José Félix Ortiz

Tribuna Invitada

Por José Félix Ortiz
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Un País de amor

La terrible enfermedad a uno que otro nos ha tocado la puerta. En mi caso, todo comenzó con mi amigo y hermano de infancia Roberto Mendez, cuando le diagnosticaron cáncer en una pierna, a los 25 años. Me pregunté, cómo era posible que tan joven recibiera ese diagnóstico.

A los pocos años, recibo otra noticia. El hijo de otro amigo de la infancia, de apenas nueve años, también tenía diagnóstico de cáncer.

Es duro cuando es un niño, pero como hermanos nos apoyamos para enfrentar la enfermedad y estuvimos juntos hasta que Dios reclamo su presencia ante Él.

Ya no están entre nosotros, y no les puedo negar que para mí fue algo fuerte, ya que no me había tocado tan cerca, y menos con personas tan jóvenes y llenas de vida.

Pasó el tiempo y cuando las heridas comienzan a sanar, llega la Fundación CAP a mi vida, no sin antes volver a conocer de cerca esta enfermedad, nuevamente.

Esta vez el diagnóstico fue a una de mis primas. Por eso, cuando comenzó la iniciativa Uniendo Cabezas, no pude decir no a esta noble causa que ayuda a tantos niños.

Gracias a Dios, mi prima es sobreviviente y sigue luchando como estos niños que día a día perseveran junto a sus padres, familiares, al igual que los médicos y enfermeras que los atienden.

Créanme, yo viví lo que ellos pasan, día tras día con el hijo de mi amigo y hermano.  Al llegar a hospital, suplicaba que estuviera en los primeros cuartos para verlo. Si estaba al final, con todo el amor y fe que uno puede tener, ver a tantos niños con esta terrible enfermedad cama por cama hasta llegar a ver a tu familiar es terrible. Llegaba destrozado. Simplemente a veces los sentimientos nos vencían por momentos.

Sin embargo, CAP me hizo sentir esperanza para estos niños pacientes de cáncer. Lo que han hecho por ellos y sus familiares es increíble y es ejemplo latente de gran corazón y amor.

En CAP son grandiosos. Siendo el único hospital en Puerto Rico que trata ciertos tipos de cáncer infantil, su actividad Uniendo Cabezas por los Niños la espero todos los años con gran ilusión y esperanza, sabiendo que ayudarán a tantos pequeñines, como ha ocurrido en días pasados.

Hace poco menos de un año falleció la nieta de otro amigo del alma, Carlos Candelaria, que hoy es Capitán de CAP, quien lleva comprometido con ellos incluso antes de conocer que su primera nieta, de menos de un año, padecería la enfermedad.

Alina ya está en el cielo y es un ángel que nos cuida y protege. Dios sigue bendiciendo a los familiares de los pacientes, pero es importante que no dejen de orar y pedirle por los suyos.

A los que ya perdimos los nuestros, sigan con la sonrisa y la fe que ellos nos demostraban día a día antes de partir al encuentro con el Señor y apoyemos a esta fundación y a todos los pacientes, sin importar cuánto, mucho o poco le demos la mano, porque puede tocarnos de cerca.

Si nunca han asistido a esta actividad, se las recomiendo porque es gratificante ver y sentir el amor intenso en el Coliseo Roberto Clemente. Allí, ver a niños pacientes e incluso niños sanos donando su cabello para las pelucas de otros menores son gestos únicos. Es algo que no lo observará en otro lugar, se lo aseguro. Son cientos de angelitos en acción, en un mismo lugar.

Mis bendiciones también a los artistas que donan su tiempo, a los voluntarios y toda la gente de CAP. Todos demuestran que Puerto Rico, cuando dice a hacer y el bien, desborda lo que en realidad somos, un País de amor.

Gracias de corazón, y claro, si Dios lo permite, estaré en la edición 2018, con una creciente legión de narices rojas.

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