Top de la pagina

Entretenimiento

    Facebook Twitter Digg Google Buzz
10 de septiembre de 2012
1:42 p.m. Modificado: 1:50 p.m. Cultura
 

¿Qué es la buena literatura?

Es la pregunta que generación tras generación lectores, críticos y autores intentan contestar

 
"Lo que le falta a los textos que no son buenos es que no hay lecturas detrás, no hay erudición", opinó melanie Pérez. (archivo)

Por Ana Teresa Toro / ana.toro@gfrmedia.com

El otro día alguien me dijo que nadie puede reconocer la buena literatura si nunca ha comido con las manos. Entonces es obligatorio pensar en la literatura y en el comer, en las obras que se leen y se les reconoce el recetario de antaño, la tradición cuajándose a fuego lento y convirtiéndose en un sabor distinto. Pero también se come comida congelada que entretiene la mandíbula y el sabor se olvida con la misma rapidez con la que se bota la caja. Lo mismo sucede con las bocanadas de literatura que se consumen generación tras generación.

¿Qué es rico y qué no lo es? ¿Cuál paladar es apto para discernir? En fin, ¿qué es buena literatura?

La pregunta es lanzarse mar abierto sin salvavidas, pero dejándonos llevar un poco aparece alguna orilla.

“La buena literatura es literatura que dialoga con la tradición, siempre es en cierto punto sobre literatura. Es un gran debate. A mi me parece que la buena literatura es la que me va moviendo los horizontes que ya conozco”, opina la crítica literaria y académica Melanie Pérez.

“Lo que le falta a los textos que no son buenos es que no hay lecturas detrás, no hay erudición. El escritor necesita lecturas, se escribe a partir de un corpus de lecturas hechas”, añade Pérez quien opina además que los criterios estéticos caen en un segundo plano por entender que son asuntos vinculados a un tiempo histórico, a herencias culturales y a los registros desde los cuales leemos; en nuestro caso la tradición occidental.

Un tema como este arrastra sensibilidades. Por un lado está la idea de que los textos populares -y que son éxitos de ventas- son irremediablemente malos y por el otro está la constancia de que joyas de la literatura universal como el mismísimo “Don Quijote” fueron éxitos en su momento histórico. La fama hoy día la disfrutan por igual las obras de Paul Auster o la saga de “Crepúsculo”; y las críticas de ambos no podrían ser más dispares. Aún así, esto arrastra la idea de la alta cultura y su nube de exclusión a todo lo masivo. Entonces, se construyen absolutos como: si es masivo es malo y si nadie lo compra ni lo entiende (salvo cierta ala de la crítica) ha de ser una obra de arte. Bajo otros parámetros buena literatura sería aquella que escriben autores que buscan innovar en su arte, crear nuevas formas o perfeccionar las existentes.

Mala literatura sería aquella que se basa en fórmulas simples adaptadas al gusto de la masa que, a su vez, responde a las lógicas del mercado. Algo así como mucho ‘frosting’ y poco bizcocho. Un ejemplo, comúnmente utilizado por la crítica, es el caso de Isabel Allende. Una figura respetada en su primera etapa y despachada como literatura ligera desde que alcanzó la fama.

Esto salpica a los géneros. Aunque tienen sus clásicos consumados, hablar de novela romántica, de terror, policíaca, de literatura de autoayuda o de fantasía es invocarle el diablo al lector erudito. Hay excepciones, sí, pero existe el estigma porque un lector de “buena literatura” se decepcionaría al momento si conoce que su interés romántico en potencia es un fanático lector de Paulo Coelho o suele pasearse por el anaquel de autoayuda. Probablemente nadie tiene razón, y de todos modos eso es hablar en blanco y negro. Vayámos al gris.

El pecado de entretener

“Yo parto de mi gusto pero en un buen libro lo que busco es que el autor me provoque, que me haga pensar, que me confronte, que me mueva el piso en términos de lo que yo creía, que me plantea cosas novedosas y en los que encuentro frases memorables. Hay libros que leo y sé que son puro entretenimiento y al final no recuerdo una sola frase, sé que no volveré a ellos”, comparte la comunicadora Ana Ivelisse Feliciano, una figura muy activa en el mundo del libro en el País.

Entonces, ¿un libro que solo te entretiene es mala literatura?

A su juicio, y desde su experiencia trabajando en diversas ramas de la industria, todo depende del nivel de lectura que haya tenido la persona. “Para apreciar la literatura hay que tener destrezas de lectura”, remata Feliciano.

A eso hay que añadir lo que la historia nos enseña. “La buena literatura la establece el tiempo, los lectores, ni si quiera el crítico. Mucha de la que consideramos buena literatura hoy era literatura de folletín en el siglo XIX”, añade. Gana el que sobreviva al paso del tiempo.

El escritor y creador de la Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, Luis López Nieves, considera que el barómetro para reconocer la gran literatura a lo largo de la historia podría resumirse como una literatura que se caracteriza por ser una obra placentera que nos dice algo importante sobre la vida. No es chata ni prepotente.

“La literatura chata siempre ha existido y existirá. Son textos que repiten las mismas ñoñerías de siempre. Estos libros no trascienden. Los ladrillos también han existido y existirán. Estos son libros de autores pesados y prepotentes. Creen estar escribiendo literatura ‘profunda’, pero realmente producen insoportables sermones. Leer estos libros es y siempre ha sido peligroso: se puede morir de aburrimiento”, dice López Nieves quien desde su portal Ciudadseva.com -en el que se encuentran sobre 4,300 cuentos clásicos- ve cómo el Internet ha ayudado a difundir la buena literatura. “El portal recibe más de 1.3 millones de visitantes al mes. Estos cuentos no son chatos ni ladrillos, sino la crema de la crema. La gente los busca y los lee. Quien diga que la buena literatura ya no se lee, es disparatero o ignorante”.

Estéticas cambiantes

Un aspecto de este debate es el hecho de que hay muchísimas obras que le hablan a generaciones muy posteriores a las de sus autores. A eso se suma el extraño elemento del gusto y la valoración estética.

“La literatura como arte es una cuestión de estética y donde haya estética va a haber subjetividad”, aporta el escritor y editor Jorge David Capiello-Ortiz quien recuerda que son precisamente perspectivas estéticas de la crítica de un momento histórico “lo que construyó el cánon, que surge a base de las empatías de un grupo de críticos”. Por ello, afirma “no creo que exista una visión monolítica de lo que es buena literatura”.

Aún así, comparte la noción de que por ejemplo en casos como la saga “Crepúsculo”, “un lector cultivado en la tradición gótica del vampiro va a pensar que esa serie es another teen movie”.

Otro ejemplo sería el fenómeno actual “Cincuenta sombras de Grey”. “Cualquiera que haya leído una novelita de Bianca se da cuenta de que es una novelita rosa con una sobre dosis de sexualidad. Ahí no hay una frase memorable pero el morbo del lector te lleva al final”, comenta Feliciano quien recuerda a una mujer que una vez se le acercó para que le recomendara un libro de autoayuda. “Me dijo, quiero un libro que me saque de esto, piensa en una mujer que lo tuvo todo y ahora no puede pagar ni su psiquiatra”, cuenta. Entonces, ¿es mala literatura un texto que la salva de la locura? ¿Es un primer paso hacia la forja de un lector que poco a poco se hará más exigente?

A este punto fácilmente podríamos irnos a la deriva. No lo hagamos. No es mentira que hay fórmulas, grandes clichés que hacen de la escritura un ejercicio simple y de la lectura una experiencia predecible. Tampoco es mentira que hay verdaderos prodigios que logran llevar la escritura a niveles estéticos muy altos y a su vez logran transmitir capas y capas de contenido presto a interpretarse por los siglos de los siglos; en fin literatura que siempre nos habla.

En medio de esos opuestos está la mayor parte de la producción literaria, y quizás, de lo que se trata todo esto es de que el libro justo encuentre al lector preciso. O mejor, volvamos a la comida, porque hay quienes solo quieren comer y hay quienes necesitan saborear. ¿Cuántas capas tendrá tu cebolla? Eso queda a tu discreción, lector.

Este artículo publicó en la edición de este domingo de la revista de entretenimiento y artes ¡Ea!

Cargando..
Primer paso:
Conectar con Facebook
Primer paso:
Conectar con Facebook
Primer paso:
Primer paso:
Primer paso: