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9 de mayo de 2010
Política
 

Orgullosas mamá-gallina

Fuera del Capitolio o las alcaldías, estas mujeres de la política electoral se transforman en las madres cariñosas, divertidas y curiosas que sus hijos conocen

Cada vez que puede, la alcaldesa Perza Rodríguez reúne en su hogar a sus hijos Alana, Lorena y Luis.

Por Alba Y. Muñiz Gracia / amuniz@elnuevodia.com

A la alcaldesa de Cabo Rojo, Perza Rodríguez, la maternidad le llegó a finales del 1983, once meses antes de parir a su primogénita.

Fue Luis, ahora un  adulto de 28 años, quien le regaló a la alcaldesa su primera experiencia como madre, a días de  haber contraído matrimonio con el papá del menor, Osvaldo Fargas.

“Luis vino a vivir con nosotros cuando tenía dos años y cinco meses, a mis  15 días de casada. Me permitió tan sólo 15 días de 'honeymoon', y desde ese día hasta el sol de hoy ha estado con nosotros”, relató la mujer, toda sonrisas.

Luis ha sido también el eje de una de las situaciones más difíciles que ha atravesado la familia. Hace unos años, el joven deportista sucumbió ante las  drogas y ahora lucha por rehabilitarse.

“La familia no está completa si no está él. Hemos dado la batalla y hacemos lo indecible para ayudarlo. Yo hasta me he metido a puntos de droga para sacarlo de ahí”, contó la Alcaldesa.

Aunque está a mitad del proceso, Luis reconoce lo positivo que ha sido para su recuperación el apoyo de su familia, en especial de su mamá.

“Ella siempre ha estado apoyándome.  Uno piensa que quien se chava es uno, pero luego uno ve a la familia afectada por lo que uno hace”,  expresó Luis junto a su esposa, Lymaris Román.

A mes y medio de haber contraído matrimonio, Perza quedó embarazada de Alana, una joven amistosa que trajo al mundo hace 25 años. Luego llegó Lorena, que hoy tiene 21 años y es la orgullosa madre de la joya familiar:  Adriel Isaac Muñiz, de dos años.

“Mami es graciosa, pero estricta y, cuando se molesta, salte del lado porque lo que viene no es fácil”, dijo la joven  provocando la risa de sus hermanos. Son muchas las cosas que Alana ha aprendido de su mamá, pero la más importante, según ella, ha sido “a ser una orgullosa mujer negra”.

La joven describe a la Alcaldesa como hospitalaria, amante de los peces y buena cocinera. “Los sábados ella hace una olla de arroz blanco, otra de arroz guisado, lasaña y lo demás que se le ocurra”, reveló  entre carcajadas. 

Hace más de dos años, Lorena, la hija menor, le dio otra sorpresa a la familia: un embarazo inesperado que se transformó en  un simpático niño que les robó el corazón.

Ahora, Adriel Isaac se la pasa de brazos en brazos regalando sonrisas bajo la mirada atenta de su mamá.

“Después de parir vine para acá porque no sabía cómo bregar con el bebé. Estuve como mes y medio en casa y ya estaban a punto de botarme”, bromeó Lorena.

Para Osvaldo, no hay nadie como Perza. “Ella me raptó y ya llevo como 30 años en Cabo Rojo”, dijo sobre los 27 años de matrimonio que cumplirán en septiembre.

La pareja se conoció en un baile en el  “nightclub” Los Caballeros, en Hato Rey, y desde entonces no se ha separado.

“Ella es excelente como mamá, aunque yo era el que peinaba a las nenas  de chiquitas porque ella no sabía hacerlo. Yo las cogía todos los días, les hacía moñitos y les ponía bolitas de colores”, dijo el hombre causando carcajadas al revelar el secreto familiar.

Pero el padre no fue el único en hacer una confesión, y mientras comenzaban un juego de dominó, la Alcaldesa reveló su pasión por el kareoke. Así, entre risas, anécdotas y picadera, la Primera Ejecutiva de Cabo Rojo entonó junto a su hija mayor el tema “La Mala”, de La Lupe, y perdió el partido de dominó.

El glamour de la maternidad
Por Alba Y. Muñiz Gracia / amuniz@elnuevodia.com

La elegante senadora Evelyn Vázquez mantuvo el glamour hasta en la difícil sesión de parto que trajo al mundo a Andrea Carolina Juarbe Vázquez, ahora una pizpireta adolescente de 14 años.

A pesar de los malestares que trae consigo un avanzado estado de gestación, Vázquez se mantuvo a la moda con ropa de diseñador, nunca se apartó de sus zapatos de tacón alto ni descuidó su maquillaje  impecable.

“Cuando fui a dar a luz, fui preparada con mi pelo y mi maquillaje hecho y el doctor me dijo que me tenía que quitar hasta el esmalte”, relató entre risas la senadora isabelina.

Seis años después, Andrea Carolina le dio una de las lecciones de vida más importantes. “De mi hija aprendí que las personas nacen definidas. Muchas veces los papás quieren hacer a través de sus hijos lo que no han podido hacer ellos”, expresó la legisladora por el Distrito de Aguadilla.

Por varios años, Vázquez estuvo ligada al mundo del modelaje a través de una academia anclada en el Pueblo de los Quesitos de Hoja. Fue en ese periodo que Vázquez apuntó a su niña en un concurso de belleza infantil a pesar de que a la menor ese mundo parecía no llamarle la atención. Tras ganar el certamen boricua, participó en una competencia similar en República Dominicana.

“Allí me dio una lección de vida. Ella me decía que hacía las cosas por animalitos y, cuando ganó, se quitó la corona y me dijo 'mami, aquí tienes tu corona'”, recordó Vázquez.

Desde pequeña la menor ha demostrado su amor por los animales y ahora, a sus 14 años, es una experimentada jinete de caballos de andadura.

Esa pasión se reflejó desde que la niña tenía apenas de 2 a 3 años, con su apego a todas las mascotas de la familia.

Para Andrea Carolina, no existe una madre mejor que la suya. “Ella es la mejor mamá del mundo, pero más que mi mamá, es mi mejor amiga”, dijo sonriente la espigada joven.

Entre sus tres amores
Por Alba Y. Muñiz Gracia / amuniz@elnuevodia.com

En el hogar de la senadora Sila Mari González el día comienza a las 5:00 de la madrugada con periódicos, desayuno, uniformes y  paradas de última hora.

Cuando la legisladora por acumulación llega a su oficina en el Capitolio, ya tiene acumuladas varias horas de buen trabajo que usualmente incluyen una compra a último minuto en algún “school supply” de la zona para asegurar que sus tres hijos lleguen bien equipados al colegio.

Y es que la vida de la legisladora de 44 años revuelve en torno de Luis Aníbal, un espigado joven de 14 años; Gustavo, un amante de la tecnología de 12 años, y Sila Aurora, quien a sus 11 años se proclama como “la defensora” de sus hermanos.

“Ella nos da mucho cariño, nos quiere, se preocupa por nosotros, es responsable y nos cuida mucho”, expresó el primogénito de la familia al describir a su mamá.

Aunque Luis Aníbal le llegó a los 30 años y ya inmersa en las campañas políticas de su madre, la ex alcaldesa y ex gobernadora Sila M. Calderón; González confiesa que la maternidad llegó acompañada de su usual paquete de sorpresas.

“Me sentía preparada para tenerlo, aunque después me di cuenta de que uno nunca está preparado para tener un hijo, y Luis Aníbal fue el primer nieto de la familia. Cuando lo tuve me pasaba todo el día mirándolo”, reveló la legisladora.

Al igual que el resto, su primer parto fue por cesárea y difícil. “Luis Aníbal fue una cesárea de emergencia porque había perdido oxígeno y tenía problemas con los latidos. El doctor dijo que lo tenía que sacar. Fue una situación médica delicada. Nació morado a sus 40 semanas de gestación”, contó con emoción la senadora.

Esta cesárea no impidió que González intentara tener a su segundo hijo de forma natural, pero hubo complicaciones que, de esperar más tiempo, podrían haber provocado la muerte del bebé.

Pero fue la querendona del hogar quien, tras separarse de su mamá, permaneció hospitalizada en la unidad de intensivo para recién nacidos. “Había perdido todo el líquido amniótico y cogió una infección. Cuando me la traje para casa tenía dos monitores: uno para los latidos y otro para la oxigenación. Estuvo con ellos casi dos meses”, contó.

La niña tenía 1 año; Gustavo, 3, y Luis Aníbal, 5, cuando llegaron a La Fortaleza junto a su mamá y abuela.

“Los tenía en escuela y cuido. Fue una época difícil porque requería mucho de mí emocionalmente, pero también porque me separé de mi esposo”, reveló la senadora por acumulación. El trabajo político ha sido, precisamente, lo que ha llevado a la familia grandes alegrías pero también algunas tristezas.

“Ellos se han sacrificado y los he sacrificado un poco, particularmente en la época de campana. Y qué tristeza tan grande pasar un día sin verlos. Yo he tratado de mantenerlos fuera de la política porque tiene tantos sinsabores, particularmente para las mujeres por los ataques. Es lamentable, pero es así”, expresó junto a sus tres hijos.

Un embarazo azul
Por Alba Y. Muñiz Gracia / amuniz@elnuevodia.com

La simpática Nayeli Vivaldi, de 1 año y 11 meses, es el eje del hogar de la representante novoprogresista Albita Rivera. Y es que, desde que se convirtió en abuela, en su acogedor apartamento sólo se observan programas  infantiles, abundan los libros de colorear y se maneja  un colorido triciclo.

La niña es fruto del matrimonio de Nimarie Sánchez y José Pablo Vivaldi, hijo de la veterana líder estadista.
“Aquí todo gira alrededor de la niña, como era antes con José Pablo”, reiteró la presidenta de la Organización de Mujeres Progresistas (OMP).

Rivera tuvo  a José Pablo a sus 38 años, durante su primer término como presidenta de la OMP y tras un embarazo caracterizado por una “mala barriga de nueve meses”.

“No tuve que comprar absolutamente nada. Una vez le compré un quimono de Santa Claus, porque él nació en diciembre, y poco después me regalaron uno idéntico”, contó sobre los mimos que recibió de amigos, familiares y seguidores políticos. 

“José Pablo fue un niño bien consentido. Imagínate, me hicieron tres 'baby showers' en toda la Isla. Hasta la ropa en mundillo con la que salió del hospital, y que usó Nayeli cuando nació, fue un regalo”, agregó mientras observaba a la coqueta niña posar con gracia para el lente de El Nuevo Día.

Para el joven, ahora de 26 años, el Capitolio fue un segundo hogar lleno de personas a las que, independientemente de su afiliación política, les robó el corazón.

“Él era amigo de (la entonces senadora popular) Velda González y su ayudante. Un día él estaba compartiendo con ellas y cuando lo veo entrar a mi oficina, tenía puestas una camisa y una gorra de la Pava”, contó entre risas sobre las andanzas capitolinas de su hijo a los 3 años.

Para José Pablo, su mamá ha sido una maestra. “Me enseñó a ser tú mismo, a defender tus ideales sin importarte las consecuencias. Me enseñó que eso es importante aunque implique irse en contra de la corriente, es lo que te define como ser humano”, expresó el joven ante la mirada brillosa de su madre.

Aceptó también haberle causado “muchos dolores de cabeza”  a su mamá y pregonó el inmenso orgullo que siente por los logros que ella ha cosechado y por el respeto que la gente le profesa cuando la ve en la calle.

“Me siento muy orgulloso de ella y ella lo sabe. He visto cómo ella se ha entregado a ayudar a su pueblo, sacrificando a veces su familia”, expresó.

Aunque al ser hijo único no tuvo que dividir la atención de Albita cuando pequeño, ahora acepta haber perdido la codiciada “falda”. “Ya mami llama a casa y no me pregunta cómo estoy, sino como está la nena. Ahora tiene más tiempo para disfrutar a su nieta y lo está aprovechando”, comentó con una sonrisa.

A juicio de Albita, José Pablo siempre se ha distinguido por su facilidad para expresarse, una destreza que reveló a temprana edad. “Cuando murió su abuelo, él tenía como tres años y miró al cielo y dijo: 'abuelo Raúl se tuvo que haber reunido con abuelo Pedro (padre de Albita)'. Ahí me miró y me preguntó: '¿estarán hablando de política?'”.

Las maripositas de la maternidad
Por Alba Y. Muñiz Gracia / amuniz@elnuevodia.com

El fuerte  olor a café “colao” marca el inicio del día en el hogar de la senadora novoprogresista Lornna Soto, donde el movimiento comienza a las 5:40 de la madrugada.

Allí, en el corazón de Canóvanas, la vida gira en torno a las jóvenes Pamela Julianys y Lorenis Paola, las dos hijas de la conocida legisladora.

Lornna se inició en el oficio de la maternidad hace 17 años, cuando tuvo a su primogénita, a quien llaman por su segundo nombre: Paola.

Según la senadora, este embarazo se caracterizó por una “mala barriga horrible” que la mantuvo en cama el último mes y que obligó a que su madre, doña Nimid, se mudara con ella cinco meses antes del parto.

El proceso incluyó hasta una caída a sus cuatro meses de embarazo durante una caravana política.

“El parto tampoco fue bueno, al punto de que esperé seis años para tener la otra”, relató la senadora mientras su primogénita la miraba sonreída.

“Pero cuando la vi me di cuenta de que todo valió la pena. La primera vez que te pegas al bebé para lactarlo, sientes esas maripositas de cuando te enamoras, pero mucho más fuertes... Yo la miraba y no podía creer que hubiera salido de mí”, agregó.

Aunque más llevadero, su segundo embarazo no estuvo exento de momentos difíciles, ya que un sangrado interno de la senadora afectó a la niña al punto de que la mantuvo casi 24 días hospitalizada.

Ahora sus dos hijas son elegantes jóvenes que no dudan en expresar sus deseos para el futuro: Paola busca convertirse en ortopeda, Pamela desea ser actriz de novelas y ambas anhelan tener el regalo de pasar más tiempo con su ajetreada mamá.

Y es que, desde pequeñas, han tenido que compartir a su madre con los constituyentes del área este de la Isla.

“Mis hijas han sido criadas en gran medida por mami. Eso me llena de seguridad y paz porque sé que les va a dar los mismos valores morales que me dio a mí, pero, para mí, esto es algo muy sentimental porque en muchas ocasiones me han pedido tiempo... y por eso les he pedido disculpas”, relató la senadora con lágrimas en los ojos.

Pero para las  niñas, no hay mejor mamá que la suya.

“Ella es la mejor”, aseguró sin dudas Pamela mientras desayunaba junto a su familia en el amplio comedor de la casa.

“No la cambio por nada, me encanta tenerla conmigo. Está pasá”, agregó su hermana.

¿A qué otra cosa quisieran que se dedicara su mamá si no fuera legisladora?, se les preguntó.

“Sería tremenda abogada porque ella puede estar frente a mucha gente y no aparenta lo que no es. Sería de las preguntonas”, contestó Pamela mientras sostenía a “Tango”, un Yorkshire Terrier de dos años que es la mascota de la familia.

Paola, en cambio , dijo que su mamá tiene talento para destacarse en el campo de la sicología. “Sería una buena sicóloga porque tiene la habilitad de hablar contigo y ayudarte a ser una buena persona”, dijo.

“Y ama de casa, por nos habría dado tiempo. La habríamos tenido 24-7 y eso habría sido buenísimo”, añadió la adolescente con mucho entusiasmo.

Una receta dulce
Por Daniel Rivera Vargas /
drivera2@elnuevodia.com

 

Aunque dicen que pelean con frecuencia, la representante Carmen Yulín Cruz y su hija, Marina Yulín Paul Cruz, de 19 años,  se divierten mucho cuando están juntas.

Ya sea cocinando, buscando fotos o con Benicio del Toro, un perro sato que la legisladora halló quemado y encerrado en una bolsa dentro de un zafacón, ambas disfrutan de la compañía de la otra.

Aunque poseen fotos en las que lucen idénticas, tanto la legisladora de 47 años como la joven  no ven el parecido mutuo. Marina es la única hija de la representante, quien durante el parto perdió al hermano gemelo de la universitaria.

En su apartamento en Cupey, madre e hija cocinaron ante el lente de El Nuevo Día. El plan original era hacer unas galletas que hacen juntas  una o dos veces al mes, unas ‘russian tea cakes’, pero por ser tan complicadas decidieron hacer otras cosas, comenzando con unas crepas con chocolate.

“Marina, búscame un plato. Quiero uno lindo”, dijo la legisladora, que es  madre soltera y  agradece a sus padres y su hermano toda la ayuda que le han dado en la crianza de su hija.

La estudiante de Comunicación Pública en la Universidad de Puerto Rico (UPR) buscaba el plato en la alacena cuando de repente la madre dice: “pasó lo que tenía que pasar: se quemó la crepa”.

En la nevera había una vieja nota de Marina a su madre escrita en inglés y español: “¿Podemos ir ‘groceries shopping’?. There is not food. Only Dominnoe’s is my home made food”.

Finalmente la crepa  salió y madre e hija la compartieron. Luego intentaron hacer  quesadillas.

“¿No hay nada más que le pueda echar?”, le preguntó la madre.

“Aquí no hay nada”, contestó Marina escudriñando  la nevera.

Tras colocarle el queso a las plantillas de harina, el aspecto de la quesadilla no era el mejor.

“Con el hambre que tengo”, dijo la joven observando la quesadilla.

“¿Quien se atreve a probar esto?”, preguntó Carmen Yulín entre risas.

“¿Lo tengo que probar también?”, bromeó Marina.

Finalmente se la dieron a Benicio del Toro. El fiel perro, que lleva el nombre del actor porque fue encontrado el día que el boricua ganó su Oscar en el 2000, olfateó la quesadilla, bajó la cabeza y la rechazó.

Había que matar el hambre, así que al rato aparecieron en la casa dos pizzas grandes, una de pepperoni y otra de queso.

Y entre pedazo y pedazo de pizza comenzaron que suelen salir juntas al cine o a “placear”, como le llaman a las constantes visitas que realizan al centro comercial Plaza Las Américas.

A veces la legisladora se acuesta mientras su hija y sus amistades ven películas u oyen música en el apartamento.

Marina reveló que detesta la política, aunque admira la convicción de Carmen Yulín en sus ideales, así como la  buena relación que  mantiene con legisladores de otros partidos, como la representante Albita Rivera y la presidenta de la Cámara de Representantes, Jenniffer González.

La legisladora escucha a su hija, quien coopera con entidades como Relevo por la Vida, rechazar la política sin molestarse.

De hecho, la legisladora entiende que en esto hay algo muy positivo: “Yo creo que eso es indicativo de dos cosas, primero que ella tiene personalidad propia y dos que se le ha promovido la capacidad de pensar por cuenta propia”.

Del campo a San Juan
Por Sandra Caquías Cruz / end.scaquias@elnuevodia.com

La pequeña Isabel Celeste se amarró al cuello de su madre  cuando ésta estaba a punto de empezar a leerle un cuento.

“¿Quién es tu mejor amiga?”, preguntó la legisladora.

“Mami”, respondió la chiquita sin esquivar  los ojos de su progenitora.

“Le voy a dar un tiempo a la madre y a la hija”, saltó a decir Enrique Antonio, el hijo mayor que las observaba atento.

La escena es común y no causa celos en el hogar, aseguró la representante popular mientras compartía con sus dos retoños, una actividad que añora cuando está entre  las frías paredes de mármol de  la Casa de las Leyes.

Brenda, hija de un ex representante, reconoce lo difícil que le resulta a un niño tener a uno de sus padres en la política. A eso se suma la distancia entre su centro de trabajo y se residencia, en la sierra de montañas del barrio Caguana, en Utuado, a pasos de un parque indígena.

“Mi agenda no es distinta a la de la típica madre puertorriqueña”, dijo la esposa del también ex representante  José Enrique Arrarás, presidente de la Federación de Atletismo y su mano derecha en la crianza de los pequeños.

Con él lleva once años de casada y en él delega la tarea de llevar y recoger los niños de la escuela, así como un sinnúmero de actividades en las que también se involucran los padres de la representante.

“La historia se está volviendo a repetir”, dijo en referencia a la relación de su familia y la política.

La líder popular, quien posee un bachillerato en Ciencias Políticas, es hija del ex representante Héctor López Galarza.

“Quiero que ellos se sientan partícipes de este proceso (vida política). Yo fui hija de un político y sé que es sacrificado, bien difícil y bien fuerte. A mí la política me marcó, me marcó en el sentido de que muchas veces no pude estar con mi papá en determinados momentos”, relató antes de comprometerse a “tratar de que mis hijos no sientan que no estuve en el momento en me necesitaban”.

La rutina de la representante inicia con el cantío del gallo.

Se levanta temprano y prepara los niños para que el padre los lleve al colegio, mientras ella se termina de arreglar para salir de Utuado a San Juan.

Regresa del Capitolio alrededor de las 7:00 de la noche, momento que los ayuda en las tareas escolares que no hayan completado.

Luego se encarga de que se preparen para acostarse. Estos momentos son oro en este hogar, porque  mientras papá atiende a uno ella lee cuentos y reza con el otro.

“Ser madre es lo más maravilloso que me ha ocurrido”, aseguró.

Jamás olvidará el instante en que nació su primogénito: Enrique Antonio. “Fue un momento indescriptible.

Cuando lo llamé, miró, y dejó de llorar”, recordó.

Enrique Antonio cursa el sexto grado y también fue el que le dijo que se  alegraba de que hubiera decidido ser legisladora para ayudar a la gente.

“Este hijo y yo (dijo mientras lo abrazaba) tuvimos una relación  bien cercana desde que nació. Le inventé sus propias canciones. Desarrolle una relación tan cercana que todas las noches le leo”, confesó.

La lectura está muy presente en este hogar. Con apenas 11 años, Enrique Antonio lee el Quijote,  devora los libros de cuentos y las novelas infantiles como  La Ciudad de las Bestias y El Dragón de Oro, ambas de la autora chilena Isabel Allende. También es fanático de los cómics.

“Isabel Celeste es la niña esperada”, explicó Brenda mientras la chiquilla de seis años recorría la finca de sus abuelos.

Lleva el nombre Celeste porque su padre quería que, tanto su hija mayor como la pequeña, llevaran ese nombre.

“Isabel es muy líder, bien ágil mentalmente. Enrique es más tranquilo”, destacó la orgullosa madre mientras mostraba álbumes con cientos de fotos de los viajes familiares, muchos de ellos a eventos deportivos otros a lugares turísticos.

Una guía incansable
Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com

Era la que las correteaba por las canchas de voleibol y tenis, la que consentía y, a la vez, disciplinaba y si tenía que hacerlo, hasta peleaba con los árbitros. Era la que las acompañaba en los momentos más alegres y en los más difíciles, nunca faltó.

“Siempre estaba ahí”, dijo María del Mar Mateu Meléndez, de 26 años, sobre su madre, la alcaldesa de Ponce, María “Mayita” Meléndez Altieri.

Es un sentimiento que comparte con su hermana mayor, Ana Margarita Mateu Meléndez, de 31 años.
Según ella, de su madre obtuvo la disciplina y la perseverancia. “De ella aprendí a ser así; es exigente en todo lo que hace”, dijo Ana Margarita.

Tanto Ana Margarita como María del Mar viven en el área metropolitana de San Juan, aunque al menos una vez a la semana visitan a Ponce, ya sea para ver  familiares o para ejercer sus funciones como primeras damas de la ciudad. Llamadas telefónicas constantes acortan la distancia en los momentos que no comparten juntas.

Pese a los ajetreados días en la alcaldía, “Mayita” señaló que siempre intenta mantener la más cercana de las relaciones con sus hijas.

Lo único que no heredaron de sus padres fue la odontología como profesión, dijo en forma de broma la líder penepé.

Ambas estudiaron, en cambio, derecho. “Eso nos ayuda a ser las primeras defensoras de mami en cualquier escenario”, dijo María del Mar, al relatar que cuando “Mayita” incursionó en la política se les hacía difícil lidiar con las críticas malintencionadas.

Pero la misma fortaleza que heredaron de su progenitora las ayudó a sobrepasar el hostil escenario.

“Los valores que tenemos y lo responsables y disciplinadas que somos se lo debemos a su modelaje”, reiteró Ana Margarita.

“Mami es mi ejemplo, mi orgullo. Nos ha enseñado que las cosas simples y sencillas son importantes. Todavía es la hora que mi hermana y yo nos peleamos por dormir en la cama de mami cuando vamos a visitarla”, señaló María del Mar.

Una motivación doble
Por Yaritza Santiago Caraballo / end.ysantiago1@elnuevodia.com

Si  hay algo que estremece el corazón de la representante Liza Fernández, presidenta de la Comisión cameral de Asuntos de lo Jurídico, es llegar a su hogar  tarde en la noche y no poder recibir los besos y abrazos de sus dos pequeños tesoros:  Valeria Angélica  y Lorena Angeliz, porque duermen.

Y es que las muestras de cariño de sus niñas, de 3 años y  1 año y 4 meses, respectivamente, son  el antídoto que cada día  la llena de energía,  la terapia que le ayuda a liberar el estrés y a olvidar por un momento las  situaciones que como legisladora enfrenta día a día.

 “Hay ocasiones  que llego a  casa a las 10:00, 11:00 de la noche y  me pongo a llorar”, destacó la representante.

“Y es que a veces apenas las veo durmiendo y me duele no escucharlas decirme  con alegría ‘¡mamá!’. No tener ese cariñoso recibimiento,  porque ellas son bien cariñosas”, relató Fernández a El Nuevo Día, durante un sábado familiar  en el parque de College Park, en San Juan.

Es en este tranquilo lugar rodeado de árboles donde muchos fines de semana  Liza disfruta las sonrisas juguetonas de sus chiquillas al deslizarse por las chorreras o balancearse  en los columpios.

Allí  les celebra sus cumpleaños y les lee  los cuentos infantiles de Dora la Exploradora, y es el lugar donde las niñas, a veces con ropa idéntica,  pasean con alegría sus muñecas en  coches de juguete.

Pero ese día, Lorena, la más pequeña, tuvo períodos en que  no quería jugar con su muñeca.

“La chiquita es colorá. Valeria es más dulce, melosa, y Lorena es de las que se porta bien pero a veces tira y empuja. No me explico a quién salió con ese temperamento”, broméo la legisladora.

Ella  asegura que disfruta y atesora esos momentos  y es su manera de balancear su rol de mamá  con su  labor y compromiso con el pueblo.

Llevar estos dos sombreros no es fácil, según ella,  pues a veces hay que hacer malabares.

“Cuando tuve a Valeria yo la lacté y me la llevaba a la oficina,  y a veces tenía que salir corriendo de donde estaba para lactarla”, recordó.  

Compartir con las niñas es sagrado para Fernández. Por eso, los fines de semana procura no hacer compromisos laborales.

También hay días en que las chicas, cuidadas por la abuela de la representante,  también la acompañan al Capitolio. Los últimos días de sesión, por ejemplo, se las lleva a la oficina  donde otro familiar las cuida. 

“Ellas están en la etapa de buscar mucho a mamá”, resaltó la representante, quien en agosto dice que enfrentará  otro gran reto con uno de sus retoños. Ese mes,  Valeria, quien a su temprana edad dice los colores en inglés y cuenta del 1 al 20 en ese idioma,  comenzará  el pre-escolar, una etapa que emociona a esta joven madre pero que también la llena da nostalgia.

“Creo que ese primer día la niña no va a llorar cuando la deje en la escuela, la que va llorar soy yo”, manifestó entre sonrisas.

 

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