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24 de marzo de 2013
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Píldora genérica para rescatar la industria

Exejecutivos de multinacionales se enrollan las mangas para impulsar la creación de empresas farmacéuticas de capital nativo

 

Por Marie Custodio Collazo / mcustodio@elnuevodia.com

Los veteranos de la industria farmacéutica se rehúsan a ver sus otrora modernos complejos de manufactura convertidos en cementerios de acero, como les ocurrió a las petroquímicas en Guayanilla; ni siquiera se conforman con la idea de que los espacios que antes albergaron laboratorios con tecnología avanzada se vuelvan centros comerciales.

Pero décadas de manejar documentos con análisis y proyecciones en las empresas que lideraron los hace conscientes de que las transformaciones que ha sufrido el sector farmacéutico en la última década y la expiración de las patentes de importantes productos que se manufacturan en Puerto Rico presentan retos, y es inevitable que la consolidación de operaciones provoque un exceso de capacidad.

Ahora bien, en lugar de quedarse cruzados de brazos, algunos ya acogidos a la jubilación, proponen utilizar la infraestructura y los conocimientos acumulados en la Isla en los más de 50 años que lleva la industria farmacéutica aquí para desarrollar empresas nativas que se dediquen a la manufactura de medicamentos genéricos.

“Puerto Rico manufacturó 17 de los 20 productos de mayor venta en el mundo, sin embargo, históricamente, hemos dependido de una relación privilegiada con las big pharma. Pero con una economía globalizada, nos hemos dado cuenta de que hay unos países con unos programas de investigación y desarrollo interesantes –como Brasil, India y China–, que una colaboración oportuna podría permitirle a Puerto Rico convertirse en un centro de manufactura de calidad para introducir esos productos a los principales mercados del mundo, no solo Estados Unidos”, resalta Agustín Márquez experto en el sector y quien lidera un grupo de sobre 40 exejecutivos de la industria farmacéutica denominado PIE, por sus siglas en inglés.

La organización propone que la Isla se convierta en un centro de manufactura por contrato y de medicamentos genéricos, que sirva de aliado a países con programas de investigación y desarrollo en el campo de la salud, pero que no tienen el peritaje o las instalaciones para llevarlos al mercado, así como a empresas pequeñas que no tengan el volumen suficiente para adquirir una fábrica propia.

Sin embargo, el economista Antonio Fernós Sagebién, asesor de PIE, piensa que el moméntum se presta para que Puerto Rico tenga una participación en las fases previas a la manufactura, e intervenir directamente en el descubrimiento y desarrollo de terapias farmacológicas.

“Este es el mejor sector para encauzar la economía del conocimiento. En las ciencias vivas y las farmacéuticas es donde hay más rendimiento a la inversión... Si aquí se mezcla la materia prima, hay que crear eslabonamientos, alianzas con las escuelas de farmacia para hacer los descubrimientos y estar desde el principio en el proceso”, expresa Fernós.

Los miembros de PIE reconocen las debilidades que tiene Puerto Rico, ellos las vivieron y tuvieron que contarrestarlas para poder retener y conseguir inversión nueva en las plantas farmacéuticas que dirigieron, pero igual saben que hay muchas más fortalezas en las que todavía se puede capitalizar.

Tomás Ramírez, quien era vicepresidente y gerente general de Biovail en Dorado cuando se anunció el cierre y posterior adquisición de la planta por una empresa de manufactura de genéricos y por contrato –Blu Pharmaceutical–, destaca las cinco décadas de experiencia, los incentivos, la infraestructura y la mano de obra capacitada que en los últimos años se vio desplazada por los cierres de plantas.

Aun así, los exejecutivos de farmacéuticas son enfáticos en que la ventana de oportunidad se cierra día a día, por lo que el país tiene que tomar una decisión de si va a reenfocar su base farmacéutica hacia el mercado de genéricos.

Fábrica sin fines de lucro

Márquez comenta que, precisamente, una de las dos ideas principales que decidió impulsar PIE, como parte de su objetivo de generar empleos rápido es un modelo innovador para rescatar alguna de las plantas en vías de cierre o ya abandonadas para convertirlas en una operación de manufactura de productos genéricos con fines no pecuniarios.

“Nosotros visualizamos que Puerto Rico tiene tantas ventajas competitivas que, modificando el foco que hemos tenido los últimos 30 años (en la industria farmacéutica), podemos multiplicar las oportunidades de inversión adicional o podemos crear una planta con capital puertorriqueño con fines no pecuniarios”, explica Ramírez, quien puntualiza que el grupo lo que quiere es poner a la disposición del país el conocimiento, la experiencia y la red de contactos que tienen con el fin de generar empleos.

Para la mayoría de la gente los términos “farmacéutica” y “sin fines de lucro” no suenan como algo posible de combinar. La población está acostumbrada a las grandes multinacionales con ingresos multimillonarios y accionistas que esperan dividendos altos.

Sin embargo, existe una organización llamada OneWorld Health, fundada en el 2000 por los doctores Victoria Hale y Ahvie Herskowitz, cuyo objetivo es darle acceso a medicamentos necesarios a poblaciones pobres, mediante el descubrimiento, desarrollo y distribución de drogas huérfanas. Estas medicinas atienden condiciones que no son comunes o que afectan de forma desproporcionada a los países subdesarrollados.

En el caso de OneWorld Health, los fondos para sostener la empresa provienen de donativos de agencias estadounidenses y de organizaciones benéficas, como la Fundación Bill y Melinda Gates. Además, han establecido alianzas con farmacéuticas, universidades y los gobiernos de los países afectados por las condiciones que quieren atender.

En el caso de la propuesta de PIE, el móvil es ayudar la maltrecha economía de Puerto Rico, por lo que el grupo se inclina por la manufactura de productos bioequivalentes, que requieran tecnología avanzada y tengan alta demanda internacional.

Héctor Cabrera, otro de los miembros de PIE y experto en el área de comercialización farmacéutica, señala que tienen identificadas unas 1,000 moléculas que están próximas a perder patentes y que se pueden manufacturar en Puerto Rico por la tecnología y el peritaje de los empleados.

Ramírez menciona que hay empresas que han venido a Puerto Rico con la idea de adquirir alguna de las plantas farmacéuticas en desuso, pero no tienen suficiente volumen, por lo que entiende que el modelo de manufactura por contrato encontraría clientes dispuestos a sacar provecho de la buena reputación del país en términos de calidad.

La propuesta de manufacturar genéricos o por contrato no es nueva, en la Isla hay varias plantas que se dedican a ese tipo de negocio, la diferencia, dice Márquez, es que la escala de precios se establecería tomando como base el costo de producción y añadiendo unos por cientos mínimos de ganancias. Las empresas de genéricos tradicionales establecen el precio partiendo de lo que cuesta para el público el medicamento de marca y establecen un margen de descuento.

Fuente de financiamiento

El líder de PIE reconoce que ese modelo podría no ser atractivo para muchos inversionistas, por lo que insiste en que el Gobierno de Puerto Rico, y quizás los de otros países, pueden ser socios. Además de que entiende que la inversión no sería cuantiosa, estima que puede variar desde $15 millones hasta $100 millones, dependiendo del tipo de operación que esté disponible para comprar y los productos que decidan manufacturar.

“(Los inversionistas) pueden ser desde inversionistas conscientes del esquema financiero que estamos hablando, o puede ser una cooperativa, una alianza de cooperativas. Obviamente, tenemos que ser creativos, no son modelos tradicionales. Lo que es indispensable en estos momentos es el interés y el apoyo del Gobierno”, apunta Márquez, y dice que el gobernador, Alejandro García Padilla, y varios funcionarios de desarrollo económico tienen conocimiento del plan, pero no hay nada concreto.

Fernós destaca que hay leyes, quizás inactivas, sobre capital de riesgo que podrían tener mecanismos para financiar el proyecto de la planta de manufactura sin fines de lucro. Y, en particular, considera que el modelo de alianza público-privada podría ser un facilitador, aunque sabe que hay un concepto equivocado de este instrumento.

“Teva (la principal empresa de genéricos en el mundo) es israelí, fue apoyada por el Gobierno de Israel y se convirtió en una empresa pública de clase mundial que genera miles de empleos y crea un beneficio enorme. Ese es un modelo exitoso con respaldo gubernamental”, menciona Cabrera.

Gisela Fournier, otra de las integrantes de PIE, fue específica en que la mayor aportación del grupo de exejecutivos es que están orientados a resultados porque los tiempos no están para seguir haciendo análisis y estudios, y requieren acción.

“Para nosotros sería difícil aceptar un rol de consultoría o análisis porque el problema se cae de la mata, y lo que podemos traer es una actitud de can do, una mentalidad de que tenemos las herramientas para hacerlo y vamos a hacerlo. Dado ese hecho, alinearnos a lo que haya que hacer no sería difícil para nosotros, pero la ventana de oportunidad se achica todos los días, esa sería mi mayor preocupación, que hay que actuar con urgencia”, afirma, al indicar que el grupo ya tiene un plan general, que solo tomaría un par de meses en afinar.

Luego, dicen sus colegas Ramírez y Cabrera, el periodo para poner a funcionar la planta puede tomar entre uno y cuatro años, depende de los productos y las condiciones en que se encuentre la instalación.

Listos para actuar

Aunque no es parte de PIE, Carlos H. del Río también mira al mercado genérico para rescatar la industria farmacéutica y a los profesionales que han sido desplazados por los cierres de planta y reducciones de personal.

Del Río también lideró operaciones farmacéuticas, y recientemente colaboró con un grupo de profesionales para asesorar y guiar a la farmacéutica mexicana Neolpharma en la compra de la planta de Pfizer en Caguas, donde producirán medicamentos genéricos y trabajarán en inyectarle innovación que desemboque en patentes nuevas.

A raíz de eso, el ahora empresario logró reunir a un grupo técnico con inversionistas locales dispuestos a adquirir operaciones farmacéuticas y formar empresas nativas de manufactura de genéricos.

“Nuestro grupo es de personas que se unen con el interés de mantener la industria farmacéutica... la intención es que no se destruya una planta más. Estas plantas les costaron mucho dinero a las empresas y a Puerto Rico, que le dio incentivos a esta industria para que pudieran recuperar la inversión en bien corto tiempo”, sentencia Del Río, y asegura que tienen varios planes de negocio listos para poder presentarlos a los inversionistas una vez surjan las oportunidades.

En diciembre, el grupo llegó a hacer una oferta por la planta de Pfizer en Carolina, luego de enterarse de que las negociaciones con una empresa extranjera fracasaron. Sin embargo, comenta, Pfizer había comenzado ya el proceso de demolición de los edificios, lo que hizo que perdiera las características que consideraban valiosas.

“Ahí se perdió la mejor operación de parenterales que había disponible para la venta en todo el mundo”, lamenta.

Ahora, se mantiene pendiente de otras dos plantas que posiblemente saldrán a la venta durante este año, cuyos nombres se reservó. Lo importante para el grupo es que sea una operación flexible, que les permita manufacturar una variedad de productos.

“Logramos interesar inversionistas locales, y conseguimos el respaldo de la Administración de Pequeños Negocios (SBA, en inglés), además, esperamos que el Gobierno tenga alguna participación”, destaca el experimentado ejecutivo, aunque reconoce que la situación fiscal del Gobierno podría hacer que su intervención se demore.

En total, estiman que necesitan levantar unos $200 millones, suficiente para adquirir una o dos operaciones.

Explica que entre los interesados en financiar el proyecto hay firmas de inversión y personas privadas con capital propio. Estos inversionistas también han sugerido que el equipo de profesionales que trabajan la parte técnica de la operación también aporten dinero, para que el riesgo se reparta.

Del Río trabajó un tiempo en la única empresa farmacéutica de capital nativo que ha tenido Puerto Rico, Mova, que luego de una trayectoria exitosa fue adquirida por Patheon.

De gerentes a empresarios

Del Río y su equipo no le temen al cuco de los altos costos de producción de Puerto Rico, algo que es vital en el competitivo mercado de fármacos genéricos.

“Hicimos un estudio bastante extenso. La India es la jurisdicción más económica ahora mismo, y nos hemos podido acercar bastante (en la proyección de costos). Pero Puerto Rico tiene una reputación regulatoria mucho mejor, llevamos desde los 60 cumpliendo con los requisitos regulatorios de Estados Unidos... La India va a aprender, pero eso va a encarecer sus costos, y eso lo va a nivelar”, dice.

Otro aspecto que estudia el grupo es el porfolio de productos idóneo para manufacturar, ya que buscan que sean fármacos que tengan barreras de entrada –para que la competencia sea menor–, y que se puedan diferenciar. Para esto, cuentan con la capacidad de científica del país.

“Mova llegó a tener una patente por un producto que desarrolló un boricua, y llegó a retar otra patente, con lo que hizo bastante dinero”, recuerda Del Río y enfatiza en que el componente científico será clave para el éxito de una industria farmacéutica nativa.

Pero el plan es que haya actividad lo más pronto posible, así es que la idea es comenzar con la manufactura de moléculas existentes, para en cinco años estar en la fase de lanzar productos con algún componente de innovación y en un periodo de 10 años ya tener fármacos derivado de investigaciones hechas en Puerto Rico.

“Quiero que se desarrolle una clase empresarial local. Hemos sido gerentes y empleados muy productivos, y ahora nos toca ser empresarios. Eso no significa que no nos dé el frío olímpico, pero es lo que Puerto Rico necesita”, concluye Del Río, quien hizo un llamado a que más exejecutivos y empleados de farmacéuticas digan que sí a participar en el desarrollo de industrias farmacéuticas nativas.

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