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Estilos de vida

Mi bienestar
31 de enero de 2012
 

Renace en la crisis

Herramientas para organizarte cuando el peso no estira lo suficiente

 

/ tperez@elnuevodia.com

Por Tatiana Pérez Rivera

Solo lo pensó tres segundos. “Es como jugar Tetris todo el tiempo, tienes que decidir en qué vas a gastar el dinero que tienes ese día”, así resumió Amanda Sánchez Gómez los malabares diarios para enfrentar la crisis económica familiar que provocó la cesantía de su esposo, luego de 26 años de trabajo.

El sueldo mayor del hogar, que componen el matrimonio y un pequeño hijo, se esfumó, así que la única entrada sería el limitado sueldo de ella. La crisis económica que vive el país secuestra el monedero de Amanda a diario.

“Ese primer mes que mi esposo no cobró, lo primero que te preguntas es cómo vamos a vivir ahora, cómo pagamos la casa. Sientes que te quitan el piso y todo lo que habías construido con tanto sacrificio se te desmorona instantáneamente. Entonces no te queda otra que mirar al cielo y pedir fuerzas. Visualicé que lo único que quedaba para salvar mi hogar era sostener las columnas y eso significaba fortalecerme y unirnos”, recuerda la especialista en computadoras.

Ivette Zayas pasó “el Niágara en bicicleta”, cuando el negocio familiar tuvo que cerrar y se quedaron con un significativo inventario de mercancía.

“Ahí pusimos todos nuestros ahorros y desaparecieron. Para saldar algo, nos quedamos sin reservas. Yo trabajo por mi cuenta y la cosa cada vez estaba más difícil para conseguir clientes nuevos, así que la presión era fuerte. Me convertí en la fuente principal de ingresos con tres nenes. Recuerdo que me latía la cabeza todo el tiempo, no dormía porque me la pasaba llorando y explotaba por cualquier cosa”, señala Zayas.

Dos experiencias replican las de un país que busca sobrevivir estirando el peso. Abrirse a otros, revisar prioridades y valores, así como ajustar presupuesto, han resultado vitales para pasar las vacas flacas.

“A los hombres se les hace más difícil manejar las crisis económicas por su pobre manejo de emociones”, opina la sicóloga clínica Elena Victoria Rivera Villamil, basándose en las evaluaciones en su consultorio.

“Ellos son más racionales y, si se ponen ansiosos y se preocupan, eso tiende a subir los niveles de ansiedad, lo que provoca pensamientos irracionales y catastróficos en los que la persona se tiende a hundir”, añade la especialista.

Insiste en que variar la percepción de derrota por “entender que es una prueba de esperanza y fe” es fundamental para encaminarse a la recuperación.

La mujer, según ha atestiguado, se ajusta mejor a ese tipo de cambio drástico y tiende a “rescatar” al cónyuge, aunque muy bien los papeles pueden invertirse.

“Todos en la familia tienen que entender que enfrentan una prueba de paciencia y que se cierra una puerta pero se abre otra”, propone la especialista en conducta humana.

Cero aislamiento

Hay aislamientos saludables y hay aislamientos nocivos. En el caso de Ivette Zayas, esta reconoce que en principio no quería saber de nadie ni que nadie supiera por lo que pasaba.

“Así que nadie me ayudaba y me sentía más sola. Suerte que mis amistades y mi hermana me hicieron entrar en razón y tan pronto empecé a contar lo que me pasaba me sentía mejor. No habría chavos, pero sentía que compartía la carga”, indica Zayas.

La sicóloga Rivera Villamil recalca que es apropiado “buscar una red de apoyo”. “En las crisis hay que buscar las herramientas que no tenemos. El otro tiene que ser el recurso que traiga fe y esperanza, que restablezca a la persona emocionalmente. Es el momento de trabajar con el temor que paraliza”, afirma.

El miedo paraliza y además propicia pensamientos irracionales que, para doblegarlos, “hay que enfrentarlos”, muchas veces con la ayuda de un sicoanalista.

“Si no la atacas, esa nube negra te cubre más. El aislamiento no elimina esos pensamientos que no son nada proactivos y que te llevan a la desesperanza. Es peligroso que la persona se aísle, tiene que buscar ayuda”, exhorta.

Amanda Sánchez reconoce que su esposo le dio una demostración de fe. “Primero estuvo como un mes mudo; lo único que dijo fue ‘Dios nos va a ayudar’ y yo sin dormir preparando planes de contingencia. Después entendí lo que me decía y empecé a preocuparme por el día a día y apreciar las bendiciones que recibíamos”, dice la mujer que apenas llevaba tres años de casada cuando experimentaron las secuelas del desempleo.

Reconoce que se aislaron, que como siempre ha sido una persona positiva sentía que “no tenía nada bonito que contar” y que para sus amigos fue difícil entender “nuestro encierro”.

“Nos agarramos de Dios y pensaba en la simpleza de los pajaritos que siempre encuentran algo de comer. Y de dónde menos imaginamos fueron apareciendo oportunidades. Salimos del encierro cuando estábamos más fuertes. Ya hemos sobrevivido casi un año así y nos adaptamos a nuestra nueva realidad que vamos cambiando día a día. Hoy somos más fuertes”, dice triunfante Sánchez y explica que su esposo halló un trabajo a tiempo parcial.

Trapos insistentes

Ni los sucios ni los viejos tienen deseos de esperar, así que los trapos quieren salir en momentos en que todos en la casa están vulnerables. Los ajustes presupuestarios traen evaluar en qué se gasta cada centavo y a algunos esto puede resultarles incómodo y hasta ofensivo.

“Cada cual tiene sus mecanismos de defensa”, subraya la sicóloga, “y es momento de sobrepasarlos. La clave es pensar que están trabajando por la unidad. Si una persona tiene ese talento para los números es lógico que tome las riendas, pero varias cabezas piensan más que una, así que las ideas de todos deben ser apreciadas”.

Si el caso es que algún integrante de la familia siente que lo “echaron a un lado”, hay que tener presente que eso no viene en un día, es algo acumulado”.

Los hijos no deben mantenerse ajenos a lo que sucede, no importa su edad, y deben conocer lo que sucede de acuerdo con su capacidad para manejar la información.

“Deben tener claro que crisis como estas son parte de la vida”, propone Rivera Villamil, “no es momento de ahogarse en un vaso de agua. Hay que rezar o buscar historias de héroes en el País y en el mundo para aprender cómo sobrevivieron sus crisis. Hay reto en la dificultad. El reto del ser humano es buscar la respuesta en la unidad. Si nos hemos creído omnipotentes, la vida nos confronta y no podemos hundirnos”.

La experta en conducta humana invita a “cruzar el umbral de la esperanza”. “Si los niños, que son el epítome de ella, no pueden ver la esperanza, qué nos queda”, cuestiona Rivera Villamil para finalizar.

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