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8 de mayo de 2013
Puerto Rico Hoy
 

Para largo la sanación

El cuadro emocional de las tres jóvenes liberadas es muy complejo

Por Gloria Ruiz Kuilan / gruiz@elnuevodia.com

Las tres jóvenes secuestradas durante 10 años deben padecer, al menos, de desorden post traumático, lo que puede manifestarse en temor, inseguridad, desconfianza, ataques de pánicos y hasta la imposibilidad de relacionarse con otras personas.

El cuadro emocional y sicológico de Amanda Berry, Michelle Knight y Gina de Jesús, esta última de ascendencia boricua, es uno bastante complicado que requerirá de intervención médica holística, coincidieron dos sicólogos clínicos consultados por El Nuevo Día.

Las tres jóvenes fueron rescatadas el lunes por un vecino que escuchó los gritos de pedido de ayuda de Berry.

“Yo esperaría un cuadro de salud mental bastante severo en términos de que haya estrés post traumático y, como parte de ello, depresión, ataques de pánico, temor, problemas de adaptación social y para tener relaciones interpersonales... todos estos son síntomas enmarcados en el estrés post traumático. Después de 10 años esas muchachas no vieron ni el patio de la casa”, dijo el sicólogo social Luis Román.

Román definió el estrés post traumático como un trastorno de ansiedad que desarrollan personas que han pasado por eventos altamente tensos, como un secuestro, una violación o una guerra.

De Jesús tenía 14 años cuando fue secuestrada, Berry contaba con 15 y Knight era la mayor, con 21 años.

Pero De Jesús era estudiante de educación especial y Knight padecía de una condición mental que muchas veces propiciaba que confundiera sus alrededores, según ha trascendido. Esto complica el escenario sicológico y más aún si hubo ataques sexuales. “Cuando hay abuso sexual se entiende que el nivel de estrés y trauma es mucho mayor, ya que hay un ataque al cuerpo. No es lo mismo que me encierren a que me ataquen físicamente y eso puede incluir dolor físico”, sostuvo Román.

Tanto Román como su homólogo Carlos Rivera Lluveras opinaron que es posible la recuperación. Pero ello dependerá de múltiples factores, que varían en cada persona y en su sistema de apoyo familiar.

“Hay que explorar el nivel de severidad, el daño causado, y entonces determinar un plan de tratamiento para poco a poco restaurar un nivel de vida que sea funcional”, explicó Rivera Lluveras.

“Cada ser humano atraviesa diferentes etapas. (La recuperación) depende de los recursos internos que tiene cada persona, su bagaje, fortalezas internas, autoestima, nivel de inteligencia, la manera de percibir las cosas, el proceso de pensamiento. Si es optimista, cuánto apoyo reciban a nivel social y familiar... Todas esas virtudes o fortalezas internas contribuyen a cómo va a ser el proceso de recuperación”, agregó.

Dijo que la presencia de pesadillas, insomnio, angustias, síntomas depresivos, ansiedad, miedo, fobia y aislamiento podrían estar presentes, así como dificultades para socializar y establecer relaciones significativas.

Un factor alentador, según los dos expertos, es que las jóvenes no estaban solas en su secuestro, “porque, de alguna manera, se pueden convertir en recursos de apoyo (mutuo). No es lo mismo enfrentar un secuestro de 10 años solo, sin nadie con quién hablar, sin nadie con quién expresar tu miedo, que experimentarlo con otras personas”, precisó Rivera Lluveras.

Dijo que en el proceso de ayuda es vital recopilar toda la información que permita saber a qué específicamente fueron sometidas. “Hay que partir con la vivencia de la situación, hacer un historial de las experiencias a las cuales estuvieron sometidas. Una vez se hace eso, identificar los efectos o secuelas que se produjeron a partir de esa situación”, dijo.

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