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10 de septiembre de 2013
Cultura
 

Premio al oficio

Juan Manuel González y Carlos Silva resultaron vencedores en la edición 2013 del Certamen de Poesía El Nuevo Día

 

Por Tatiana Pérez Rivera / tperez@elnuevodia.com

La misión era seleccionar el mejor poemario de un autor publicado y de uno inédito de entre los 193 textos sometidos al Certamen de Poesía El Nuevo Día 2013. Y en algo coincidieron los especialistas en literatura Rosa Guzmán, Félix Córdova y Mercedes López Baralt convocados a la tarea: Ventriloquus, de Juan Manuel González Ríos, y Juguetería del tiempo, de Carlos Eduardo Silva Velázquez se separaron de los demás.

“Desde la primera lectura de ambos tuvimos la certeza de habernos enfrentado a dos maestros del oficio”, señala el laudo sobre el proceso de selección del certamen coordinado por Carmen Dolores Hernández, que este año -como ya acostumbra la versión del certamen de cuento- premió un autor inédito para estimular la creación.

“El jurado estima necesario expresar su alegría ante el fervor poético de nuestro país, evidente por la cantidad de poemarios sometidos, y decir que nos enfrentamos a decenas de poemarios interesantes, con tiradas de versos que nos cautivaron”, mencionó López Baralt al leer el laudo durante el sencillo acto de premiación celebrado ayer en la sede de El Nuevo Día.

Sin micrófonos ni un rígido protocolo, los integrantes del jurado conversaron con los ganadores sobre sus respectivos procesos creativos, inquietudes y expectativas en presencia del público.

“Para el escritor es necesario tener una caja de resonancia que es la sociedad”, mencionó Hernández en torno a la relación estrecha entre escritor y lector y cómo, de algún modo, se retroalimentan.

Para ambos ganadores -González, con 36 años y varios de experiencia como poeta, y Silva, de 20 y apenas “unos cuatro” escribiendo poesía-, el premio es una recompensa al oficio.

“Yo pienso que los certámenes no hacen a los escritores. Sin embargo, no deja de ser una palmadita en el hombro que te dice, ‘vas bien, síguelo por ahí’ ”, opina González, quien sometió Ventriloquus con el seudónimo de “El flaco Zacarías”.

“Llevo varios años trabajando y he publicado varios libros. Uno a veces piensa que uno lanza un libro y va a gustar tanto que te van a escribir y no es así, en torno a ese libro hay un silencio grande y uno empieza un poco a sufrir de baja autoestima literaria, pero siempre con la sospecha de que quizás es por esto o por lo otro. Sabemos que vivimos en un país que no promueve la lectura como debiera, pero uno sigue. Más allá del dinero para mí es importante el hecho de decirme a mí mismo ‘estás ahí, síguelo’ ”, insiste González, que además es profesor.

Éste va más lejos al mencionar que el concepto de “invisibilidad” que tanto se discutió cuando el puertorriqueño Eduardo Lalo lo mencionó en múltiples entrevistas al vencer la reciente edición del Premio de Novela Rómulo Gallegos, no se limita al exterior.

Localmente “nuestros escritores forman grupúsculos”, dice González, “y se invisibilizan mutuamente”.

“Hay que romper con eso y hay que comenzar a leernos, a criticarnos seriamente y a reconocer cuando el trabajo de otra persona es serio y hay oficio. Aunque esa persona no sea de tu agrado, la obra es lo que cuenta”, indica el autor de otros poemarios como XX poemas para ser leídos en el tren urbano.

En el caso de Silva, primerizo con Juguetería del tiempo, éste aprecia el hecho de que los certámenes propician “un foro para darse a conocer en el mundo literario”.

“La escritura es un acto de comunicación y hace falta un receptor. Nosotros no siempre tenemos la oportunidad de que alguien lea y que nos diga ‘lo estás haciendo bien’ y los certámenes son para eso. Cuando uno manda una obra tiene la oportunidad de que personas expertas nos digan ‘esto funcionó’ ”, menciona el universitario que en el certamen usó el seudónimo Pedro Pablo Galarza.

Los dos escritores reconocen la satisfacción que sintieron cuando el jurado comentó sobre las fortalezas de sus respectivos textos.

“Escuchar sus instrucciones, ése es el premio”, subraya González, quien agrega que Ventriloquus resultó una agradable sorpresa para él puesto que apareció un lenguaje y estilo que no había trabajado antes.

“Siento que es otra cosa totalmente, en ese sentido aposté a él sin muchas esperanzas y me desentendí”, confiesa.

Silva, por su parte, detalla que Juguetería del tiempo, es “como un enredo de mi poesía”.

“Hay poemas desde que empecé a escribir hasta ahora, así que como el tiempo, que trato como tema en el poemario, todo es un enredo”, culmina.

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