto del sistema público de educación y otros pocos nos graduamos de colegios privados. Algunos buscamos nuestro diploma universitario en la Isla, otros fuera.

A pesar de los distintos caminos que recorrimos, como niños de la crisis, nos suele llegar el momento de enfrentar la misma encrucijada, aquella pregunta en sus dos variantes: ¿nos quedamos en Puerto Rico? o, si estudiamos o trabajamos fuera, ¿volvemos a la Isla?

Es la pregunta que nuestras amistades nos plantean casualmente cuando visitamos en las Navidades y es el epicentro de debate entre clases o entre unas Medallas. Es la emigración que se nos hace tan fácil y la estadía que se nos hace tan difícil. Es la bifurcación que se asoma como pregunta, pero aplazamos contestar.

Y suele ser el caso que, cuando finalmente arrinconados a dar nuestras respuestas, nos conformamos con una de las contestaciones genéricas e inconscientes. Nos satisfacemos con el largarnos de Puerto Rico porque “aquí no hay na’ que buscar” y porque “está bien chava’o”. De la misma manera, nos engrandecemos al contestar que nos quedamos porque “venimos a echar pa’lante” y para “devolverle a Puerto Rico todo lo que nos ha dado”.

Lo que no acostumbramos cuestionar es qué exactamente nos ha dado esta Isla. ¿Qué nos ha dado Puerto Rico? Contestar la pregunta requiere valor de la misma manera que la contestación en sí tiene valor. La respuesta la encontramos en dos partes.

Lo primero es lo más claro. Puerto Rico nos ha dado a nuestras familias y amistades, los lazos sociales que nos despejan de nuestra soledad. La Isla nos ha brindado nuestro arroz con habichuelas, nuestras playas que nos dejan sin suspiros y, a pesar de divisiones entre clases, nuestra gente. Nos despertó a nuestro café con leche mañanero y las Navidades más alargadas del mundo (por algo le llamamos Navidades y no Navidad). Puerto Rico nos regaló nuestro ron y nuestra cerveza, los momentos de euforia al ver competir a nuestros atletas y atardeceres inolvidables.

De esta primera parte yace el patriotismo incondicional por nuestra Isla. Es el patriotismo que inmortalizó el poeta puertorriqueño José Gautier Benítez en sus versos hace más de 100 años. Escribió el cagüeño, para los tiempos cuando Puerto Rico aún era colonia española, “Y yo patria que te quiero / yo que por tu amor deliro / que lejos de ti suspiro / que lejos de ti me muero”.

Lo segundo es lo más nefasto, lo más que causa aquella combinación de tristeza y coraje. Puerto Rico nos ha dado una paradoja colonial, raíz de nuestras frustraciones. Nos ha obsequiado con una carga monumental, resultado de administraciones irresponsables e insensibles que intercambiaron votos políticos por nuestro futuro. Nos ha dado servicios públicos decadentes y carreteras con huecos más bochornosos que nuestra cultura política partidista. Nos ha conferido una tierra que se les vende a los codiciosos de afuera, pero reprime al humilde y al trabajador de adentro.

Es por esta herencia que se nos hace difícil a los niños de le crisis querer fajarnos por un Puerto Rico que no se fajó por nosotros. Al ponderar sobre todo lo que no nos dio nuestra Isla, nos preguntamos: ¿hay que haber recibido algo de Puerto Rico para darle de vuelta, o, verdaderamente, hay que primero dar para luego recibir?

Y es aquí que convocamos otro tipo de patriotismo para superar aquellas insuficiencias políticas, económicas y estructurales. Quedarnos en la Isla requiere creer en la patria de “valor y sacrificio” según Pedro Albizu Campos, y la patria del “esfuerzo creador” y el “sentido de responsabilidad social” según Don Luis A. Ferré. Es un patriotismo que se sufre y se lucha diariamente.

Sin embargo, este tipo de patriotismo es el que más nos cuesta a los niños de las crisis. A pesar de nuestra atadura incondicional a nuestro querido Puerto Rico, nos sentimos traicionados por un sistema imperfecto dentro de nuestra Isla. Es una traición que viene de, no solo vivir la crisis puertorriqueña, sino de haber sido criados en ella y tenerla como único marco de referencia de lo que es la realidad puertorriqueña. Es por eso que luchamos creer en la patria que el poeta Luis Lloréns Torres decía que había que aceptar “hasta con sus vicios y defectos”.

Entonces, ¿qué nos ha dado Puerto Rico? En resumidas cuentas: muchísimo y poquísimo. Pero más que la respuesta, vale el proceso agonizante de contestar la pregunta para poder, con más paz, claridad y conciencia, estar listos para contestar la otra que nos toca en la encrucijada: ¿nos quedamos o nos vamos?

Twitter: @luisferre

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