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8 de abril de 2012
Música
 

Paco de Lucía: “Mi meta era comer”

“La vida me dio muchísimo más de lo que yo hubiera podido imaginar”, dice Paco de Lucía, innovador de la guitarra y padre del nuevo flamenco

 
Paco de Lucía cerró el Heineken Jazzfest en su primera presentación en vivo en cinco meses y asegura que, por ello, se sintió “muy inseguro”. (Especial / El Nuevo Día / Dennis M. Rivera Pichardo)

Por Rafael Vega Curry / rvega@elnuevodia.com

Algunas leyendas son de carne y hueso. Una de ellas tiene además la mirada profunda, barba rala, una voz entre dulce y triste. Y manos que tocan la guitarra como nadie en el mundo.

Paco de Lucía es una auténtica leyenda viviente, pero actúa como si no lo fuera. O como si no quisiera saberlo. Su proceder es pausado y tranquilo, su palabra dispuesta a la autocrítica. ¿Para qué tendría que echárselas un genio?

De Lucía -quien cerró con broche de oro la 22da. edición del Puerto Rico Heineken Jazzfest, concluida hace una semana- marcó un antes y un después en la guitarra flamenca. Tomando como base las enseñanzas de sus dos maestros -Manuel Serrapí, más conocido como Niño Ricardo, y Agustín Castellón, alias Sabicas- creó un género musical, el nuevo flamenco, con su técnica revolucionaria que tomó prestado de otros estilos como el jazz.

Según apunta Alberto García Reyes en un análisis de “Almoraima” -probablemente su disco cumbre, estrenado en 1976- para flamenco-world.com, a De Lucía se le asocia con los aires de libertad que trajo la democracia a España, luego de cuarenta años de represión política.

De Lucía concedió a El Nuevo Día una breve pero agradable entrevista a las afueras de un hangar en el aeropuerto de Isla Grande, poco después de dar un paseo en helicóptero por las costas boricuas, acompañado por su esposa Gabriela Carrasco, su hija Antonia, de doce años, y su hijo Diego, de siete. Fue dos días después de su concierto en el Jazzfest y, aunque lucía algo cansado por el recorrido que acababa de dar, su tono fue de suma amabilidad.

Francisco Sánchez Gómez -su nombre de pila- nació en Algeciras, provincia de Cádiz, España, el 21 de diciembre de 1947. Adoptó su nombre artístico en homenaje a su madre, Luzia Gomes, de nacionalidad portuguesa. A los doce años comenzó su carrera musical. Y la guitarra no volvió a ser la misma.

¿Qué se siente haber marcado un antes y un después en la guitarra?

Hombre, es que uno no siente que uno es importante ni ha hecho cosas importantes, pero si miro hacia atrás o lo analizo, pues sí, realmente he aportao muchas cosas. He abierto puertas, sobre todo, que es lo más importante. Abrir una puerta para los que vienen detrás, que se metan por ahí. Por ejemplo, en una formación incluir el cajón peruano, que no teníamos percusión en el flamenco, meter otros instrumentos como el bajo, saxo, flauta, teclados... O sea, hacer un grupo de flamenco que no existía antes. Hay ahí una apertura a los músicos que han entrao conmigo y que, a su vez, ellos han ayudao al flamenco porque han aportao armonías, han aportao ideas... No sé bien lo que he hecho, pero sí tratar de encontrar caminos, caminos nuevos y diferentes, pero sin perder la raíz, que es lo más difícil de todo. No dejar de ser quien eres.

¿Qué hubiese sido si no fuese guitarrista?

Cualquier cosa pues... no sé. Hubiera hecho bien lo que hubiera hecho. Mi carácter natural, lo que soy yo, es hacer bien lo que hago, porque creo que todos tenemos un poco la obligación de, aunque seas limpiabotas, dedicarle cariño y ganas, hacerlo bien. Pero podía ser cualquier cosa, desde contrabandista, porque mi tierra era una tierra de contrabandistas... cualquiera sabe.

¿Cómo entró en contacto con el jazz y qué le aportó ese descubrimiento?

Cuando yo tenía 20 años o algo así, había un saxofonista en España que se llama Pedro Iturralde. Él me invitó a tocar en un disco suyo, pero ahí no había fusión. Él me dejaba un hueco y yo tocaba, en la tonalidad, cualquier cosa. Yo no tocaba el tema en sí, era como un pegote. Era como decir, bueno, vamos a poner aquí algo que no tenía que ver. O sí tenía que ver, porque él improvisaba sobre cadencias españolas, andaluzas, flamencas. Pero ya más en serio, así como conectar, hacer fusión, creo que fue con John McLaughlin y Al di Meola, con Chick Corea, y con un grupo que yo iba al principio. Eran chavales que tocaban jazz, se llamaba el grupo Dolores. Estaban (el saxofonista y flautista) Jorge Pardo, (el bajista Carles) Benavent, con ellos empecé a hacer esta formación que es la que uso ahora.

¿Ha hecho el disco perfecto, o todavía le aguarda el disco perfecto?

Es que ese no existe. Yo siempre he luchao, mi sueño era hacer ese disco que a mí, si no perfecto, que a mí me satisfaga, pero yo no soy fácil de contentar. Yo soy un enfermito de la perfección, de un sentido de la perfección que me inculcó mi padre desde que era niño y, bueno, ya desistí de gustarme a mí mismo. Porque cuando yo hago un disco lo hago a conciencia y lo oigo mil veces cuando lo estoy haciendo, pero cuando ya lo cierro, lo mezclo y lo mando a la compañía de discos, ya no lo oigo nunca más, porque sé que me he dejao cosas ahí en el tintero. Siempre digo el próximo será mejor, el próximo será mejor, pero yo tengo una edad en la que ya no hay más, el futuro ya se está acabando. O sea, que ya me conformo con lo que he hecho.

De niño, ¿ambicionaba o soñaba con los reconocimientos que ha tenido, como el doctorado de Berklee College o el premio Príncipe de Asturias (que ganó en el 2004)?

No, no, de niño mi meta era, pues, básicamente comer. Subsistir con la guitarra. Luego, pues, dentro de un grupo que hubiera cante, baile y todo eso, hacer un solito de guitarra. Esa era mi meta. La vida me dio muchísimo más de lo que yo hubiera podido imaginar. Pero lo que sí sé es que todo eso se consigue trabajando, no haciendo vida social o tratando de medrar a través de gente importante, sino trabajando en tu casa y tratando de tocar cada día mejor. Cada día que te levantas, ser mejor de lo que eres. Y eso es aplicable yo creo que a cualquier profesión. Si haces bien lo que haces, a la larga conseguirás cosas.

¿Hay algún escenario en el que le gustaría tocar y no ha tocado todavía?

Pues realmente he tocao en tos sitios. Es que yo desde que tenía la edad de mi niña estoy tocando. Vine a los Estados Unidos con doce años e hice giras con José Greco, que era un bailarín muy famoso de la época, luego volví dos veces con él. Ahí empecé a dar conciertos con dieciséis (años), por Estados Unidos, Europa... iba yo completamente solo, sin nadie más. Y ya nunca paré. Desde los doce años ya nunca paré. Y aquí me ves todavía ahora, empezando una gira de un mes por Estados Unidos.

Es su primera gira por Estados Unidos en varios años, ¿no?

Es que últimamente ya no me apetece ir a Estados Unidos porque está muy lejos. Y Europa, pues, hay tantas ciudades en Europa y tan cerquita todo... pasó mucho tiempo, y yo me dije, mientras más tiempo pase, más trabajo me va a costar ir. Entonces (decidí hacer) esta gira y después otra por Latinoamérica, que también creo que hace diez años que no voy. Quiero ir a Asia también, un poco pa despedirme, porque por Europa estoy muy cómodo. Y el trato, además. En Estados Unidos ahora está la situación muy fea y todo es muy complicao, con las visas, los controles. Te tratan como sospechoso... cuando lo contrario es que eres inocente mientras no tengas culpa.

¿Qué música escucha?

Mira, a mí me gusta mucho la música del Caribe. La salsa (especialmente la de El Gran Combo, según un allegado suyo), el son de Cuba, yo desde niño soy muy aficionado a esta música. Brasil... De Estados Unidos, el jazz, monstruos como Charlie Parker, Miles Davis, Coltrane... La música clásica, y flamenco.

¿Le apostaría a alguien como un digno sucesor suyo?

Sí, hay gente muy buena. En la juventud hay chavales que se comen la guitarra. Está en buenas manos, no me preocupa el futuro del flamenco, tanto en el cante como en la guitarra o en el baile. Está evolucionando con gente con muchas ganas y mucha afición... está en buenas manos.

Usted una vez se refirió a la guitarra como “su pesadilla”. ¿Cómo la guitarra puede ser una pesadilla para Paco de Lucía?

Es que es mucho el esfuerzo. Es un instrumento muy ingrato. Es un instrumento que tienes que tocarlo cada día, e incluso estando bien de manos sales al escenario y de pronto empiezas a fallar, y a lo mejor es porque una uñita está más larga que la otra (se examina las uñas) por unas milésimas de milímetro... Es muy compleja la guitarra. El estado de ánimo influye mucho también para tocar bien o mal. No es como un piano, que ahí están las notas y tú tienes que sacar el sonido. Depende de muchas cosas.

¿Practica todos los días?

La verdad no. Yo nunca he practicao todos los días, cuando cojo la guitarra es pa componer. Por eso, cuando tengo que dar un concierto siempre me pilla el toro, porque yo no puedo tocar en la casa con la fuerza y la energía con la que toco en un escenario. Aquí fue mi primer concierto después de cinco meses (en el cierre del Heineken Jazzfest) y me sentí muy inseguro.

¿El escenario le da fuerza?

No, el escenario demanda fuerza... tuya, fuerza física. Tienes que tocar fuerte, porque estás con un grupo y a veces estás como el futbolista, que después de cinco meses de no jugar lo ponen a jugar un partido de alta competición... Nuevamente, en la gira, después de tres o cuatro conciertos es que estás bien, con callos en las manos y con la fuerza que se necesita para mantenerte ahí dos horas, con la tensión que requiere.

¿Qué le parece el cambio en la industria, en el que mucha gente ya no compra los discos sino que los baja, muchas veces sin pagar, en internet?

Yo creo que deberían regular eso. No cobrar lo que cobran las grandes compañías por un disco, pero sí que a los autores, a la gente creativa, se les pague un mínimo, que alguien que quiera bajarse algo que pague unos céntimos, porque, si no, la gente que vivimos de esto... la gente que hace una película, con el presupuesto que requiere hacer una película, que después se la baje todo el mundo y arruinen a la gente... lo que eso va a provocar es que la gente deje de crear, eso se va a comer la creatividad. A la gente hay que incentivarla, por lo menos pa que dé pa comer.

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