Se recomienda que se realice la prueba del VIH como un cernimiento rutinario a todas las personas de 13 a 64 años de edad.
Por Belinda Beauchamp, MD
A partir de septiembre del 2006, el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ha recomendado que se realice la prueba del VIH como un cernimiento rutinario a todas las personas de 13-64 años que sean atendidos en un escenario de cuidado de salud. Estos escenarios incluyen las salas de emergencias, las salas de urgencias, los escenarios de cuidado primario e instalaciones de corrección, así como en clínicas especializadas de tratamiento para tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual y abuso de sustancias.
Sin embargo, este no es el primer esfuerzo que se realiza para estructurar el protocolo de pruebas de VIH como parte de la rutina de exámenes de laboratorio practicados a pacientes. Desde el año 2000, el CDC recomendó la realización de pruebas de rutina para la detección del VIH a todas las mujeres embarazadas. Dicha prueba debe realizarse lo más temprano posible en el período de embarazo. En el caso particular de Puerto Rico, donde existe un índice de alta prevalencia para esta condición crónica, se recomienda que la prueba de VIH se repita en el tercer trimestre del embarazo.
El procedimiento para la realización de estas pruebas es, por lo general, muy sencillo. En primer lugar, se le notifica al paciente que visita cualesquiera de estas instalaciones clínicas que se le tomará una muestra de sangre para detectar el VIH. Ofrecer la información y obtener un consentimiento verbal del paciente al momento de realizar la muestra es suficiente, por lo que un documento escrito en el que conste que el paciente aprueba la toma de muestras no es necesario. Sin embargo, todo paciente tiene el derecho a rehusarse a realizarse la prueba. En ese caso, el paciente firmará un estatuto voluntario (“opt-out”) en el que especifica que no autoriza la toma de muestras para la prueba. El profesional clínico encargado, en este caso, debe documentar en el expediente la decisión del paciente y la acción tomada, y es importante que el profesional de salud encargado le ofrezca la oportunidad de hacer preguntas sobre la prueba, orientarle sobre los beneficios de esta y ofrecerle material informativo.
En el caso de pacientes de alto riesgo, las pruebas de detección del VIH deben realizarse una vez al año. Los pacientes de alto riesgo incluyen: usuarios de drogas inyectables y sus parejas; personas que intercambian sexo por dinero o drogas; parejas de personas infectadas con el virus, hombres homosexuales y personas heterosexuales (o sus parejas) que tienen o han tenido más de una pareja desde la última vez que se realizó la prueba. Igualmente, es recomendable que, al iniciar una nueva relación de pareja, toda persona se realice la prueba.
Saber, comprender e implantar este proceso rutinario de detección para el VIH debe ser la norma ideal en todas las instancias donde se ofrezcan servicios de cuidado de salud. Este protocolo es necesario por muchas razones: permite a las autoridades que protegen la salud pública identificar personas no diagnosticadas previamente, remueve el estigma asociado con el proceso de muestreo y ofrece acceso a servicios clínicos y de prevención de forma temprana a aquellas personas que resultan positivas al virus.
La intención, a fin de cuentas, es reducir la propagación del VIH.
La autora es catedrática de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas (UPR) y directora de la Clínica Centro de Educación y Adiestramiento sobre el Sida.