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27 de julio de 2012
 

Por qué a los perros les encanta roer huesos

Según una investigación científica, esta costumbre proviene de sus ancestros los lobos

 
 (thinkstock)

Por BBC Mundo

Científicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) descubrieron por qué a los perros les encanta morder, roer y jugar con huesos.

Sus ancestros los lobos, zorros o chacales tenían el instinto de rasgar a sus presas con su mordida, cuando en un momento de su evolución (hace ocho millones de años) tuvieron que empezar a cazar en manada para alimentarse de animales mucho más grandes que ellos.

La evolución de sus mandíbulas gradualmente convirtió a algunas especies en hipercarnívoros, que son los animales que se alimentan mayormente de carne fresca.

El doctor Joao Muñoz-Durán, profesor investigador del Departamento de Biología de la UNAL, presentó las conclusiones de su estudio en el Primer Congreso Conjunto de Biología Evolutiva en Ottawa, Canadá.

Como había ambientes más abiertos y sin bosques, explica el investigador, los ungulados (mamíferos con casco y pezuña, como los caballos o cabras) tuvieron que responder de alguna forma al cambio de dieta: para comer gramíneas, necesitaban dientes y estómagos más grandes, por lo que crecieron de tamaño y comenzaron a vivir en grupos para detectar más rápido a los depredadores.

“Ya no eran capaces de cazar estas presas en solitario por lo que también decidieron unirse y formar grupos para idear estrategias que les permitieran cazar ungulados de manera colectiva”, asegura.

Como se trataba de animales pesados y fuertes, al morderlos había un forcejeo que impuso estrés mecánico sobre el cráneo, las mandíbulas y la morfología general.

Los perros heredaron su amor por los huesos de su ancestro hipercarnívoro. Sin embargo, eso no ocurrió en todas las especies.

“Sucedió con el ancestro del lobo gris (el perro común es descendiente de este lobo), del perro silvestre africano conocido como el lobo africano, del lobo de la India y de un perrito sudamericano que se llama perro del bosque”, menciona.

“Como ha habido un proceso de domesticación y se han generado muchas razas, hay unas que aunque les encante jugar pretendiendo que están cazando, no tienen la misma fuerza de un lobo gris”, dice.

A pesar de que no estén en un contexto en el que necesitan cazar grandes presas para sobrevivir porque tienen comida fácil de masticar y digerir, heredaron genéticamente el gusto de morder huesos -sintéticos o de verdad- una y otra vez.

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