Ramón Ortiz

Columna invitada

Por Ramón Ortiz
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Nos llaman la diáspora

Miramos Facebook cada hora, leemos El Nuevo Día, tomamos café con galletas Export Soda, todavía el celular que usamos tiene código de área 787 y sufrimos desde la distancia.   

Cada vez que echo gasolina por la mañana se me sale una lágrima.  Pienso en la filas de ocho horas para poder llenar el tanque, en mi mamá escribiendo notas en su querido Humacao, o mi papá contemplando los palos de aguacate en el piso, en Las Piedras.

   Se nos rompe el corazón no poder estar ahí para ayudar a quitar las tormenteras, no poder hacer la fila para recoger agua.  Llamamos y cuando al fin luego de 10 días en espera para conectarnos ofrecemos que vengan en lo que la situación mejora, pero la respuesta es “nos da miedo que nos roben las cosas de la casa, nos quedamos”.   Muchos nos dicen “¿cómo pueden hablar si se fueron?, ¿cómo pueden opinar, si su opinión no ayuda en nada’’?

 Millones de puertorriqueños han sido activados por el amor a su isla. Somos parte del ejercito protector sin insignia, somos los que tenemos el Servicio Postal en ‘’back order’’, tenemos los puertos llenos de cajas de agua, latas de salchichas, jamonilla y corned beef.  Enviamos café, dinero, arroz y hasta bolsitas plásticas, (por aquello de leyes nuevas que ya no las hacen disponibles).

  Hemos llenado nuestro Facebook de mensajes de amor y de rezos por la isla, hemos logrado más exposición a la Isla hablando del desastre que lo que ha podido hacer el gobierno. 

 Tenemos Go Fund -Me, colecta de latas, envíos de agua, cartas a nuestros representantes y gobernadores de estados.  Hemos sido una voz directa, tajante, y explícita de cómo se nos debe ayudar, con respeto.

  No hemos estado politizados con las ayudas, reconocemos la labor del gobernador, tanto como la de alcaldesa, después de todo, cada cual tiene su labor y papel en la tragedia.

  A la diáspora se le conoce como población regada que proviene de un área pequeña geográfica.  Esta población, en el caso de Puerto Rico, habita mayoritariamente en Estados Unidos y consiste de 5.4 millones, mientras que hay 3.4 millones en la isla.

   Hay una y más de mil razones diferentes por lo que cada boricua se ha ido de la isla. Cabe recalcar que, como americanos en un pedazo de territorio americano, podemos ir y venir sin problema a cada estado americano, incluso Alaska.  

No culpe el lector al independentista que viva en Chicago porque él vive en un país libre; no culpe al estadista que vive en Denver porque ese vive en un estado.  El corazón de los doctores, troqueros, dentistas, empleados, astronautas y deportistas, está bien claro donde está conectado vía Bluetooth.

  El sofrito hecho con productos ajenos, el ron caña de alambique floridano sigue siendo delicioso; los llevamos en el alma.  Este es el momento para ‘’probar de qué estoy hecho’’ y vamos a seguirhasta que la isla quede mejor que nunca.

 No creemos que Puerto Rico se está levantando porque “los boricuas nunca se cayeron, solo los árboles, semáforos, y postes de luz”. En la isla o en los estados, los boricuas seguimos de pie. Si tan solo el nombre no fuera diáspora, pues se oye tan feo: sería mejor llamarnos los otros puertorriqueños.

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viernes, 13 de octubre de 2017

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