Marc Jean Bernard

Tribuna Invitada

Por Marc Jean Bernard
💬 0

Macron y el rol de Francia en el mundo

Después de las primeras reacciones festivas en Francia y en las cancillerías extranjeras ante la neta victoria de Emanuel Macron (66.1%, 20.7 millones de votos i.e 43.6% de los inscritos), puede observarse en la prensa y los estudios especializados, la aparición de un nuevo imperativo metodológico menos ingenuo, menos psicologista y más conceptual.

En tiempos en que se constituye el nuevo gobierno y se perfila la nueva investidura legislativa de La República en Marcha, es menester analizar y superar la superficialidad del lenguaje en que fueron expresadas urbi et orbi las primeras opiniones, necesariamente apresuradas, generales y subjetivas. Llegó el tiempo, según decimos siempre a nuestros estudiantes, de pasar de la doxa (la opinión) a menos de optar por quedarnos en la caverna  de la propaganda política.

Soy filósofo y vengo de una tradición familiar de intelectuales, abogados y resistentes que todos se expresaron oficialmente (desde el Asunto Dreyfus) a favor de la democracia y contra de las exclusiones. Esto conlleva a la vez un deber de rigor y no de plácido optimismo.

La compleja temática de la elección presidencial francesa nos invita efectivamente  a desarrollar críticamente lo que enseñamos en la Universidad de Puerto Rico a nuestros estudiantes en términos de metodología, filosofía, ciencia política y relaciones internacionales: Como incluir un análisis semántico de los términos conceptualessuspender las determinaciones ambiguas del discurso político los términos (populismo, radicalizaciónglobalización por ejemplo), trascender la retórica periodística que frecuentemente retoma los mismos términos y razonamientos de la propaganda política que se trata de analizar.

Antes de  Husserl, Wittgenstein o Raymond Aron, ya Platon y Tucídides reclamaban una gramática lógica de los conceptos aplicados a la Politeia de E. Macron, exministro socialista y nueva figura política en el paisaje fracturado en cuatro de la sociedad francesa, los analistas políticos están gradualmente despertando a la sociedad civil de su comprensible sueño mitológico después de una campaña de una violencia inédita desde hace más de cincuenta años.

Ante la victoria de E.  Macron, previsible después de la primera vuelta, tras haber sido considerada, sin embargo como improbable un año antes, surgió temprano un colorido ramo de preguntas mezcladas con las flores y las primeras perplejidades. 

¿Triunfo de  un proyecto o simple resultado cuantitativo del repudio ciudadano a la extrema derecha? ¿Empatía de un  candidato unificador, o frío pragmatismo de un ministro y consejero del expresidente que todavía carece de aprobación personal entre los que los llevaron a la victoria? ¿Poderosa imagen tipológica venida de las profundidades de la historia o simple simulacro temporero antes de una recomposición política después de las eleccioneslegislativas?

No podemos ni debemos dar respuestas directas ni unívocas a estas preguntas. Dicha problemática es muy vasta y compleja y supone, como siempre, un análisis detallado de la transformacivida pol, de las  estrategias de los partidos clásicos tras la desaprobación masiva de la política de François Hollande. A este análisis clásico deben juntarse dos ejes de comprensión societal y política:

         a) El análisis del grave desamparo ps, expresado en el alto grado de violencia verbal y física, síntoma expresando la angustia de un país expuesto a una exponencial inseguridad personal y colectiva en sus dimensiones externas e internas (el terrorismo y sus manantiales territoriales y extraterritoriales). Para conducir estos análisis, ninguno de los paradigmas de pensamiento político resultó suficiente.  La nueva situación exige que se restituya lo que el último Husserl llamaría una tematización del conjunto de actos intencionales que envuelven la expresión políca y electoral.

En esta dirección se han ya movido algunos grandes institutos de sondeo, que incorporan factores psíquicos y cognitivos para comprender y prever las conductas electorales. En el marco de este corto mensaje, podemos observar como cierta claridad que el resultado global constituye un primer MRI  de la mente colectiva en Francia cuya motivación es incontestable y cuyos factores de determinación se revelan en un análisis de la discursividad política.

        b) El análisis de los fluctuantes actos  ilocutorios y perlocutorios de los dirigentes, de los periodistas y (más discretamente de los analistas citados por los medias). La novedad de la situación, con un importante efecto de entusiasma popular, no significa necesariamente que una era nueva se abra ni que los viejos cónticos, que los viejos discursos pol, en breve que Francia demuestra haberse curado de sus demonios, que muy bien pueden persistir  como permanecen las reacciones post traumáticas en lo que Renouvin llamaría las mentalidades colectivas.

En cuanto a los efectos políticos a corto plazo del resultado, podemos observar que la elección ha impuesto a todas las formaciones políticas un cambio radical de estilo y de estrategias una segunda vuelta con una ganancia de 12 millones de votos en dos semanas (42 puntos).  Este resultado, sin alcanzar el resultado de  Jacques Chirac en 2002 contra Jean-Marie Le Pen (82.21 %), responde a una cartografía distinta del mundo político, que incluye el factor de 12 millones de abstenciones con 4.07 millones de votos blanco o nulos, es decir, 16.1 de electores que no votaron  para ninguno de los candidatos a la segunda vuelta (%).        

Para no repetir las apreciaciones hiperbólicas algo apresuradas o tendenciosas de la primera hora, es menester, brevemente, hacer las siguientes observaciones complementarias:

        1. Según lo reconocen  algunos exministros ahora discípulos de E. Macron, se  ha destartalado completamente el Partido Socialista (que históricamente provenía de la iniciativa de síntesis de Francois Mitterand a base de la difunta SFIO, una iniciativa que el General de Gaulle consideraba explícitamente como oportunista desde los años 1960.

Su electorado ha beneficiado a E. Macron, en una forma que no es solamente la del voto útil.  Algunos ministros socialistas (y respetadas figuras del Centro y de la derecha) han abiertamente apoyado al candidato de En Marche, no sin demostrar un interés seriamente relativizado tres la publicación de  las investiduras no inclusivas de La République en Marche.

2. La France Insoumise encabezada por el candidato Mélanchon creció, enteramente conquistada por un discurso social muy vehemente. Sin duda este discurso sindical y político de extrema izquierda no faltó en ser calificado de demagógico, simplón, nacionalista, opuesto al sistema económico mundial y a una Europa  poderosa. Sin embargo,  su receptividaden  la sociedad civil -que se ha traducido electoralmente con un por ciento levemente inferior al que obtuvo François Fillon en la primera vuelta, representa una fuerza que el nuevo presidente deberá tomar en cuenta después de las legislativas. 

3. La  fuerza política muy organizada que solemos llamar la derecha (personificada por Les épublicainsencabezada entonces por François Fillon (apoyado por un filósofo como  Luc Ferry por su programa), sufrió una  dura  desdicha, mientras se preparaba a una victoria amplia, anunciada y segura antes de las revelaciones personales todavía muy controvertidas. No podemos todavía saber si el  muy popular Alain Juppé (u otro candidato de Les Républicains en lugar de Fillon) hubiese podido llevar  la derecha al poder, considerando los factores generales mencionados.       

Sin embargo, parte importante de los 66.1% de los votos de Macron resulta del  apoyo inmediato à E. Macron por parte del Mo-dem (F. Bayrou) y de Les Républicains).  Este factor  muestra que el presidente no tiene ahora una base electoral propia muy clara.       

Los partidos políticos clásicos, cuya muerte fue anunciada apresuradamente, se dividirán en cuanto a la estrategia que adoptar desde las Legislativas, donde todas pueden conquistar nuevos espacios muy significativos.

4. Dentro de las fuerzas políticas clásicas, el partido de Marine Le Pen pierde las elecciones pero gana en votos de manera histórica, es decir 5.52 millones más que los votos obtenidos por su padre Jean-Marie Le Pen en 2002. Estos son votos propios, no por defecto ni despecho. Marine Le Pen anunció el mismo 7 de mayo la reconfiguración de su partido, en el que se expresan divisiones importantes. Las declaraciones medio románticas acerca de la  resistencia a la así llamada extrema derecha no son suficientes para comprender y enfrentar crecimiento. El sistema ético u el inconsciente electoral francés no permitía a un demócrata votar para un candidato del FN, incluso si reconocía los cambios ocurridos en este partido, encabezados por MLP. El talón de Aquiles de su programa ha sido doble: su política de salida del euro y su política disidente en cuanto a la Unión Europea.

En síntesis, quedó claro que los electores que aspiran a vivir en una Francia integrada y predominante en Europa han expresado su rechazo contundente a la política y a la imagen política asociada al FN, no sin expresar dudas en cuanto a la política económica y social parcialmente del nuevo presidente, después de un quinquenio socialista vivido por muchos como trágico.

Este voto masivo, que denota en sus diferencias una voluntad de esperanza, solo deja aspirar a que sea seguido por los actos. El escepticismo de los ciudadanos ante la política económica, fiscal, laboral y financiera de E. Macron permanece candente y se hace explícito en cuanto a las reacciones a su deseo electoral de unificar, mientras la lista de sus investiduras incluye numerosos socialistas y descarta tanto el centro como la derecha  abierta a su programa.

Tras una elección atípica y tensa, en la cual las abstenciones han alcanzado su cúspide (25.4%) desde 1969, la puesta en perspectiva del futuro se jugara en ocasión de las elecciones legislativas de junio y tras los primeros decretos ejecutivos que serán promulgados.

Lo que me parece claro es que Francia, a pesar de la amargura de muchos ciudadanos que ven en François Hollande el artesano de un hold up electoral contra la derecha y el centro, ha expresado en mayoría un poderoso anhelo de cambio. Podemos interpretar los resultados del entero proceso electoral como un deseo sensible en todos los electorados en presencia, de superar la angustia y la violencia que acompaño toda la campaña. Una voluntad de romper los sempiternos modelos de los partidos clásicos, una voluntad de esperanza. 

Uno de los vectores de dicha esperanza, en una sociedad profundamente fracturada en la que los mismos términos de derecha e izquierda  no tienen relevancia, es la consciencia del rol que Francia tiene que jugar en Europa y en el mundo, en un momento  de  inquietud  económica y de tensiones  estratégicas mayores e inmediatas. La significancia internacional del proceso electoral en sus aspectos monetarios y  económicos en su complejidad queda siendo una clave determinante para comprender  los constantes actos de protesta a los cuales  asistimos, los actos electorales. 

Las reacciones de las cancillerías y de los mercados financieros son  positivas, incluyendo a la del presidente Trump. El más joven de los presidentes franceses electos desde 1848, se encuentra al cruce entre una política en marcha y una gobernanza en acto. Más allá de los simpáticos aspectos de su formación intelectual, el Socius francés será en la expectativa los primeros actos la restitución a Francia de su rol histórico en la Unión Europea, la protección social frente a lo que los ciudadanos interpretan a priori la protección institucional y concreta de los franceses ante el islamismo político, la renovación de la Justicia, la transformación de una     educación, la restitución de una gran policía diplomática, la implementación de una verdadera    política cultural internacional.

En una época en la cual, en Francia como en Puerto Rico, se habla ligeramente y pragmáticamente de diálogo sin conferirle su sentido filosófico de imperativo esencialmente humano, todo presidente en marcha es un presidente puesta en la situación platónica de ser un presidente en diálogo. Dicha situación no prescribe un optimismo ingenuo, plácido y ciego, sino que recomienda a todos los intelectos razonables una disponibilidad inteligente y atenta para una sinergia política, en vista de honrar la esperanza civilizacional  que Francia merece vivir y nutrir nuevamente, la que comparten fácticamente todos los francófilos del mundo.

Recordemos, a modo de coda musical, el significado de la política de Francia para América Latina y el Caribe, enunciada en 1964 en México por el presidente Charles de Gaulle a tenor    con su ministro de la cultura André Malraux:

“Que unas relaciones particulares se establezcan entre su país, obra viva de América Latina, y el mío, esencial a Europa pero también hundiendo su influencia en África y Asia, es un hecho cuyas consecuencias pueden felizmente sobrepasar  nuestros estados (…) ya que existe como el signo de uno de los más grandes eventos que se anuncian en nuestro siglo, quiero decir la aparición de los americanos latinos en primer plano de la escena del Universo”.

La nominación de Edouard Philippe como primer ministro  del Gobierno de Emanuel Macron demuestra la plena conciencia que el nuevo presidente tiene de la amplitud del reto de  reconciliación y sinergia de las fuerzas políticas francesas.  Edouard Philippe, abogado, alto funcionario del Conseil d’État, alcalde de Le Havre de tendencia Alain Juppé (LR), es conocido por ser un hombre muy leal, de tradición católica y cultura cosmopólita (gran conocedor de la cultura germánica). Dicha nominación, que no faltará en ser criticada, es históricamente para la Quinta República una doble excepción tipológica de la presidencia de E. Macron, que constituye  un reto considerable y una esperanza de comunión del socius francés.

💬Ver 0 comentarios