Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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UPR: una reestructuración necesaria

Fijemos dos puntos para que no haya equívoco. Primero, es imposible recortar $300 millones del presupuesto de la Universidad de Puerto Rico sin afectar negativamente la calidad académica y los servicios esenciales de la institución. Segundo, es imperativo que la UPR se reestructure de acuerdo a criterios de excelencia académica, eficiencia administrativa y buena gobernanza (transparencia, rendición de cuentas, equidad, efectividad y participación democrática).

La UPR se ha convertido en una burocracia costosa, ineficiente e insostenible, en la que criterios burocráticos, política partidista y sindical, y grupos o claques de poder priman sobre la excelencia académica, la eficiencia y la buena gobernanza. Pero la solución a esto no es la sustitución de claques, recortes y aumentos indiscriminados como si se tratara de un proyecto de construcción que ha sobrepasado sus costos. La reestructuración universitaria debe cimentarse en la sabiduría, no en la carpintería burocrática. La universidad no se arregla a martillazos.

El sistema consta de once unidades de las cuales tres son recintos universitarios con programas graduados. Estos tres recintos tienen el 53% de los estudiantes pero sólo reciben 41% del presupuesto. Aunque se supone que cada unidad cumpla funciones diversas, desarrollen programas complementarios y tengan requisitos diferentes de calificación para el personal académico, existe duplicidad en las ofertas y las escalas salariales son las mismas para el sistema.

La UPR funciona con un sistema de recursos humanos napoleónico donde años de servicio, escala administrativa y rango, son más importantes que los méritos y la productividad en las consideraciones para ascensos y aumentos de salario. De ahí la infinidad de quejas, por ejemplo, sobre catedráticos y empleados no docentes con permanencia que cumplen con el mínimo necesario de sus deberes y son poco productivos.

A través del sistema UPR impera la negativa al cambio. “Once recintos una UPR” es el lema que se repite, mientras una tras otra las unidades aprueban votos de huelga estudiantil. Esta resistencia se ancla en que los cambios propuestos se asocian con agendas político-partidistas y extra académicas. No obstante, los universitarios tampoco han propuesto cambios, sólo se resisten al cambio.

En vez de seguir pensando en términos de aumentos y recortes a todas las unidades y programas por igual, deberíamos pensar en el sistema UPR como una institución diferenciada que sirve necesidades y poblaciones distintas. Podríamos pensar, como lo hacen en Illinois o Nueva York, en un sistema segmentado. Si se piensa de esta manera se podrían desarrollar nuevos criterios para reestructurar el sistema y hacerlo más costo eficiente.

Así por ejemplo:

1.    En términos académicos, debemos examinar la duplicidad y la calidad de programas académicos, tasas de retención y graduación para consolidar programas y mejorar la productividad de los recintos.

2.    En términos de costo-eficiencia, se deben diferenciar los recintos de investigación de los de enseñanza subgraduada y partir de ahí para definir costos diferentes de matrículas y niveles de salarios.

3.    En términos estratégicos, debe reconsiderarse la misión de la UPR entendiendo que en el siglo veintiuno los requerimientos académicos deben atemperarse a una nueva sociedad donde el conocimiento es un bien productivo y la educación una inversión medular de la sociedad.  

Si elaboramos criterios académico-administrativos fuera de intereses gremiales y político-partidistas, podremos encontrar terreno común para reestructurar, reduciendo costos y mejorando calidad y acceso. Propongo limitar a 10% ($100 millones) el recorte del próximo año y condicionar los ajustes futuros a que se cree un grupo de trabajo de académicos no identificados con grupos de intereses que examine las propuestas que se han hecho y que evalúe el sistema UPR para proponer alternativas de reestructuración a mediano y largo plazo.

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