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Acción sin más excusas en Vieques y Culebra

Porque engañados han sido los residentes de ambas islas municipio durante mucho tiempo. Si preocupados están en el Congreso por el ritmo que lleva la rehabilitación de tierras, costas y cuerpos de agua contaminados, mucho más lo están los puertorriqueños, puesto que los incidentes en Culebra, con artefactos explosivos que han sido hallados al azar y que se han tenido que detonar en plena playa, ponen en riesgo la vida de residentes y turistas.

En el caso de Vieques, resaltábamos hace poco el estado crítico que presenta el sistema de lagunas Anones, ubicado en el antiguo polígono de tiro, que tiene el triste honor de ser el punto más contaminado del planeta. Esa laguna supura hacia el mar un cóctel de sustancias tóxicas que, arrastrado por las corrientes, no sólo pone en peligro las playas del entorno, sino igualmente las costas de la Isla Grande y el resto del Caribe.

El canal que permite que esas sustancias emigren desde la laguna hacia la costa es la parte más urgente de la restauración ambiental. Hace un año y medio los pescadores viequenses exigieron que se cerrara, denunciando la merma en los recursos pesqueros. Este es un dato avalado por los científicos del País.

No puede haber prioridad mayor en el ejercicio de la limpieza de las playas de Vieques y Culebra que la integridad física de los residentes de ambas islas, y la protección de los miles de turistas que, de buena fe, desconociendo los riesgos que corren, se topan de buenas a primeras con una bomba de cien libras que permanece oxidada bajo el agua.

Al pedir al secretario de la Marina que, en coordinación con el secretario del Ejército, someta un informe detallando “el plan y calendario para concluir la limpieza de las áreas contaminadas”, los congresistas por fin dan la razón a las organizaciones ambientales, al Gobierno de Puerto Rico y a los alcaldes, que se han mantenido presionando para que no sigan las demoras en el proceso.

Lo peor que le podría ocurrir a la Isla, y a la vez estallarles en la cara a los responsables directos de la contaminación, es que ocurra algún tipo de accidente en pleno verano.

Desastroso también sería que en las playas de Vieques, que hoy despuntan al turismo, se detectaran los fluidos provenientes de las lagunas contaminadas. En ese aspecto, la Marina está en la obligación de investigar a fondo el ritmo con que se desplazan los contaminantes desde la laguna, y la deriva que siguen al ser empujados mar afuera por las corrientes.

La insistencia en ocultar la situación real de Vieques y Culebra con el fin de no perjudicar el turismo ni el clima de inversión en esos lugares, a la larga puede salir costosa. Para empezar, choca con las orientaciones que reciben los visitantes al llegar a las playas, cuando les indican lo que deben hacer al toparse con algún explosivo. No debe ser tranquilizador para ningún turista recibir tales instrucciones cuando, paradójicamente, lo que pretende es pasar unas vacaciones relajadas, alejado de la contaminación que sufre en su ciudad de origen.

Lo subraya de manera especial el documento emitido por el Congreso: “Existen omisiones sobre los tipos y cantidades de municiones utilizados en Vieques y Culebra, y sus posibles vínculos con actuales riesgos a la seguridad pública”.

Este espaldarazo del Congreso a la restauración no debe convertirse en otra farsa. Ni el Pentágono debe agarrarse a ninguna otra excusa.

Procedan a limpiar lo que, en forma desalmada y abusiva, tan mal dejaron.

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