Jorge Duany

Punto Fijo

Por Jorge Duany
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Un país que no crece

Las últimas cifras oficiales confirman que Puerto Rico sigue perdiendo población aceleradamente. El Negociado del Censo calculó que, entre el 2010 y el 2014, la población insular se redujo de 3,725,789 personas a 3,548,397 personas. El grueso de esa reducción se debió a la emigración neta de 218,137 personas durante ese mismo período. De continuar la tendencia actual, el desplazamiento poblacional en la década de 2010 superará el registrado durante la década de 1950, cuando se estima que 460,826 puertorriqueños emigraron a Estados Unidos.

Las causas del éxodo boricua más reciente son básicamente económicas. Desde el 2006, las tasas de crecimiento económico en la Isla han sido negativas; algunos consideran que, más que de una recesión, se trata de una depresión. La tasa de desempleo ascendió a un máximo del 16.3% en el 2010 y descendió hasta el 13% en el 2013. Los empleos manufactureros declinaron de 135,000 en el 2006, cuando se eliminaron los incentivos contributivos de la Sección 936, a 95,000 en el 2013. Además, los empleos gubernamentales se contrajeron de 285,000 a 217,000 durante el mismo período.

A estas cifras económicas, habría que agregar la ampliación de la violencia cotidiana y la inseguridad ciudadana: en el año 2011 se rompió el récord de homicidios en la Isla (1,136), aunque afortunadamente se redujo a 681 en el 2014. Todas estas estadísticas se traducen en un severo deterioro en las condiciones de vida de la mayor parte de los habitantes de Puerto Rico.

“Irse pa’ fuera” –emigrar a Estados Unidos– se ha convertido en la principal válvula de escape a la dilatada crisis económica del país. Entre el año 2000 y el 2013, el número de personas que se fueron de la Isla aumentó de unos 50,000 a más de 75,000.

A la vez, la cantidad de residentes de ascendencia boricua en Estados Unidos sobrepasó la de los habitantes de la Isla, de 3.4 millones en el 2000 a 5.1 millones en el 2014. Hoy en día, el 59.2% de todas las personas de origen puertorriqueño vive en Estados Unidos.

El perfil sociodemográfico de los emigrantes boricuas de los últimos tiempos puede trazarse a partir de los datos censales disponibles. Cálculos basados en muestras obtenidas entre el 2009 y el 2013 constatan que las personas jóvenes predominan en el flujo migratorio, especialmente entre las edades de 20 y 44 años (un 44.9%), con una mayor capacidad productiva y reproductiva.

Contrariamente a una noción muy difundida, la mayoría (el 64.4%) de los emigrados no son graduados universitarios, sino que tienen un diploma de escuela superior o un grado de escolaridad menor. Más aún, los gerentes y los profesionales –tales como médicos, ingenieros, enfermeras y maestros– representan una minoría (el 20.1%) del flujo migratorio, comparados con el 27.1% de la población insular.

Tales datos contradicen la imagen generalizada de una “fuga de cerebros” en Puerto Rico, en el sentido de proceder primordialmente de los grupos más educados y las ocupaciones mejor remuneradas. Más bien, el éxodo refleja una amplia y diversa gama de la sociedad insular, particularmente los trabajadores de cuello azul y de servicio, con menor escolaridad que el promedio de la población. Aunque la emigración de gerentes y profesionales parece haberse acentuado últimamente, la crisis económica ha golpeado a todos los niveles de la sociedad puertorriqueña.

El éxodo contemporáneo tiene múltiples repercusiones en la Isla, entre ellas, una población decreciente, una sociedad envejeciente, una mayor tasa de dependencia de los menores de 15 años de edad y los mayores de 65, una contracción en la matrícula estudiantil y universitaria y una disminución de la demanda de consumo.

Las agencias gubernamentales, las instituciones educativas, las organizaciones comunitarias y otros actores sociales tienen que prepararse para un país que ha dejado de crecer demográfica y económicamente.

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