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Cultura
13 de febrero de 2012
 

Plazas llenas de libros y gente

Culmina ayer la primera edición de la Feria del Libro y de las Artes de San Juan

 
RICA ROSARIO fue una de tantas vendedoras de libros que “tomó” la Plaza Colón en el Viejo San Juan para ofrecer una variedad de libros de temática diversa. (EL NUEVO DÍA / LINO M. PRIETO)

Por Ana Teresa Toro / ana.toro@elnuevodia.com

Un aire de optimismo se respiraba ayer durante el último día de la primera Feria del Libro y de las Artes de San Juan, que completó cinco días de intensas jornadas con la presentación en la Plaza de Armas de la Banda de Conciertos de Puerto Rico, dirigida por el maestro Cucco Peña.

El entusiasmo era evidente. Hubo quien fue con la intención de comprar algún título o quien llegó al Viejo San Juan sin esperar encontrarse las plazas ocupadas por libros, artesanías y arte, y aprovechó para ir de plaza en plaza descubriendo la oferta cultural. El sol fue generoso y el tapón nocturno evidenció que la convocatoria fue efectiva. No hubo el bullicio de la Calle San Sebastián, pero el movimiento fue constante.

Según pláticas informales con algunos de los alrededor de 30 libreros que establecieron en la Plaza Colón un quiosco desde el miércoles, no hubo ventas extravagantes, pero se vendió, incluso un poco más de lo esperado.

Y es que, según comentó el conocido librero Alfredo Torres de la Librería La Tertulia, “en Puerto Rico pasa algo muy raro que no he visto en otros lugares y es que hay lectores, pero no se encuentran los libros”.

Torres pertenece además a la Asociación Puertorriqueña de la Industria del Libro (APRIL), entidad que ha participado directamente en la organización de esta feria, que contó con una inversión por parte del municipio de San Juan de alrededor de $130 mil.

La jornada de despedida arrancó a mediodía en el Teatro Tapia con una cátedra cocola. Cucco Peña, Andy Montañez, Ángel “Chuco” Quintero y el escritor colombiano visitante Mario Jursich compartieron anécdotas y opiniones en torno a la música caribeña en un conversatorio moderado por Juan Otero. Durante dos horas hablaron ante un público entusiasta de la salsa cuando es para bailar, de la salsa que solo se escucha y de cómo el baile a veces colinda con la gimnasia, entre otras derivaciones salseras.

Curiosa fue la lectura salsera que hizo de la Isla Jursich, quien cada día que pasaba encontraba elementos que conocía a través de la música en el paisaje isleño cotidiano. Llamó la atención la participación del público, verdaderos protagonistas de la jornada. No se llenó el teatro, pero los presentes trajeron a la mesa preguntas acertivas que llevaron a buen ritmo la discusión.

Escritor distinguido

“A mí la música de Puerto Rico y la literatura de Puerto Rico me han dado muchas cosas y me han producido mucho placer. Muchísimas gracias por eso”, comentó Jursich, quien al finalizar la charla recibió de manos de los representantes de la Asociación Puertorriqueña de la UNESCO, Antonio J. Molina y Jean Marc Bernard, una medalla como escritor distinguido.

Esta distinción también fue conferida a los escritores visitantes: Tom Gjelten, Alfonso Palomares y Héctor Abad Faciolince. Los puertorriqueños Magali García Ramis, Maira Landa, Vanessa Droz, Héctor Feliciano, José Luis Vega y Edgardo Rodríguez Juliá también recibieron la medalla.

“Nunca había recibido una medalla por el pescuezo”, dijo Rodríguez Juliá arrancando risas a los presentes y desvistiendo de formalidad la ceremonia.

Por su parte, García Ramis agradeció el honor y celebró el que muchos escritores puertorriqueños “afirmamos nuestra cultura más allá de lo que muchas personas -que sin entender lo que es Puerto Rico- tratan de representar y apropiarse”.

Pero el más esperado de la tarde era el reconocido escritor y periodista colombiano Héctor Abad Faciolince, quien llegó de sombrero y vestido de blanco y chaqueta crema, confirmando así esa cosa que tiene San Juan que hace que los visitantes vayan, a medida que pasan los días, aclarando los tonos en su vestimenta. O quizás es casualidad.

El escritor compartió mesa de debate con la académica de la Universidad de Puerto Rico Melanie Pérez y con el escritor boricua Rafah Acevedo.

“Escribo para recordar. Hay cosas bellísimas que sé que se me van a olvidar. En cinco días voy a olvidar el sabor de la alcapurria y esa palabra y la única forma de recordarlo es escribiendo”, compartió Abad, quien estuvo más que dispuesto no solo a leer algunos poemas sino a pasar revista por su obra literaria donde temas como la memoria, la violencia y el matrimonio son constantes obsesiones. Fue una charla cercana, a veces íntima, sobre ficciones y realidades que a fin de cuentas, poco importa, ambas son humanidades.

Aún no ha quedado claro si la feria se hará anualmente o cada dos años, a juzgar por la primera experiencia, la ciudad la necesita. Enhorabuena.

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