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A forjar estabilidad por el bien de la universidad

Para que la Universidad de Puerto Rico tenga la estabilidad necesaria para desempeñarse como un importante gestor de la nueva transformación económica y social del país es indispensable que cuente con un cuadro directivo nombrado en propiedad e integrado por figuras del mayor prestigio en el mundo académico.

Un liderato universitario independiente y libre de ataduras partidistas e ideológicas y comprometido con la excelencia educativa y el país es indispensable para poner de vuelta sobre sus pies a la institución. Por ello es tan importante que la búsqueda de candidatos se centre en las credenciales que se necesitan para lidiar con la difícil situación que enfrenta la universidad en esta mala hora, con una reducción presupuestaria adicional de $164 millones, ocho recintos con sus acreditaciones en probatoria y en riesgo las ayudas federales de las que depende el 60 por ciento el alumnado para cursar estudios.

La fatiga entre componentes de la comunidad académica se ha hecho evidente en la racha de renuncias e interinatos de los últimos años y en la incapacidad de producir de su propia cuña un plan fiscal a largo plazo que pase el cedazo de la Junta de Supervisión Fiscal, en cumplimiento de la ley PROMESA.

Esta coyuntura mandata ampliar los horizontes al llenar las vacantes en el máximo cuerpo directivo universitario, la Junta de Gobierno, lo que corresponde hacer al gobernador, y en la presidencia del sistema y en las rectorías de los principales recintos, que está en manos de la Junta.

Por ello conviene que los nombramientos sean abarcadores y que los procesos de consulta no se conviertan en camisas de fuerza, de modo que logren trascender los muros de la comunidad local ante el trascendental momento que viven la universidad y el país. Ampliar la terna de potenciales candidatos para considerar académicos con carreras exitosas en universidades estadounidenses y de otros países aumentará el caudal de talento bien preparado, dispuesto al trabajo, sin amarres con los poderes políticos o con la propia academia local que limiten su radio de acción y el aporte ideas y experiencias nuevas.

En manos del gobernador Ricardo Rosselló recae la responsabilidad de poner punto final al vacío de liderazgo en la Junta de Gobierno, que al presente es dirigida por un presidente interino, a quien se le agradece su disposición de ocupar el cargo temporeramente. Pero el vacío no se llena meramente con el acto del nombramiento. El reciclaje de figuras con las cargas del pasado anclará la universidad en el lugar donde se encuentra hoy, lesionada en sus cimientos.

Urge constituir plenamente una junta fortalecida con talento granado de intachable reputación, de modo que pueda prontamente descargar su misión de encaminar vigorosamente la operación universitaria. El camino de la estabilización debe comenzar por ahí.

Al nuevo liderato le tocará orientar el desarrollo del ente educativo y la formación de sobre 60 mil estudiantes en profesionales aporten al progreso de Puerto Rico. El perfil del nuevo presidente en propiedad debe destacar su compromiso a encaminar un proyecto de revitalización universitario, con una verdadera autonomía, basada en los principios de sustentabilidad y con una educación superior de calidad, atemperada a los tiempos y a la situación del país. Esto requiere una visión de un centro de estudios vanguardista con estrategias para atraer matrícula y generar ingresos propios. Demanda, además, la capacidad de zafarse de las presiones políticas y gremiales y del dañino concepto del sistema como fuente de empleo y refugio de personeros de los gobiernos.

Este presidente en propiedad necesitará el respaldo de una junta de gobierno que descarte las viejas fórmulas que no han funcionado en favor de encarar los retos con ideas, creatividad y voluntad. En ese esfuerzo, procurar el consenso y la participación amplia de todos los componentes de la universidad en la selección y aceptación de sus líderes serán aspectos no negociables.

La actual encrucijada exige, además, una disciplina fiscal firme y la toma de decisiones calculadas únicamente en función de la educación. Por ello, será determinante a corto plazo la voluntad de encaminar estas iniciativas de verdadera revitalización de la universidad, que, a la misma vez, son clave para impulsar el progreso del país.

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