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25 de febrero de 2013
Cultura
 

Prevalece la música en el inicio del Casals

La Sinfónica doma la difícil partitura de Wagner

 

Por Luis Hernández Mergal / Especial El Nuevo Día

Aunque el teatro del Festival de Bayreuth no se comenzó a construir si no hasta 1872, las ideas de Wagner sobre un diseño arquitectónico adecuado al montaje de sus dramas musicales se remontan a 1848, cuando el compositor fungía como director del teatro de la Corte de Dresde. En el teatro de Bayreuth, el foso de la orquesta tiene la peculiaridad de encontrarse colocado de tal manera que el público no ve a la orquesta y, más importante aún, la densidad de la orquestación wagneriana queda muy bien equilibrada con las voces en el escenario. Por tal razón, las versiones de concierto de las óperas de Wagner son siempre una apuesta arriesgada.

En la versión del segundo acto de Tristán e Isolda presentada por la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico (OSPR) bajo su director titular, Maximiano Valdés, en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes de Santurce, como concierto inaugural del Festival Casals 2013 y en celebración del bicentenario de Wagner, los dados definitivamente favorecieron a la orquesta, y no solo por estar colocada en el escenario con los cantantes.

La soprano Kirsi Tiihonen, en el papel de Isolda, no pudo competir con la orquesta, sobre todo en su registro grave. En la primera escena Tiihonen quedó opacada por la espléndida Brangania de Lindsay Ammann, una joven contralto de carismática personalidad y potente voz. Jon Fredric West es reconocido por su poderoso Sigfrido, pero en esta ocasión su Tristán quedó abrumado por la orquesta en la agitada primera parte de la segunda escena. Tristán e Isolda parecían ahogarse en las marejadas orquestales wagnerianas. La orquesta, sin embargo, muy bien manejada por Valdés, fue un dechado de virtudes en cuanto a la ejecución de la difícil partitura.

Sin duda alguna, el mejor momento fue el Liebesduett, el dúo de amor de Tristán e Isolda en la segunda escena, cuya hermosísima música deriva de una de las Wesendonck Lieder, el ciclo de canciones que Wagner escribiera junto a su amante Mathilde Wesendonck, esposa de uno de sus benefactores. Tiihonen y West, con un acompañamiento orquestal menos fuerte, lograron momentos de gran expresividad. Muy destacado también el papel del bajo Andrew Funk como el traicionado rey Marke. Eric Greene (Melot) y César Méndez Silvagnoli (Kurwenal) completaron el reparto.

El saldo de este concierto inaugural del Festival Casals 2013 fue un Tristán con dificultades de balance entre voces y orquesta, en que, sin embargo, la música prevaleció. Como escribiera Wagner alguna vez, en un arranque schopenhaueriano que describe perfectamente a Tristán e Isolda: “La música disuelve las palabras, que se desvanecen, dejando el puro contenido emocional, la esencia más secreta, una encarnación redentora del dogma divino de la nulidad del mundo fenoménico”.

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