Salió a pescar en Mayagüez y acabó en Colombia. Mira el vídeo
Por Ricardo Cortés Chico/rcortes@elnuevodia.com
Mayagüez – Las ráfagas de viento aumentaron en intensidad. La corriente del norte se fortaleció. 25 años pescando le habían enseñado a José Luis Méndez, un mayagüezano de 40 años, que esas no eran buenas señales.
Decidió emprender el regreso al sector El Seco en Mayagüez, de donde había partido el 15 de enero a pescar chillos y carruchos. Temía que su lancha de 22 pies se quebrara ante el fuerte oleaje, lo cual en ese momento le parecía lo peor que podía pasarle.
No imaginaba que el destino le tenía reservados los 20 días más duros de su vida.
El motor de su lancha se detuvo. En altamar. Lejos de todos. Méndez era un náufrago y lo sabía. “Me fui por ahí pa’ abajo con la corriente y el viento del mar”, relató ayer, desde Colombia.
Méndez pasó 20 días en altamar, sobrevivió de una manera que ni aún él mismo se lo explica. Vive para contarlo y ayer lo relató desde San Andrés, Colombia, a donde fue a parar.
“Esto es un milagro del Señor”, dice.
La primera noche de naufragio vio a lo lejos una embarcación. Tiró luces de bengala, pero el barco, “no sé si se percató o no se percató. La cuestión es que cada vez se alejaba más”.
Entendió la gravedad de su situación y se encomendó a Dios.
Pensaba en su familia y en las ansias que sentía de estar con ellos en ese momento, dijo. El hombre tenía solo un galón de agua, una botella de refresco y un servicio de pollo asado con papas. Sabía que debía guardarlo hasta que tuviera mucha hambre. Eso ocurrió el día siguiente a su naufragio.
El galón de agua lo rindió lo más que pudo, pero no duró mucho. Al cuarto día no le quedaba una gota. Esa noche, Méndez, quien dejó la escuela en noveno grado para dedicarse a pescar, decidió prender la luz de la embarcación, lo cual atrajo unos animalitos que a su vez le sirvieron de carnada para pescar un dorado de 9 libras del cual se alimentó por dos días.
“Lo puse bien fileteado. Lo piqué en tiritas bien finitas y entonces lo puse en el galón de Pepsi y cuando tomaba sacaba el pescado con la cuchilla. Con eso estuve comiendo dos días. Fue algo increíble”, relató Méndez.
No volvió a comer en 12 días.
Ya para entonces, las autoridades buscaban al pescador. Su esposa, Madeline Acosta, puso una pequeña figura de la Virgen del Carmen justo al lado de la rampa de embarcaciones de El Seco. Todos los días “iba al mar a pedir por él”, explicó ayer la mujer.
Méndez, entretanto, reunía un poquito de agua con los “chubascos” que esporádicamente caían sobre la embarcación. “La misma corriente traía esas “nubes ‘cargás’”, recordó. Tan pronto lloviznaba destapaba la nevera de pesca y atrapaba el líquido. Luego, lo dividía para tomarlo dos veces al día.
“A veces pasaba uno o dos días y no caía lluvia y tenía que estar mojándome la boca con agua salada”, dijo con voz entrecortada.
En ocasiones tuvo que luchar mucho para mantener su nave a flote, ya que el oleaje constantemente golpeaba la embarcación llenándola de agua. Él la sacaba lo mejor que podía. Una sudadera y un techo en la nave lo protegieron del sol. De lo contrario, “me hubieran encontrado muerto dentro de la lancha”.
Arrastrado por los vientos y las corrientes, el pescador, en la noche del viernes 3 de febrero, llegó hasta la costa de la isla colombiana de San Andrés, pero no sin dificultades adicionales.
Al entrar a la isla, su barco chocó con un arrecife de coral. Estaba como a unos 15 metros de orilla, contó. El impacto destrozó la lancha, que comenzó a hundirse rápidamente. Méndez aún no entendía bien que estaba cerca de tierra, pero veía “unos puntitos azules y con eso estaba contento”, dijo.
Sus última fuerzas las usó para brincar fuera de la lancha una vez llegó a tierra. Se puso de rodillas. Estaba mareado. Se desmayó. Unos guardias lo ayudaron.
Fue llevado al Hospital Amor de Patria. No tenía casi pulso. “Otro día más y tal vez me hubieran encontrado muerto”, dijo el hombre que rebajó 21 libras durante la travesía y, aunque salió recortadito de Mayagüez, al llegar a Colombia estaba “to’ barbú y pelú”.
Ayer, las autoridades locales y colombianas realizaban gestiones para regresarlo a Puerto Rico.
Méndez está deseoso de que eso ocurra para abrazar a su familia y para seguir pescando.
“Yo vivo de esto. Porque haya pasado esto no voy a abandonar lo que quiero y amo”, contó con seguridad.